Era, un tipo valiente
Preguntar por el futuro a un humorista puede ser una cuestión difícil. Sin embargo, preguntar por su opinión a un periodista arroja una respuesta muy valiosa
 

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Jorge Fernández Era es un humorista de todas, todas. No solo porque tenga en su haber montones de premios Aquelarres, o haya publicado tres libros ─Cincuenta cuentos de nuestro Era (Editorial Pablo de la Torriente Brau, 1990); Obra inconclusa (Editorial José Martí, 1994) y Cada cual a lo mío (Editorial José Martí, 2013). Tampoco es por su larga trayectoria en el grupo “Nos y Otros” o por su incursión en la ficción cinematográfica.

Bien que todos estos reconocimientos ya le bastan. Como mismo habría que resaltar sus inicios al lado de alguien como Héctor Zumbado en la antigua sección “La bobería”, de la revista Bohemia. O sus tempranas publicaciones en espacios como Dedeté y Palante. Y si de enumerar se trata, andan por ahí varios cortos de Eduardo del Llano o los documentales La singular historia de Juan sin nada y Operación Alfa o Lo que le pasó a Benito Manso, del realizador Ricardo Figueredo.

Pero Era, como le dice la mayoría, más que el gran artista, es un tipo valiente. Un hombre que ha dedicado su vida por completo a las letras, y que, a pesar de ser reconocido dentro de la cultura nacional; renuncia a encarnar esa figura de “intelectual” para comunicar de tú a tú con la gente. Hoy lo vemos como un “amigo” más de esa gran comunidad que representa Facebook, plataforma que ha tomado hace un par de años para socializar su humor, y, sobre todo, sus ideas.

En una básica consulta, su perfil en esa red nos muestra un poco de sátira social, muchas veces acompañado de un tono reflexivo, otros de parodia total. Para Era todo puede ser un pie para escribir: la carestía o ausencia de los productos de primera necesidad; la representación en la prensa oficial de temas como el enfrentamiento a ilegalidades; o alguna que otra escena ficticia de un personaje cuestionando una medida de carácter político o social. Quizás por eso, en tiempos donde las redes han cobrado un protagonismo digno de atención, Jorge matiza la cotidianidad con un estilo que le hace ganar cada vez más seguidores.
 

 

“No he dejado de escribir, pero en los últimos años me he puesto en función del periodismo ─que también es sarcástico─ para contar la realidad de mi país, y algunas de carácter universal. A las redes sociales llegué con mucha desconfianza, soy bastante zurdo en cuanto a dominarlas, pero al crearme un perfil y ver que las personas me identificaban y contactaban; descubrí que Facebook me servía para hacer periodismo. Pensé entonces en por qué no publicar artículos completos, y me gusta mucho, es una buena plataforma para expresar ideas y hacer humor”.

Jorge afirma considerarse un afortunado (o desafortunado, dice entre risas) por la trascendencia de sus publicaciones. Muchas veces se ha enterado, con gran sobresalto, de la resonancia que ha tenido con determinados temas. Esto ha reforzado esa convicción de periodista, polemista, y productor constante de estados de opinión.

“Trato de generar debate siempre, desde el respeto. Por eso siento que estoy haciendo periodismo, y también humor. He buscado ese espacio porque no tengo otro. Incluso, cuando publico algo bien polémico, contrapuesto a lo que ha dicho la prensa oficial, lo he enviado paralelamente a Granma y Juventud Rebelde. Pero no me hacen caso, no me lo publican, y es muy triste, por eso las redes son mi único medio hasta ahora.

”Creo que en ellas estás más al día en la vida cotidiana. La prensa oficial va detrás de la realidad, no se lee ni se siente lo que está reflejando. Eso sí pasa en las redes, y sé que puede haber también mucha tergiversación y oportunismo; pero no creo que por eso haya que tenerle miedo a publicar las cosas en un soporte u otro. La cotidianidad siempre saca a relucir la verdad de las cosas de alguna forma. Por eso la apertura de Internet en Cuba ha sido uno de los grandes avances”.

Pero el humorista es, ante todo, un personaje, y el humor es una representación. Hoy, en un universo tan diverso como Facebook, muchas pueden ser las reinterpretaciones, e incluso represalias, que puede vivir una persona cuando expone su opinión. Los espacios públicos dentro de realidades convulsas son siempre un arma de doble filo:

“Con esto hay que tener muchísimo cuidado, porque hay quien publica irreflexivamente. Yo trato siempre de investigar, porque un error cuesta. Cuando escribo sobre un tema determinado, llego hasta el fondo de cuanto comentario o artículo haya sobre él; busco los datos más objetivos posibles. En eso está la clave de lo que he logrado, porque la gente ve la sinceridad y el conocimiento de lo que hablo. 

”Y no es que me despierte con el ansia todos los días de meterme con las cosas que hace el gobierno. Pero, cuando veo el tratamiento que da la prensa oficial, en la que no se dice nada, pienso que alguien tiene que decirlo. En clave de humor es casi más efectivo tratar algunos temas, por eso, a través de muchos personajes ficticios que encarnan a cualquier cubano, he logrado que las personas reflexionen y entiendan determinadas cuestiones. 

