La historia de Miriam y su aborto inconcluso
La historia de la joven Miriam, de 21 años y natural de Los Pocitos, en el municipio habanero Marianao, muestra como el aborto puede cambiarle la vida a la persona
La historia de Miriam y su aborto inconcluso
 

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Las colas en los hospitales maternos, para las consultas de Planificación Familiar, confirman el alto índice de abortos en Cuba. 

La doctora Elvira, especialista en obstetricia del hospital América Arias, dice que es un derecho de las mujeres. Sólo son necesarios los análisis clínicos del buen estado de salud de la solicitante y un documento que firman, responsabilizándose con el resultado.

“Diariamente realizamos muchas intervenciones, para cortar los llamados embarazos no deseados, que en muchos casos son productos de la negligencia de las pacientes y en otros, una imposición de los padres, que no desean complicarse la vida con un nuevo integrante en la familia”.

La historia de la joven Miriam, de 21 años y natural de Los Pocitos, en el municipio habanero Marianao, muestra como tal decisión puede cambiarle la vida a la persona que es víctima de este procedimiento quirúrgico. 

“Fui a la consulta solicitando la interrupción de mi embarazo, obligada por mis padres que no querían que pariera. Yo no estaba segura de tener un hijo, por la difícil situación económica que atravesábamos y por la falta de una vivienda con las condiciones adecuadas”.

“Al principio me ilusioné con la experiencia de ser madre, pero vi que al final sería una guerra en mi casa, y quise evitarla. Me acompañó mi novio, que estaba molesto porque él sí quería tener a la criatura. Me hice los análisis. Me dieron el turno de la interrupción para el otro día”.

“Antes de marcharme un médico me dio una pastilla, que debía tomar unas horas antes de realizarme el legrado. Dijo que era para remover la placenta y hacer menos agresiva la manipulación médica. Misotropol 200 gramos, nunca se me olvida, que en la calle llaman ‘la bomba”.

Pero esa noche Miriam tuvo un sueño. “En el sueño mis padres no estaban en la casa, mi novio intentaba convencerme que tuviéramos el niño, pero no quise escucharlo. Le pedí que me ayudara. Que pusiera agua a hervir y buscara algodón y un nylon para no manchar la sábana”.

 

La noche del sueño

 

Cuenta la joven que el doctor apareció junto a ellos, sólo un momento, para recordarle que el Misopostrol 200 mg era un medicamento seguro, diseñado para cortar las adherencias del feto y diluir la sangre coagulada. “Nitroglicerina en píldora”, dijo.

“De pronto sentí una fuerte contracción y me apreté la barriga. Luego vinieron unas punzadas como de cuchillo, cada vez más intensas. Tuve miedo, le dije a mi novio que si moría no le contara la verdad a nadie y me enterraran rápido. Comencé a pedirle perdón al niño, que sabía lo que estaba pasando y cooperaba despedazándose rápido, para no causarme tanto dolor”.

“En el sueño lo veía en mi vientre, sufriendo el ataque de la pastilla. Se parecía mucho a mí. Recuerdo que hablamos de cómo hubiera sido su vida si le hubiera permitido nacer, de cuántos años habría vivido y si llegaría a tener hijos y nietos. Le pregunté si le dolía, me dijo que sí, mucho, pero que no me preocupara por él”.

Miriam es hoy una mujer feliz. El niño está jugando en el cuarto de al lado y ella habla en voz baja, porque no quiere que conozca esa historia. “Cuando mi novio llegó por la mañana para acompañarme al hospital y le conté el sueño, me dijo que era una premonición que le había salvado la vida. Ese día me fui a vivir con él. Aunque estamos apretados en su casa, somos una familia. Nunca me hubiera perdonado aquello. Míralo qué lindo es, la razón de mi vida, de mi lucha. Al final lo parí y ya ves, no se acabó el mundo”.