Historias de Miquiqui: un comunista convencido que al final de su vida "se emperró"
Antonio Pérez Otaño, alias Miquiqui, emigró a Cuba desde Canarias siendo un niño. Fue uno de los pescadores más famosos de Jaimanitas
Chichi y Basulto recuerdan a su padre Miquiqui. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Este 2019, precisamente en fin de año, se cumple el centenario del natalicio de Antonio Pérez Otaño, alias “Miquiqui”, uno de los más famosos pescadores de Jaimanitas, en La Habana.

Sus hijos, Chichi y Basulto, sentados en el parque del pueblo, rodeados de amigos y curiosos, lo recuerdan.

“Mi padre era isleño, vino siendo un niño desde Canarias y su familia trajo una vieja tradición de pesca. Junto a la familia de los ‘mallorquines’ mi padre colaboró a situar a Jaimanitas en la meca de la pesca”, dice Chichi. 

Chichi y su hermano Basulto recuerdan el fuerte carácter de su padre: una tiranía para ellos en su niñez, que los hizo hombres de mar, de los mejores que ha dado Cuba.

“En el barco mi padre era un dictador— recuerda Chichi—. Había que andar al hilo, ser de hierro. Una noche en medio del mar frente a cabo Paraíso, con un frente frío entrando nos dijo: ‘¡Arriba, al mar que se enredó el trasmallo!’. Le recriminamos que había mucho frío, entonces nos embistió con el remo y tuvimos que tirarnos al agua”.

Chichi cuenta otra anécdota que marca la rectitud de Miquiqui: una vez que iban pasando la bahía de Matanzas y un golpe de mar de frente le partió el timón del barco.

“Yo iba de timonel, mi padre solo me miró, fijo, a ver que hacía. Me mantuve imperturbable, fui el timón del barco ese día, estoy seguro que si me aflojo me tira del barco”.

Antes que nacieran Chichi y Basulto, cuando Miquiqui era un joven pescador, simpatizó con las ideas revolucionarias. En Jaimanitas fue famosa la anécdota de cuando el coronel Ventura (del ejército de Fulgencio Batista) fue a buscarlo con varios policías a su casa frente al parque.

 

 

“Me contaba mi papá que miraba por la rendija de la ventana a Ventura, afuera con la pistola, tocando la puerta. Con toda su sangre fría abrió en silencio la puerta del patio y se escapó por los tejados. Y otra noche, cuando estaba atracando el bote debajo del puente Almendares, vio caer de arriba un bulto,  miró y era un muerto arrojado al río. Quienes lo lanzaron eran ‘tigres de Mansferrer’, que bajaron con pistolas y lo encañonaron.

“Pero uno de ellos era de Jaimanitas y le dijo: ¿Qué haces aquí, Miquiqui, y mi padre le dijo: ‘hay mucho aire, iba a resguardar el bote de la ventisca, eso lo salvó, cuenta Chichi.

Con la revolución Miquiqui se hizo patrón de barco y era uno de los pescadores con más prestigio en la cooperativa de Jaimanitas.

“Pero era comunista a morirse, de los de verdad. Su ceguera nos molestaba. No había quien le robara un pescado. Decía que un comunista trabajaba por un salario y tenía que entregarlo todo a la revolución. Siempre sobrecumplía el plan de pesca. El colmo fue cuando quiso donar los ‘víveres’ a la cooperativa”, recuerda Basulto.

Los ‘víveres’ son el remanente que queda para el pescador cuando este sobrecumple la norma.

“Ahí fue cuando me revelé— agrega—. “Le dije: ¿no ves que el Ñato y Raúl se van a quedar con ese pescado?, y me contestó: ‘no me importa lo que pase después, lo mío es cumplir’”.

“Así era mi papa— dice Chichi—, pero le agradezco todo lo que me enseñó y me sirvió para la vida. Tenía un dicho que nunca olvido: ‘el que más aprende trabaja más’, esa fue mi consigna. Yo me pregunto ahora: ¿dónde se metió todo ese pescado que cogíamos desde el Cabo de San Antonio hasta Matanzas, que eran toneladas, y traíamos luego de 20 días en el mar, congelados en las neveras llenas? ¿A dónde fue?”.

Miquiqui murió a los 86 años en su casa frente al parque de Jaimanitas, en los brazos de Chichi.

“Mi padre en los últimos años se emperró. No salió más de la casa. Se sentía defraudado y olvidado por un comunismo que al final no resultó lo que pensó. Entregó su vida y miles de noches en el mar sacando peces, y al final no supo quién se los comió”.