La fuente del estadio José Martí, ¿alguien sabe de ella?
Es posible que la fuente sea el mayor basurero que exista frente al malecón habanero, sin demeritar la zona limítrofe del municipio Centro Habana con el largo muro
La fuente del Martí vista a todo lo largo
 

Reproduce este artículo

Quizás por ser parte del emblemático parque deportivo José Martí del Vedado habanero, nadie se fija en la fuente de ese estadio, pero eso no significa que deba seguir en el anonimato.

No hay ni un solo artículo o reseña que trate sobre los inicios, auge y deterioro del “Martí”, como es conocido, donde se haga mención a este surtidor de agua.

No hay datos precisos sobre si su construcción corrió junto a la del estadio, inaugurado en 1940, o fue adherida durante la remodelación en los sesenta, o finalmente levantada cuando otra parcial remodelación actualizó varios segmentos del parque, al ser una de las sedes de los Juegos Panamericanos de La Habana, en 1991.

Ubicada en el extremo derecho del centro deportivo, al bajar por la Avenida de los Presidentes, frente a la Casa de Las Américas y el Ministerio de Relaciones Exteriores, la fuente es reconocible por su contorno sinuoso de más de 150 metros y el azul turquesa de su muro.

Pero nada más destaca en ella. No la complementa una tarja conmemorativa, ni una escultura, ni tampoco la historia ha sido benévola con su presencia, no así con sus predios.

"El agua que sale de la fuente es salada, del malecón", dice Evaristo, uno de los vecinos del lugar. “Lo que está en el fondo, ya sedimentado, esa suciedad, viene del amar, algas sobre todo”.

Sin embargo, la situación va más allá de lo que plantea el señor Evaristo. No solo sedimento y algas embadurnan el piso de la fuente, en apariencia de granito. En algunos de sus ángulos se pueden apreciar envases plásticos utilizados para comida y bebida, ramas y hojas secas, piedras de considerable tamaño que nada tienen que ver con su diseño, restos de tubos metálicos oxidados y hasta condones.

Es posible que la fuente sea el mayor basurero que exista frente al malecón habanero, sin demeritar la zona limítrofe del municipio Centro Habana con el largo muro. Al parecer todo esto pasa desapercibido para el gobierno; es probable que la tengan solo como una fuente cualquiera, un pedazo de muro pintado de azul porque hay que tratar de embellecer la ciudad.

Más allá del desolado paisaje que arroja ese espacio, salvado esporádicamente por la afluencia de agua, encomienda principal de toda fuente que se respete, cada tarde decenas de trabajadores, muchos de ellos con niños a cuestas, esperan a su vera el transporte de regreso a casa. Muchos de estos niños se sientan o se recuestan al muro para jugar con el agua y con lo que se encuentren a su paso. En algunas ocasiones ante la vista de padres inconsecuentes.


Si a día de hoy el centro deportivo se encuentra en proceso de reparación, a paso de tortuga, ¿por qué las entidades encargadas, como la Dirección de Higiene y Epidemiología de Salud Pública, la Dirección de Construcción y Reparación de Inmuebles, el INDER Provincial y la alcaldía e intendencia de la ciudad, no se preocupan y se ocupan también por cerrar al público este elemento arquitectónico?

No deja de ser muy simbólico que el MINREX se encuentre franqueado por estructuras carcomidas y dejadas en el ostracismo, y a su vez, oteada por una institución, la Casa de Las Américas, que de manera acérrima ha perpetrado viles atropellos contra lo que dice representar, la cultura de este país.

Si no importa una simple fuente pública que carece de historias que contar, pero que se resiste al paso del tiempo y a sus malversadores, ¿qué pueden esperar los que de cuando en vez se sientan en su muro y como niños inocentes, quisieran refrescarse el rostro, las manos, los brazos, con un agua limpia que emerge de nuestro mar para paliar los estragos que nos produce el sol antillano?