Ni Bienestar ni Protección Animal: Cuba continúa sin Ley a pesar del intenso activismo
A pesar de los constantes reclamos y denuncias de ciudadanos y activistas, Cuba continúa sin una Ley de Protección o Bienestar Animal que penalice la crueldad contra los animales y castigue a quienes la cometan.
 

Reproduce este artículo

 

A pesar de los constantes reclamos y denuncias de ciudadanos y activistas, Cuba continúa sin una Ley de Protección o Bienestar Animal que penalice la crueldad contra los animales y castigue a quienes la cometan.

El pasado primero de agosto, el sitio web del proyecto independiente El Guardabosques aseguraba— citando a la prensa oficial cubana—, que el Ministerio de la Agricultura en Cubatrabaja actualmente en la elaboración de un proyecto de Ley de Bienestar Animal”.

Eso dijo entonces la Dra. María Gloria Vidal, especialista de Salud Animal del citado Ministerio, en el programa “En buen cubano”, del canal Cubavisión Internacional.

De acuerdo con la publicación, María Gloria Vidal es también presidenta del Comité Nacional de Bienestar Animal en la Isla, y habría defendido la idea de que “bienestar animal” es un concepto mucho más abarcador que “protección animal”.

Asimismo, en el programa se defendió el enfoque sociocultural del problema, que se basa en el acompañamiento de cualquier legislación al respecto con un “trabajo de cultura y sensibilización sobre el tema entre la población”.

Pocos días después, un inusual reportaje publicado por la revista Bohemia y reproducido por Cubadebate, reveló que los programas de Zoonosis (entidad estatal que se encarga del “control” de la población de animales callejeros en Cuba) utilizan la estricnina para exterminar perros y gatos sin hogar.

El veneno, un alcaloide prohibido por la Unión Europea y la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales (WSPA), sigue suministrándose cada martes y viernes para “hacer limpieza” de animales cazados por los operarios de Zoonosis.

 

 

Armando Vázquez, jefe del Programa de Zoonosis en La Habana, reconoció que la aplicación de la inyección “no entra bajo el concepto de eutanasia animal”. La muestre de estos se produce de forma lenta y dolorosa.

La aplicación de la estricnina (…) es un sacrificio. Es un saneamiento. Las condiciones del Centro de Observación Canina, desafortunadamente, tampoco pueden asegurar un período de paz previo a la muerte del animal”, admitió.

La agenda del activismo por el bienestar animal en Cuba ha avanzado a partir de la extensión del acceso a Internet en el país, que ha provocado no solo el incremento del número de las denuncias de casos de maltrato animal, sino también el alcance social de las mismas.

Recientemente, activistas de protección animal de la ciudad de Santa Clara, denunciaron un “envenenamiento masivo” de animales callejeros, ordenado por las autoridades de esa ciudad. Asimismo, una ciudadana identificada como Niurka Betancourt denunció que un cachorro de perro vivo había sido lanzado a una trituradora de basura en la ciudad de Camagüey.

En abril del presente año  cerca de 500 personas marcharon en La Habana contra el maltrato animal, en lo que fue la primera acción pública independiente autorizada por el gobierno de la isla.

Sin embargo, a raíz de esta manifestación pacífica— aprobada aparentemente por un “descuido” del vicepresidente del gobierno del municipio capitalino Plaza de la Revolución, Pedro Pablo Hernández, que le costó luego del cargo—  las autoridades han desatado una nueva oleada de persecución y presiones psicológicas contra los protectores.