Luis Felipe Rojas: Yo lo que quería era escribir

ADN Cuba entrevista al escritor cubano Luis Felipe Rojas sobre su trabajo periodístico, la censura y la publicación de su último libro, “Artefacto”, por la editorial Casa Vacía
Luis Felipe Rojas
 

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Luis Felipe Rojas (San Germán, Holguín, 1971) es un cubano que desarrolló el periodismo independiente y su literatura a pesar de la censura del régimen cubano. Periodista, narrador, poeta y realizador audiovisual, tiene publicados los poemarios “Para dar de comer al perro de pelea” (2013) y “Máquina para borrar humanidades” (2015), entre otros. 

Codirigió la revista alternativa de literatura "Bifronte", que el gobierno cubano se encargó de aplastar y de perseguir a sus realizadores hasta expulsarlos de la vida pública en 2006. Periodista dedicado al tema de los Derechos Humanos, ha recibido seminarios de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). 

Se desempeñó como realizador del programa radiofónico “Contacto Cuba”, de la emisora Radio Martí, y también escribió para el sitio digital Martí Noticias. Es autor del blog “Cruzar las alambradas”.

ADN Cuba conversa con Luis Felipe Rojas sobre su trabajo periodístico, la censura y la publicación de su último libro, “Artefacto”, por la editorial Casa Vacía.

Como escritor cubano en el exilio, ha publicado en editoriales cubanas independientes, las cuales son consideradas ilegales por el gobierno cubano. ¿Cómo califica el trabajo de las editoriales independientes? 

Bueno, no creo que el gobierno cubano las considere tanto “ilegales”, sino que desconoce a las que no les son complacientes y publican a autores prohibidos en la isla. Esas editoriales, regadas por medio mundo, cumplen las leyes fiscales, de inscripción y desarrollo del mundo libre, de modo que pueden subsistir y varias de ellas tienen un éxito rotundo.

Yo creo que las editoriales independientes –me refiero a las que llevan los cubanos o publican a cubanos- tienen vida propia porque van contra la censura, incluso en una “poscensura” van a subsistir y seguir hacia adelante, porque cumplen con un principio doble que es el de la libertad de expresión y promoción de la creación libre.

 Desde que llegué al exilio he publicado tres libros en tres editoriales diferentes: los que coordinan cada una de las tres, me han llamado, me han invitado a publicar y ahí me he sentido como en casa; y fíjate que en cada una de las tres publican a cubanos que están en Cuba y que publican o han publicado en las editoriales oficiales… esa libertad vale oro, ya esa es la ganancia mayor de todas.

¿Cómo puede un escritor sobrevivir en Cuba cuando este no quiere subsumirse a las leyes particulares del mercado del libro cubano?

Bueno, si le llamas sobrevivir porque al autor se le acaba el soporte para publicar –en el hipotético caso de que un autor cubano viva exclusivamente de lo que publica en el sistema editorial oficial-, entonces me remito a mi propio caso. Yo había publicado unos tres poemarios, de escasa tirada, iniciando los años 2000 y tras la publicación de la revista Bifronte y mis artículos, poesía y cuentos publicados en la extinta revista “Encuentro de la Cultura Cubana”, ahí vinieron los cerrojos, la presión, las amenazas y con ello la censura total.

A mí no me afectó al grado de que me produjera una conmoción ni mucho menos: me prohibieron publicar, fungir como jurado o hacer presentaciones públicas y yo lo tomé como un rompimiento amoroso –cuando se acaba, se acaba. Me quedé en mi pueblito de provincia, San Germán, seguí escribiendo porque sabía que, si no era en 10 o 15, iba a ser en 20 años que volvería a publicar. Y todos quedamos tranquilos, digo yo. Yo no les volví a enviar manuscritos a las editoriales del régimen, en cambio ellos, por un acto de maldad y de tratar de confundir a otros, muchas veces me enviaron emisarios que me pedían libros para publicar, incluso en las editoriales nacionales a las que antes ni por asomo tenía acceso. 

Pero ya no me interesaba y esperé varios años hasta que llegué a Miami y en la primera semana me estaban pidiendo un libro para publicar. Me prepararon una excelente presentación y lectura, y hasta el sol de hoy. 

Mi idea de ese acto de censura, muy personal, es que los escritores no necesitan de las editoriales, es al revés. Yo lo que quería era escribir, publicar vendría o no, pero para escribir no se necesita ningún gesto de promoción. Se escribe y punto. 

Recientemente, la editorial Casa Vacía ha publicado una colección de cuentos de su autoría bajo el título “Artefactos”. Según usted dijo a Diario de Cuba: “Se trata de una compilación de relatos, los primeros los publiqué hace 20 años, uno de ellos en la revista Encuentro, y los últimos el año pasado”. ¿Qué le motivó a reunir estas historias? ¿Qué temas podrá encontrar el lector en las páginas de “Artefacto”?

