Dictador Lukashenko, aliado del castrismo, dice que lo eligieron y no dejará el poder
Alexandr Lukashenko, considerado el “último dictador de Europa” y que gobierna desde 1994, dejó de nuevo claro que no cederá el poder porque según él no es para lo que ha sido elegido
Dictador Lukashenko, aliado del castrismo, con fusil en la mano
 

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El presidente de Bielorrusia Alexandr Lukashenko, considerado el “último dictador de Europa” y que gobierna desde 1994, dejó de nuevo claro que no cederá el poder porque según él no es para lo que ha sido elegido.

“Déjenme decirles como un hombre para que quede bien claro. Mis críticos a menudo dicen: él [Lukashenko] no quiere dejar el poder. Y me lo echan en cara. Esto no es para lo que la gente me eligió”, señaló el líder del régimen bielorruso al presentar al nuevo fiscal general, Andréi Shved, según la agencia oficial BelTA.

“El poder no se nos da para cogerlo, tirarlo y entregarlo”, zanjó Lukashenko tras un mes de intensas protestas de la oposición y la ciudadanía en las calles bielorrusas exigiendo su dimisión.

El líder autoritario ya afirmó esta semana en una entrevista a medios rusos que “solo él” podía ahora mismo defender Bielorrusia de una hipotética “amenaza” occidental.

“Lo haré con ustedes o sin ustedes. Eso lo deciden ustedes, pero no me doblegarán. Si queréis poneros a mi lado y salvar el país, hacedlo, si no queréis no traicionéis”, les instó a los fiscales presentes en la presentación de Shved.

Lukashenko admitió que “tarde o temprano otros se harán con el poder, pero tendrá que ser por la ley y no por la presión en las calles”, insistió quien lleva 26 años en el poder.

El presidente de Bielorrusia, que ganó las elecciones presidenciales del pasado 9 de agosto con un 80,1 % de los votos según la Comisión Electoral Central, resultado que es considerado fraudulento por la oposición y buena parte de la comunidad internacional, sugirió además la necesidad de una mayor dureza de la fiscalía ante las protestas en las calles.

En una entrevista reciente con varios medios rusos, el dictador admitió que se quedó “mucho tiempo” con el gobierno de su nación, pero no piensa cederlo.

Las fuerzas de seguridad del régimen de Lukashenko han reprimido duramente las manifestaciones pacíficas de las últimas semanas con miles de detenciones, a menudo con el empleo de la violencia, y entre denuncias de malos tratos e incluso tortura.

Además, la mayoría de los líderes de la oposición está en el exilio o detenido.

“Quizás me equivoque, pero personalmente no veo una actividad de la fiscalía que se corresponda con el periodo actual. La actividad debe apuntar (...) a conservar el país, la independencia y la seguridad”, sostuvo el mandatario.

Lukashenko cree que el país volverá “ya este año al periodo de seguridad que tenía hasta hace muy poco y que es característico de nuestro país”.

En un comunicado este miércoles, Svetlana Aleksiévich, premio Nobel de Literatura, denunció que “ya no queda ninguno de mis amigos y correligionarios del órgano directivo del Consejo de coordinación [opositor]. Todos están en la cárcel o han sido expulsados al extranjero. Hoy se llevaron al último, Maksim Znak”.

“Primero nos secuestraron el país y ahora están secuestrando a los mejores de entre nosotros. Pero otros cientos de personas vendrán a ocupar los lugares que dejan vacíos en nuestras filas los que han sido arrancados de ellas. No es el Consejo de coordinación el que se ha rebelado. Aquí se ha rebelado un país entero. Voy a repetir lo que digo siempre. Nosotros no preparamos un golpe de Estado. Queríamos evitar que nuestro país se partiera en dos. Queríamos que la sociedad iniciara un diálogo. Lukashenko afirma que no hablará con la calle, pero la calle son los cientos de miles de personas que salen a manifestarse cada domingo y cada día”.

El régimen bielorruso mantiene estrechas relaciones con la dictadura castrista. A propósito de las protestas prodemocracia en aquel país, Miguel Díaz-Canel respaldó en las redes sociales a Lukashenko, discípulo de Fidel Castro –así lo ha reconocido–, que gobierna desde 1994 y piensa continuar, aunque tenga que acallar las protestas populares a sangre y fuego con sus fuerzas represivas o la intervención militar del zar Putin.

 

(Con información de EFE)