Los Palos: Otro pueblo olvidado en Cuba

A tres kilómetros al interior de Nueva Paz, en la provincia de Mayabeque, se encuentra Los Palos, uno de los tantos pueblos olvidados de Cuba
 

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A tres kilómetros al interior de Nueva Paz, en la provincia de Mayabeque, se encuentra Los Palos, uno de los tantos pueblos olvidados de Cuba.

Para Triunfo Valencia, anciano que conoce bien la historia de su pueblo, "Los Palos no se parece a ningún otro lugar en Provincia Habana", dice resistiéndose a aceptar la nueva división política-administrativa que dividió el territorio en las provincias Mayabeque y Artemisa.

"Este siempre fue un lugar dedicado a la caña de azúcar. Nació por la necesidad del ferrocarril", comenta Triunfo, mientras atravesamos la calle Céspedes, conocida como la Real, principal y única avenida del pueblo. 

La mayoría de los 6500 habitantes de Los Palos no tienen nada productivo en que emplear el tiempo, algunos juegan ajedrez y toman alcohol barato, y otros deambulan dentro de las casas buscando en qué ocuparse.

"Cuando los mambises, esto se conocía como Príncipe Alfonso, pero solo para asuntos oficiales", dice Triunfo, y ante la pregunta de por qué el nombre que tiene hoy el pueblo, responde que "en esta zona estuvo hace siglos el Hato Laguna de Palos. En esa época esto estaba lleno de arboles maderables". 

"Antes de la revolución esto era un lugar muy próspero. Los Palos se enorgullecía de su Centro Histórico, uno de los más importantes del territorio. Este desarrollo tuvo que ver mucho con la Primera Guerra Mundial, pues por aquellos años el azúcar alcanzó precios altísimos, y además aquí se abrieron tres sucursales de banco".

Triunfo Valencia vive solo, cerca del estadio de béisbol, el cual es hoy un potrero, y aunque algunas fuentes manejan otras fechas, el hombre está seguro de que fue allí donde se efectuó el primer partido de fútbol en Cuba, en 1908, auspiciado por el recién creado Club Palense.

Durante la segunda intervención estadounidense se instaló en el poblado el primer círculo infantil de Nueva Paz, junto con algunas escuelas públicas y privadas. Su primer cementerio lo tuvo en 1903, el primer periódico en 1907, y la única fábrica de cloches del municipio, fue creada en 1948, la cual todavía hoy está en funcionamiento. 

En estos momentos Los Palos cuenta con dos escuelas primarias, una secundaria y un policlínico, pero la ausencia de ambulancias en los últimos años ha dejado experiencias amargas a sus pobladores.

Antes del 1959 en ese pueblo se generaron grandes negocios de producción, distribución, consumo de materiales constructivos y trabajos de herrería. Muchos arquitectos y maestros de obras de reputada mención dieron forma a columnas, capiteles, pretiles y frontones que engranaron una de las más avanzadas sociedades de la llanura Habana-Matanzas.

 

Hoy, 61 años después de que el pueblo comenzara a desvanecerse, pocas son las edificaciones originales que se mantienen en pie, debido en gran medida a sus valores patrimoniales y arquitectónicos. Una de estas es El Louvre, hotel construido en 1918 y situado en la calle 35, famoso por su construcción neoclásica y porque allí estuvieron hospedados en junio de 1953, varios de los futuros asaltantes del cuartel Moncada, entre ellos Fidel. Otro inmueble digno de mencionar es la Iglesia Reformada, perteneciente a la parroquia de Nueva Paz, adjunta al parque del pueblo, este último data de 1910. 

"Todo lo demás está tirado abajo, solo los lugares en divisas están en buen estado, y eso porque cada seis meses los reparan", se lamenta Triunfo Valencia.

Le pregunto por personalidades de la zona, respira profundo y dice un nombre: Felipe Pérez Roque, ex canciller de Cuba, caído en desgracia hace más de una década, y rápidamente cambiar de tema. "Ah, pero también está la otra cara de la moneda. Tenemos a uno de los mejores repentistas que ha dado este país: Francisco Núñez, ¡Chanchito!".

A lo lejos un promontorio de chatarra me remite al inicio del encuentro, y Valencia me explica que "el Central Josefita tiene más de 150 años. Después del 59 le cambiaron el nombre a Manuel Isla, un mártir de aquí. Tenía una refinería. Ahí trabajé toda mi vida. Era pequeño y molía más o menos 160 mil arrobas diarias. Hasta dos mil trabajadores empleaba esa máquina en tiempos de zafra. Le pasó de todo por arriba, ciclones, incendios, derrumbes, y a partir del 2002 fue inhabilitado, lo fueron desmantelando poco a poco, y entonces vino el caos. Mucha gente joven se fue del pueblo y de Cuba, pero también aparecieron los bandoleros y delincuentes. Los que nos quedamos aquí, los más viejos, nos dedicamos a caernos a mentiras. De vez en cuando nos ganamos unos pesitos en el matadero o con Cultivos Varios. Los Palos no le importa a nadie".

Cuando le pregunto si hubiera preferido vivir antes de la revolución, me dice que tiene que ir a Santa Cruz a buscar más ron, y me da la espalda.

 

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