Yo fui escribiendo cuentos desde el 2000, al año siguiente gané el premio Celestino (compartido) y de ahí en adelante escribí y publiqué cuentos de manera esporádica, sin un corpus formal de libro… cuentos y nada más. Ya unidos pudieran tener un hilo, que fui descubriendo de a poco: en mis cuentos las mujeres son violadas de muchas maneras, ultrajadas, humilladas; y eso lo hacen desde los tipos más pintorescos o carismáticos hasta las bestias mejor vestidas de cuello blanco o uniforme azul de policía o de verde olivo. 

No es un libro feminista, hay mujeres y hombres, hay violencia, sadismo y abuso, hay vida también y por ese pedacito de vida es que me interesa que mis personajes, luego de atravesar el dolor, salgan a la vida, pero son pedazos de historias que se pueden armar o no y eso ya no me importa ni como autor ni como narratario que soy, a veces, en algunos de esos cuentos. Lo que me importa es la vida de cada uno de esos personajes, por insignificante que parezca.

¿Qué significó para usted desarrollar el periodismo independiente en Cuba? ¿Cuántas alegrías y asperezas le trajo codirigir la revista Bifronte?

Mira, aunque yo haya escrito principalmente poesía, soy mayormente un lector de narrativas, de ficciones y entre esas narrativas está el periodismo. Estudié Filología, que hace un precioso recorrido histórico por las lenguas y las literaturas y eso me llevó a ser un lector voraz de periodismo; mis amigos de entonces era estudiantes de Periodismo y hoy son periodistas graduados –ejerciéndolo o no. 

Como muchas de las cosas que me han pasado en la vida, meterme al periodismo independiente fue un piscinazo, como muchos de los que he sufrido y gozado en mi existencia. En Cuba es muy común, te lo repiten desde el magro desayuno hasta las oscuras noches, lo de “juega con la cadena, pero no con el mono”, y yo sí, yo sí quería decir por escrito lo que hablábamos y discutíamos mis amigos y yo: escritores, artistas, vecinos, los socios del barrio, los nagües, los de la Palestina Oriental, como nos dicen los habaneros.

Yo quería ser esa voz y contar lo que pasa en el barrio, lo que pasa dentro de las cárceles, entrevistar a una mujer que está llorando frente a un tribunal porque le van a juzgar al hijo por algo que según ella no tiene lógica. Yo quería recorrer por dentro la planta de Níquel de Nicaro a pocas semanas de cerrar casi totalmente; a media hora de camino de mi casa, la madre de Orlando Zapata estaba plantada frente a la prisión provincial de Holguín con varios activistas, protestando porque le iban a matar al hijo de tantas golpizas –un año antes del suceso terrible de su muerte- y yo quería estar allí; yo leía cosas del periodismo en el mundo entero y sentía que estaban pasando cosas en mi entorno y que podía narrarlas: como entrevistar a Jorge Luis García Pérez Antúnez la mañana en que salió de la cárcel tras 17 años preso; hablar con Laura Pollán en el sepelio de monseñor Meurice Estiú y lanzarle dos preguntas por encima de la guardia personal a Mariela Castro en Plaza de Martes, en Santiago de Cuba. 

Mis amigos Michael H. Miranda y Martha María Montejo, con Michel Suárez y Pablo Díaz desde Madrid, me abrieron las puertas de Cubaencuentro. Después tuve vía libre para Diario de Cuba y Radio Martí. Yo soñé con hacer periodismo en medio del riesgo y lo logré, en Cuba. Y siendo oyente de Radio Martí y los noticieros de onda corta de la Voz de América, esas dos instituciones me abrieron sus puertas: pasé de ser un oyente, a trabajar con ellos… ¿no te parece un cuento de hadas?

Bifronte fue soñarla y armarla junto a Michael H. Miranda y Ramón Legón una noche de alcoholes baratos. Lo otro fue la pesadilla de convencer a los escritores cubanos consultados entonces, lidiar con la mafia burocrática de la intelectualidad cubana que nos vio como una barra de acero ardiendo y nos hicieron su guerrita, más los chicos del G-2 y su maquinaria más que aceitada

Los autores publicados, los centenares de lectores, la valentía del padre Olbier Hernández, la tenacidad y sangre fría del editor Michel H. Miranda, los diseñadores… todos ellos son un equipo que nos permitieron emitir dos números entre finales de 2005 y mediados de 2006. De nada hubiera valido hacer una revistilla en provincia con la anuencia de los mandamases… fue una revista contra el tránsito, de cabeza al muro, y tanto Bifronte como ese periodismo independiente los volvería a hacer con los ojos cerrados, aunque me pusieran la película primero para tratar de meterme el miedo que muchas veces tuve.