Harold, un jugador de dominó de los buenos
Es muy difícil encontrar un santiaguero, hombre o mujer, que no sepa jugar dominó. Muchos le dedican estudio y sacrificio como si fuera un deporte. Uno de estos jugadores obsesivos es Harold Góngora, de 45 años
El dominó es un juego de barrio

Por el silencio con que algunos juegan al dominó, se especula que este juego lo creó un monje asiático, pero en Santiago de Cuba nadie sigue esa norma y la diversión parece una modalidad de la conga.

Es muy difícil encontrar un santiaguero, hombre o mujer, que no sepa jugar dominó. Muchos le dedican estudio y sacrificio como si fuera un deporte. Uno de estos jugadores obsesivos es Harold Góngora, de 45 años.

“Yo comencé a jugar con 24 años, un poco tarde. Fue aquí en el barrio, en las tardes; luego subí de nivel. Y un amigo me dijo que saliera del barrio y fuera a visitar otras peñas. Él me invitó a una muy famosa que se llama “La Esperanza”, radicada en el reparto Santa Úrsula. Y allí lidié con los mejores jugadores de la ciudad, como Ramón Repilado, Pedro Bergara, Luis Guillarte, Charango, Lester Juantorena, y otros”.

¿Qué habilidades se necesitan para ser un buen jugador?

“Primero tiene que gustarte, y debes dedicarle mucho tiempo. Prestar atención desde la primera pieza que se pone, y tener buena retentiva. Hay tres elementos básicos: cuando la data está ganada, coger la mayor cantidad de tantos, y cuando está perdida, tratar de que el rival coja la menor cantidad de tantos, y el factor psicológico. La memoria es muy influyente y también el cálculo”.

¿Los jugadores siempre son buenos contando, digo, en matemática?

“Sí, yo era bueno en matemática en la escuela, siempre me gustaron”.

Harold estudió en el pre universitario Cuqui Bosch. Dejó la carrera de Cultura Física en cuarto año porque su mujer salió embarazada y tuvo que buscar trabajo. Fue gastronómico en el restaurante La Rueda, en el balneario de Siboney. En 2003 jugó por primera vez en un torneo oficial, el Campeonato Provincial, organizado por el Instituto Nacional de Deporte y Recreación. Allí habían 100 parejas, Harold formó la suya por azar: se encontró con Pedro Paz, quien había sido profesor de él en el preuniversitario y se alzaron con el tercer lugar.

En el año 2004 hizo dúo con Armando Carrillo, un vecino del barrio, con el que ganó los torneos municipal y provincial. Ese mismo año quedaron subcampeones nacionales en Camagüey.

Al año siguiente, Harold participó en un campeonato mundial en La Habana. En el Mundial del 2007 él y Carrillo quedaron como la mejor pareja de Cuba; la victoria se la llevaron unos venezolanos.

“Venezuela, Dominicana y Cuba son los países que mejor juegan dominó. Los venezolanos son unos pillos, tratan de marcar las fichas”, cuenta riéndose. Al igual que en el beisbol, los tres países compiten por los mejores puestos en el Caribe.

En 2017, Harold formó pareja con Pedro Bergara y se hicieron campeones nacionales.


¿Cuánto ganaron?

“Nada, en Cuba no se paga por ganar un torneo de dominó. Yo conversé con las parejas de dominicanos y venezolanos y ellos viven del dominó, se van a torneos internacionales, en Dominicana, España, Estados Unidos; se pagan la cuota de inscripción y luchan por los primeros puestos de los torneos”.

¿A ti te gustaría jugar un torneo de esos? ¿Te gustaría vivir del dominó? 

Me encantaría, pero nosotros no tenemos dinero; si apareciera alguien que nos financiara el viaje, seguro que nosotros recuperaríamos la inversión. ¿Pero vivir todo el tiempo así, jugando dominó? ¡No! Para mi es sólo un hobby, mi hobby favorito, pero en la vida hay más cosas”.

¿Entonces es por eso que se juega dominó por dinero?

“Los muchachos jóvenes, cuando creen que han cogido un buen nivel, se sienten osados, y tocan las puertas de los mejores jugadores por dinero”.

¿Hay discusiones cuando se juega por dinero, asesinatos, reyertas, esas cosas?

“El dominó es un juego de barrio, se grita y se bebe en las cuadras, y eso molesta a los vecinos. Pero en el dominó hay una élite, al igual que en cualquier otro campo. Los mejores no discuten entre ellos; los grandes jugadores se equivocan poco, y en partidos por dinero o torneos, uno no puede perder la concentración discutiendo por una mala jugada”.

“Las peleas ocurren por cualquier otro asunto, es un juego caliente, y se discute por cualquier tema: por vacilar a un rival, por hablar de mujeres, por hablar de beisbol. Hubo casos de peleas y muertes, pero en los barrios marginales y por jugadores no profesionales, sólo aficionados”.

Le comento a Harold que hoy se ven mesas de dominó a cualquier hora del día, en cualquier parque. El parque Serrano en específico, en plena calle Enramadas, en Santiago, es un hervidero de jugadores en pleno horario laboral.

“Las sociedades se han perdido mucho, eran locales vacíos donde se agrupaban los jugadores, se pagaba una mensualidad, se hacían fiestas de vez en cuando, se topaba y competía entre sociedades y barrios. Creo que la vida es más atómica ahora que en los años 80; hay más tecnología. Antes se jugaba mucho dominó porque no había mucho que hacer, ahora muchos jugadores de dominó se quedan en casa por las noches con sus esposas a ver el paquete o jugar Playstation con sus hijos. El panorama ha cambiado mucho”.  

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