”De igual forma, lo que dices, se interpreta de distintas maneras por las personas, y se tiende incluso a confundir. He tenido que lidiar con esto en toda mi carrera, y en las redes sociales es más curioso aún, porque las opiniones son más visibles. Por ejemplo, me pasó hace unos meses comentando una publicación muy jocosa de un amigo, donde escribí, con el fin de aliviar los humos sobre las posiciones muy extremas: yo fusilaría a todos los extremistas. Esa frase ni es mía, pero me parece muy jocosa. Bueno, la conclusión es que terminé pidiendo disculpas por todo lo que me vino encima. Sucede así, cuando escribes humor nunca estás seguro de no estar equivocándote, como tampoco de lo que vas a provocar”.

Son estas las consecuencias de encontrarle el tono burlón a cualquier conversación. Y es que, para Jorge, el humor le surge espontáneamente, hasta en los artículos más serios que ha escrito. Sin embargo, aunque a veces sea muy cruda la realidad que retratan sus palabras, confiesa que le es muy difícil no hacerlo de otra manera:

“Mucha gente me dice que he dejado un poco en humor y me estoy volviendo amargo, y es que es casi imposible no polemizar así. Pero con el paso del tiempo me lo agradecen, porque se han dado cuenta de que no todo es la jarana, el cuento y la trompetilla. En los últimos años me he ido preocupando, cada día más, por lo que defendemos. Me pregunto muchas veces qué buscamos y en qué nos convertimos. Yo quiero vivir a plenitud, pero no sueño con que la prosperidad sea el derroche del consumismo, aunque tampoco quiero que la prosperidad se proyecte dentro de diez años, que sé que no la voy a ver. Pero, sobre todo, quiero una sociedad donde veas que se está luchando de verdad porque la gente realice espiritualmente.

”En esa búsqueda me he sentido bastante marginado, porque puedo aportar con lo que pienso, y siento que no me quieren oír. No obstante, seguiré luchando por esa sociedad que sueño y que quiero dejar para mi hijo, y para todas las generaciones de jóvenes. Sin embargo, lo más fácil del mundo es pararse en un lugar y ponerse a gritar. Por eso creo que no hay que escribir porque sí, ni despotricar sobre el gobierno, las personas o el barrio sin ningún fundamento. El humor necesita de otras lecturas, y eso te lo da el conocimiento, la investigación, la cultura”.

Con estos principios, al ejercer ese derecho a la ciudadanía, muchas pudieran ser las consecuencias en temas peliagudos. Recientemente, opiniones diversas se han cercenado ante la puesta en vigor del Decreto Ley 370, dentro del cual puede ser penalizado cualquier ciudadano por “difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”:

“Leí el Decreto por un amigo que me lo advirtió, pero sigo escribiendo, porque creo que tendrían que convencerme de que voy en contra de las buenas costumbres o la moral. Yo solo estoy opinando, con el derecho que tengo como ciudadano, y hasta ahora no he tenido ningún problema por hacerlo. No dejaré tampoco de decir lo que crea en las redes, porque es el único soporte que tengo.

”Pero, si realmente tuviera algún temor con esta ley, no es de carácter personal, sino por el daño que le puede hacer eso a la sociedad. Intentar callar la opinión es socialmente peligroso, pues si bien vivimos en una sociedad que atraviesa momentos muy difíciles; el no propiciar que la gente opine y haga polémica será funesto.

Justamente por esta voluntad de hacer y decir sobre las problemáticas del país, se le recuerda a Jorge en aquel mítico personaje de Juan sin nada. Por ende, para quien se ha acercado desde la ironía a temas muy sensibles, es imposible no preguntarle por la vigencia tan grande que imanta:

“Tuve la oportunidad de protagonizar La singular historia Juan sin nada (2016), y me pareció muy fuerte desde que leí el guion. Creo que lo más triste que pudo pasar con ese documental fue que no lo aprobaran para ser exhibido en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano el año de su estreno. Porque, a pesar del tiempo, es un audiovisual que se pudiera haber aprovechado para poner sobre la mesa la pregunta del millón: “¿de qué vivimos los cubanos?”.

Esa es una interrogante que se sigue haciendo mucha gente aún hoy, y que ahora, con esta situación de la COVID-19, se ha agudizado. Creo que ese hubiera sido un buen tema para concientizar en que hay que cambiar cosas, que no podemos simplemente conformarnos.

”El personaje de Juan sin nada lo hice sin sentir que estaba actuando, era hacer de mí mismo, de cualquier cubano. Hay escenas donde él, además de sufrir las carencias de tener poco salario y poco sustento, está viendo la televisión, o leyendo el periódico; y ve como representan una realidad que nadie vive. Me parece que es una de las cosas más duras del documental. Ahí está la clave de su efectividad, que al final son problemas que hemos arrastrado hace muchísimos años. Por eso, creo que estamos eternizando el Juan sin nada en Cuba”.

Preguntar por el futuro a un humorista puede ser una cuestión difícil. Sin embargo, preguntar por su opinión a un periodista arroja una respuesta muy valiosa: 

”Algunos amigos y personas que me quieren me dicen que no escriba más, para que no me busque un problema. Yo les digo que no busco protagonismo ninguno, lo que quiero es que se me escuche y que las cosas cambien; quedarse callado nunca ha sido una posición valiente. Puede que lo que digo esté bien o mal, pero no voy a silenciarlo; ni siquiera si cambia lo que he criticado, porque siempre habrá algo que mejorar. No creo que tenga toda la verdad, pero es la mía, y considero que necesita oírse”.