La ONU y los gobiernos que traicionan nuestro sueño de ver a una Cuba próspera
La organizaciones internacionales, y entidades gubernamentales que ayudan financieramente una dictadura como Cuba, aunque enarbolen banderas de apoyo a la democracia en la isla, están siendo cómplices del castrismo y, por tanto, de las muertes, la opresión y falta de derechos humanos
Raúl Castro con representantes de la Unión Europea, y Canel hablando en la ONU. Fotomontaje: ADN Cuba
 

Reproduce este artículo

La “Posición Común” (1996) y la “Guerra de cóctel” (2003) fueron medidas tomadas por la Unión Europea (UE) en su relación con Cuba precisamente por las violaciones de los derechos humanos y la antidemocracia por parte de la tiranía castrista.

De hecho, con el único país en Latinoamérica que la UE no había tenido ningún tipo de pacto había sido Cuba. Es esta posición frontal, como afirmó el expresidente español Aznar cuando propuso en la UE la “Posición común”, la que no permitía hacer “nada para fortalecer a Castro”. Sencillo.

Desgraciadamente hoy la pelota está en el otro bando y la Unión Europea no solo levantó las sanciones económicas hacia la isla desde el 2008, al comprometer 200 millones de euros, sino que ha continuado cooperando con subvenciones para “el desarrollo” de Cuba y derogó las medidas contra el régimen cubano (las “Guerras del cóctel” en 2005, y la “Posición común”, en 2016).

La excusa para enterrar la “Posición común” fue la supuesta flexibilización del escenario cubano por Raúl Castro al promover cambios que conducirían lentamente al camino de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Además, por los futuros prometedores que auguraba el tan desastroso deshielo entre Estados Unidos y Cuba, bajo la administración de Obama.

Por lo tanto, la UE relajó su postura y literalmente hoy se hace la ciega, sorda y muda bajo el Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación, vigente entre la isla y el bloque desde el 12 de diciembre del 2016.

Según informaciones públicas en 2018 donaron 200 millones de euros; en 2019, 61,5 millones de euros y en 2020 1,5 millones de euros. Todo ello para fomentar el desarrollo en la isla, “reforzar la cooperación en seguridad alimentaria, adaptación al cambio climático, energía renovable, cultura e intercambio de experiencias”, “así como para acompañar la modernización del país".  Además, 100 mil euros, con fondos de la UE y de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, “para la adquisición de medios de protección y desinfección” por el tema de la Covid-19.

Todo se lee muy bonito en el papel, pero las realidades son otras: primero, la entonces jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, afirmó que “Cuba es un socio clave para nosotros porque puede servir como puente entre América Latina y los países del Caribe”. Hay un interés marcado en la relación con la dictadura. El mismo interés que han tenido los rusos, desde el comunismo hasta Putin, durante el último siglo. ¡Ojo! 

Segundo, la tiranía es un caimán con la boca abierta y se sigue fortaleciendo pues estas “ayudas” solo potencian el poderío del mayoral.

Tanto a la UE, la ONU, el Club de París, como los gobiernos –dígase España con su gobierno de socialistas y más radicales, Francia, Canadá, Dinamarca, Italia, Japón…– les da igual si de esas relaciones se excluye a la sociedad civil cubana, o si la oposición alza la voz contra estos apoyos. Les da igual que se violen los derechos humanos y las libertades.

Otro asunto son los regímenes aliados que comparten similar sistema político o autoritarismos derivados, como la antigua URSS (hoy Rusia), China y Venezuela que también han depositado cuantiosas sumas de dinero y han apoyado “en especie”.

Entidades de la ONU también colaboran con la el castrismo al no actuar contra la falta de derechos humanos esenciales en la isla. Pero su posición queda al descubierto cuando aceptan que los representantes de países miembros de la entidad ofendan a los interlocutores ciudadanos del mundo, y que los mal nombrados “diplomáticos” de países con gobiernos represores y asesinos ocupen una silla en el Consejo de Derechos Humanos (CDH).

¿Cómo el cubano común no puede ser atendido en el Palacio Wilson (sede actual de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) y, sin embargo, el régimen tiene un asiento en el CDH?

O estoy fuera de época o el mundo está al revés. ¡Es inconcebible! ¡Hasta dónde llega esta organización! En efecto, llega bien lejos si, por ejemplo, tomamos en cuenta que en 2014 donó 151 millones de dólares a Cuba con el fin declarado de desarrollar proyectos que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos cubanos. ¿Y cuáles son las entidades, organizaciones que administrarían esas cifras? Las que pertenecen a la tiranía, claro está: el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), fundado y dirigido por Mariela Castro; la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), creada por la fallecida Vilma Espín (esposa del general Raúl) y bajo dominio del castrismo; el oficialista Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (Inder).

También se favorecieron oficialmente la corporación de capital estatal Biocubafarma, presidida en ese entonces por un sobrino de Fidel y Raúl Castro Ruz, así como el Ministerio de Salud Pública que mantienen exclusivos centros de salud como la Clínica 43 y la Clínica del Consejo de Estado, que se benefician de cuanto equipamiento e infraestructura de última generación existe.

Estas cifras, así como las deudas con los países de la UE y otros, confirman que al régimen castrista le entra dinero, como se dice, “por tubería”. Pero se desconoce hacia dónde va a parar, como engullido por un hoyo negro, porque invertidos en Cuba y para el pueblo, no parece. Solo hay que ver el panorama.

Sabemos que han sido miles de millones durante décadas, y suponemos que se los gastan entre ellos, para reprimir dentro de la isla, imponer su injerencia en otras naciones como en todo el Cono Sur, Centroamérica, muy probablemente parte del Caribe y hasta el propio Estados Unidos; infiltrar naciones europeas y dominar regiones africanas. Los brazos muy largos son y mucho se esconde.

Para muestra, los datos de algunas deudas que ha contraído el gobierno cubano y que no piensa pagar jamás:

Entre 2011 y 2014 Rusia, México, China y Japón condonaron 40.000 millones de deuda a Cuba. En el 2015, Cuba debía un total de 11.000 millones de dólares al Club de París que perdona la suma de 8.500 millones de dólares del total. Para el 2016 la deuda de Cuba con España era brutal: 2.074,34 millones de euros.

¿Por qué siguen los gobiernos e instituciones internacionales que defienden la democracia apoyando una tiranía? Beneficios económicos puede ser una causa, el chantaje puede ser otra. Lo cierto es que la llave no se cierra y el castrismo siguen teniendo una válvula de escape que únicamente enriquece su mandato.

Posturas como las de Trump, el partido Vox, la que tuvo Aznar como presidente, son las que verdaderamente ayudan, junto a la presión de la oposición y principalmente de todos nosotros los cubanos como sociedad civil que deseamos la libertad para Cuba. Así es como se puede cerrar el cerco a una dictadura de 61 años.

Ustedes, organizaciones internacionales, entidades gubernamentales del mundo que apoyan financieramente una dictadura como Cuba, aunque enarbolen banderas de apoyo a la democracia en la isla, están siendo cómplices del castrismo y, por tanto, de las muertes, la opresión y falta de derechos humanos que la tiranía ha provocado contra los ciudadanos. Dejen de apoyar lo mal hecho, así solo auspician el castigo, el hambre y la desolación del pueblo cubano.

Escrito por Manuel Milanés

Manuel Milanés. Licenciado en Economía de la Universidad de la Habana. Empresario, Economista y Anticomunista.