El berenjenal del fundamentalismo religioso en Cuba
Díaz Torres, a partir de la polémica desatada por la rapera Danay Suárez al equiparar la pedofilia con la identidad de género, reflexiona en torno a la utilidad o no de debatir con fundamentalistas religiosos
Culto evangélico en Cuba. Foto: EFE

Para enredarse en un debate con un fundamentalista religioso hay que estar dispuesto a meterse en un berenjenal, como decimos en Cuba. Por supuesto, lo más fácil es burlarnos (créanme, dicen cosas hilarantes).

Esta estrategia es la más sana para la salud, y la recomiendo a mis amistades y familiares, sinceramente. De otro modo, todos estaríamos como locos ahora mismo.

Y es que una considerable parte de estos fundamentalistas (me refiero a las voces más públicas) son personas capaces de insertar en sus discursos los mismos argumentos y conceptos de sus oponentes, y con gran maestría, con algún giro sintáctico en la oratoria, arribar a conclusiones justamente opuestas.

Son como esos lectores de abstracts, titulares, solapas de libros… que desarrollan una capacidad envidiable para sostener una conversación sobre cualquier tema, citando autores, refiriendo eventos, y hasta haciendo chistes intertextuales. Ello, por supuesto, le otorga un barniz de credibilidad a tales manipulaciones.

Una relación de ese tipo tuve hace algún tiempo con el activista cristiano y opositor político Sandy Cancino, cuando entre 2018 y 2019 desarrolló su campaña contra el matrimonio igualitario en Cuba, y a favor de lo que él llamaba el “diseño original” de la familia.

Yo me burlaba de él en breves comentarios, mientras el hombre se afanaba en citar a la vez la Biblia y la Constitución Cubana.

Sin embargo, la discusión sobre la “moralidad” es eterna. Ninguna sociedad está exenta de ello, por suerte. Lo mismo pasa con la religiosidad, la legalidad, etc.

Todo puede ser llevado a debate, desde la existencia de Dios hasta si la pedofilia puede ser aceptada socialmente.

Fíjense que hasta en la mismísima culta Europa, en 2006, Holanda legalizó un partido que defiende la pederastia. Se llamaba Partido de la Caridad, la Libertad y la Diversidad (NVD), y sus objetivos eran rebajar la edad de consentimiento sexual de los 16 a los 12 años, legalizar la posesión de pornografía infantil y la zoofilia.

¿Esto no viene como anillo al dedo para desacreditar la lucha por la Diversidad Sexual? La palabrita “diversidad” está ahí, ¿no?, Qué importa que el término implique contenidos diferentes, lo importante es que sirve para los fines de aquellas iglesias y gobiernos más conservadores. A la vez que luchan contra los pedófilos, aprovechan y desacreditan las luchas por los derechos LGBTIQ.

En los Países Bajos hay una considerable historia del activismo en materia de pedofilia, eso es cierto. Pero para mí lo más importante es que más considerable aún resulta la práctica del debate público, las luchas políticas, la libertad de expresión.

Es por eso que cuatro años después, en 2010, NVD decidió autodisolverse al no recoger las firmas necesarias para poder presentarse en las elecciones.

Ello, sin embargo, no significa que no debamos preocuparnos y ocuparnos del auge fundamentalista en Cuba. Más bien, todo lo contrario. La isla carece de instituciones públicas accesibles para los activistas, procedimientos gubernamentales transparentes, posibilidades reales de incidencia.

Peor aún: existen legislaciones como el DL-370, que castigan a quienes desde dentro se atreven a cuestionar las políticas gubernamentales.

Es por eso que no sorprende la respuesta de buena parte del activismo LGBT a un texto que equipara la pedofilia con la homosexualidad o el feminismo, promovido por la rapera cubana Danay Suárez.

El polémico post “A mi generación” (que no se les escape la grandilocuencia…) ni siquiera fue escrito originalmente por la artista cubana, sino por alguien llamada Dayis Arizmendi, el pasado 5 de junio.

Pero las respuestas a Danay no se hicieron esperar en Cuba, como corresponde. Artículos en la prensa independiente, memes, burlas, y también algunos posts y comentarios muy lúcidos, que logran mirar el problema de manera más integral.

Por supuesto que el conflicto va más allá de la cantante cristiana; pero ella es parte del problema también, como persona adulta y pública, cuya voz encuentra resonancia en los medios, en sus seguidores, en las iglesias que la amparan. Su derecho a expresarse libremente no debe ser cuestionado, pero debe soportar las consecuencias de sus posturas.
 
A fin de cuentas, no van a ser tan graves como las que sufrimos quienes integramos esas comunidades discriminadas que ella y su ideología desprecia. Quienes no hemos alcanzado nuestros plenos derechos, y quienes han logrado algunos (como el derecho al aborto), tenemos que reaccionar a todos los niveles.

Y resulta que la conversación nacional, dada la carencia de espacios institucionales para ella, se da hoy en las redes sociales también, así como en otras plataformas digitales. Es por ello que tan válido resulta adentrarnos en los vericuetos del poder y desentrañar las alianzas entre la Iglesia y el Estado, como denunciar en un tuit el conservadurismo y homofobia de Danay Suárez.

Por supuesto, varios han colocado el dedo en la llaga:

“¿Por qué los mal llamados medios públicos cubanos, hasta hoy no han dedicado programas serios y bien concebidos para hablar sobre la legalización de las uniones homoafectivas?”. ALEXEI PADILLA

“El problema es que no tengamos matrimonio igualitario o leyes que defienden los derechos de los trabajadores trans (los pongo primero) y en general contra los sujetos LGBTQ”. MABEL CUESTA

“¿Acaso no sabemos que los grupos evangélicos son el movimiento organizado con más membresía del país, sumando cerca de 1,3 millones de fieles, de voluntades, también de derechos, casi el doble de miembros que lo que tienen el PCC y la UJC de conjunto? ¿Acaso no sabemos que es justamente la Iglesia, y sus múltiples denominaciones, quien más presencia tiene en los barrios pobres de Cuba, que son casi todos?”. ENRIQUE GUZMÁN KARELL

De manera que esta conversación gana en sustancia con el aporte de mucha gente. Y va desde el más superficial meme, incorrecto políticamente muchas veces, hasta la más aguda reflexión.

No todos pueden meterse en el berenjenal. Están quienes podan las flores más externas, y también quienes atacan las raíces más duras. Todos somos necesarios.

Escrito por Isbel Díaz Torres

Isbel Díaz Torres (Pinar del Río, Cuba - 1976). Graduado de Biología en la Universidad de La Habana. Escritor y poeta. Analista, activista social y defensor de Derechos Humanos en áreas como Medioambiente y comunidad LGBTIQ. Fundador de organizaciones y colectivos autónomos en Cuba como Guardabosques, Proyecto Arcoíris, Observatorio Crítico, y Taller Libertario Alfredo López. Coordinador del Centro Social ABRA.