Hacer de tripas corazón
Roberto San Martín ve en el anuncio del "logro" de las tripas otra gran falta de respeto al pueblo cubano. A diferencia de antes, dice, el régimen ya no camufla nada. No le teme a los cubanos, por lo que suelta y hace cualquier barbaridad que se le ocurra
Ministro cubano de la Industria Alimentaria y tripas. Fotomontaje: ADN Cuba
 

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“...hay que hacer de tripas corazón, dejarle la carne a la revolución...” (Canción de la gallina decrépita)

Primero fue “la limonada es la base de todo”, una frase carente de sentido ya no solo nutricional, sino también semántico. La limonada no es una base para nada. Nada se construye o se crea a partir de la mezcla de agua, azúcar y limón. Cuando más, es el final de una buena comida o el principio de una bonita amistad, pero no más que eso. 

Luego vino la idea de sembrar una calabaza por CDR como solución al desabastecimiento, después una piña y más tarde una mata de plátano. Pero antes había sido el picadillo de soya, el dulce de nabo, el vino de remolacha, el picadillo de palma real, el bistec de toronja, la masa cárnica, la espirulina y la moringa, el huevo frito sin aceite, el perro sin tripa, la pizza de preservativos y el pan con bistec de frazada. Y mucho antes, las vacas enanas, el cordón de La Habana y la zafra de los diez millones.
 
Conociendo la trayectoria de fórmulas milagrosas del régimen que “dirige” la isla de Cuba no sé por qué nos extraña que la más reciente de las soluciones para saciar el hambre perenne del pueblo cubano sean las croquetas de gallina decrépita y los miles de kilómetros de tripas de cerdo que se sacó de la manga el ministro de alimentación, Manuel Santiago Sobrino, en un acto que más que de prestidigitación, fue un acto de desprestigio. 

Y es que no nos respetan. No nos temen, ya ni siquiera se preocupan por tratar de engañarnos, por maquillar la burla ante nuestros ojos.

Cuando la zafra de los diez millones, se llevó a cabo toda una campaña nacional para convencer al pueblo que era posible, difícil sí, pero posible. Se invirtió tiempo y dinero en que la mentira fuera creíble, en que los participantes se sintieran héroes, necesarios, imprescindibles para lograr aquella gesta que parecía imposible, que era imposible, que no fue posible. 

Hubo tristeza, lloros y mea culpas cuando lo vaticinado se hizo presente. Los diez millones no van, no irían, no fueron nunca. De aquella locura solo quedaron como saldo positivo “Los Van Van”, que, si bien nunca cobraron diez millones, sustituyeron bastante bien el “azúcar” que se perdió con Celia Cruz. Pero a medida que ha ido pasando el tiempo y las soluciones se han hecho más desesperadas, la puesta en escena también se ha vuelto chapucera. Se ha perdido el histrionismo, la épica, el heroísmo. 

Se ha pasado del “Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano por encima del de Estados Unidos y el de Rusia”, de Fidel, al "Hay que borrarse de la mente eso de los siete años, llevamos 50 años diciendo que hasta los siete años. Hay que producir leche para que se la tome todo el que quiera tomarse un vaso de leche y hay tierra para producirlo", de Raúl, al “se ha logrado recuperar, por ejemplo, dos millones de metros de tripas de res y del cerdo”, lo que equivale a 2 000 kilómetros de intestinos para alimentar al pueblo. Y el cubano no reacciona.

Nadie se pregunta dónde está la carne que envuelve a esas tripas. A nadie le interesa saber que para que se recuperen dos millones de tripas de cerdo y res deben haber muerto un número bastante alto de dichos animalitos y que esos animalitos tienen por costumbre envolver sus tripas con una cantidad de músculos, tendones y huesos que suelen ser más nutritivos y sabrosos al paladar que los intestinos, que básicamente lo único que contienen es mierda.

¿Dónde está esa carne? ¿Quién se la comió? ¿Qué será lo próximo?

¿Convencernos de que nuestro cuerpo está formado en un 80 por ciento de agua y que es esta la base de todo y no la limonada? ¿Veremos recetas de cómo hacer hielo sin luz? Si seguimos por este camino, dentro de poco los caracoles africanos serán vendidos en MLC y habrá desabastecimiento de grillos por culpa del bloqueo. 

Si el cubano sigue haciendo “de tripas corazón”, nos veo dentro de 60 años aplaudiendo el sobrecumplimiento del plan de producción de alas de cucarachas, mientras le gritamos a nuestro hijo que si no se acaba de beber el vaso de leche de rata no le damos el postre, seguramente dulce de hojas de laurel, sin azúcar, sin laurel y sin esperanza.

Gusanito Pérez o el artista antes conocido como Roberto San Martín

Escrito por Roberto San Martín

Roberto San Martín (La Habana, Cuba, 1976) es un exitoso actor cubano, ha conquistado el cine, la televisión y las redes sociales. Nació en el seno de una familia de artistas: su madre es la actriz Susana Pérez y su padre el escritor y director de cine y televisión Roberto A. San Martín. A través de las redes ha ganado un importante espacio como comunicador y activista político, con programa y voz propia, para luchar por la libertad y la democratización de la tierra que le vio nacer (Cuba).