Carlos Manuel Álvarez: La cura está en San Isidro

“Ese ejercicio de honestidad primero, que es reconocer el miedo, sería un acto subversivo tal que cambiaría completamente el relato y ayudaría a ese estado de progreso y bienestar que queremos para Cuba”, afirmó el joven escritor
 

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El narrador cubano Carlos Manuel Álvarez Rodríguez en el 2017 fue incluido en Bogotá 39, una lista de los escritores menores de 40 años más prometedores de América Latina.

El joven periodista ganó este miércoles el Premio Don Quijote de Periodismo en su XVII edición, por el artículo "Tres niñas cubanas", publicado en El Estornudo, revista independiente que cofundó y dirige. El galardón forma parte de los Premios Internacionales de Periodismo Rey de España, a los que han concurrido 155 candidaturas de una veintena de países del ámbito iberoamericano.

Álvarez, autor de La tarde de los sucesos definitivos (2014), la colección de crónicas La tribu: retratos de Cuba (2017), y la novela Los caídos; es en la actualidad un intelectual hostigado y amenazado por la policía política del régimen castrista. En conversación con ADN Cuba el escritor señaló cuánto aprecia el valor de “lo colectivo”.

“Creo que toda individualidad, su única salvación, manifestación, la única manera en que podemos dibujarla, es siempre sobre el fondo de una comunidad”.

Acerca de los sucesos ocurridos en Damas 955 (La Habana Vieja), cuando en noviembre pasado un grupo de activistas, artistas y periodistas independientes se acuartelaron en la sede del Movimiento San Isidro e iniciaron una huelga de hambre para exigir la liberación del rapero contestatario Denis Solís, Álvarez (que viajó desde el extranjero para sumarse) expresó:

“Cuando empezaron a pasar los días y esa situación fue adquiriendo más drama y tintes trágicos -creo que no fui yo solo, de ahí la ola de solidaridad-, empecé un poco como a vomitar. Mi cuerpo estaba reaccionando mal por estar en un lugar donde no tenía que estar. Probablemente lo que hice fue ir para sentirme bien. La cura estaba en San Isidro: y fue lo que hice, irme a curar”.

“Era un acto de injusticia extremo lo que estaba pasando ahí. Sentía que me tocaba muy de cerca y no actuar me iba a dejar en un mal lugar con respecto a mí mismo.  Básicamente esa fue la razón por la que fui. De ahí para allá las consecuencias nadie las puede medir…”, aseguró.

El escritor llegó a San Isidro desde Estados Unidos. En un emotivo video de su ingreso, se muestra cómo abrazó a las personas atrincheradas en la Habana Vieja, y sobre todo a su amigo, el artista Luis Manuel Otero Alcántara que se encontraba debajo de las sábanas, muy deteriorado tras seis días de huelga de hambre y sed.

"Vamos a salir de esta como hemos salido de todas, nosotros tenemos las ideas, tenemos la inteligencia, tenemos la verdad, tenemos todo de nuestra parte...Siempre se ha ganado con lo que nosotros tenemos", le repetía Álvarez a Otero Alcántara.

Días después, el 26 de noviembre la sede del MSI fue invadida por la policía política del régimen, para desarticular violentamente la protesta pacífica de los activistas. Álvarez, estuvo luego en arresto domiciliario arbitrario, durante 17 días sufrió detenciones, interrogatorios forzados, campañas de difamación en medios estatales, y constante acoso por parte de la Seguridad del Estado, lo que mereció la condena del Comité para la Protección de los Periodistas.

“Nadie entiende mejor la televisión que la gente que la ve todo el tiempo. Sí están entendiendo, leyendo lo que hay detrás de esa construcción. Mis amigos, el ámbito donde me muevo, además de reconocer que es un acto violento, (simbólicamente y psíquicamente) entienden cuáles son las reglas del juego, saben que son reportajes manipulados, con difamación. No va a cambiar el orden de cosas en el que tú te mueves porque salgas en el noticiero, probablemente recibas mucho apoyo y solidaridad. A eso se le da una salida hacia lo lúdico, hacia la broma, restándole importancia”, refirió Álvarez.

“Todos esos ataques te van curtiendo de algún modo. Te vas adaptando y si por un lado buscan debilitarte, probablemente también te estén fortaleciendo”, subrayó.

El escritor de 31 años es hijo del doctor Álvarez, un médico de mediana estatura y barba canosa, y Mirta Rodríguez, una obstetra muy respetada por su comunidad. Ambos lo apoyaron tras los sucesos en San Isidro y denunciaron los atropellos de la Seguridad del Estado.

“Quien conozca lo que conforma el núcleo, el corazón sentimental de los cubanos que se mueven en esa franja de edad de mis padres, quizás se sorprenderían de que en una circunstancia como esta, tan brusca y desesperada (que ellos tampoco hubiesen deseado pasar), respondieran de esa manera. Empezaron ellos también a darse cuenta que podían actuar, decir, interpelar al poder…”, señaló Álvarez.

Sobre cuando oficiales de la policía política lo estaban llevando arbitrariamente, contra su voluntad de La Habana a Matanzas, después de sufrir maltratos y amenazas en un interrogatorio, precisó: “eso fue un secuestro”.

“Me provocó más molestias que el allanamiento a San Isidro, sobre todo porque allí estaba acompañado, por eso insisto mucho en la idea de comunidad y colectivo, me parece esencial”, acotó.

“Fue  un estado de molestia tal, que yo me mandé a correr como una exhalación. Crucé la carretera, después corrí por la cuneta de la otra parte, hasta que vi una cerca que podía cruzar y corrí monte adentro. No puedo asegurar que estaba en control de mi pensamiento y de todo lo que estaba haciendo”, relató el escritor.

“Es el riesgo físico y de que puedan acceder a mi centro, alrededor de lo que yo me artículo. Pero ese feudo es muy cerrado, ahí no llega nada, y eso hace que pueda actuar con cierta confianza y enfrentar a un poder totalitario como éste; y mostrar un poco de carácter, actuar activamente sobre el miedo y no dejar que venza tan fácilmente”, aseveró.

Afirmó el escritor además, que condena la cobardía, no a la gente que teme, sino a quienes “disfrazan su miedo o intentan justificar, moralmente o intelectualmente su miedo, haciéndonos creer que no es eso”.

“Ese ejercicio de honestidad primero, que es reconocer el miedo, sería un acto subversivo tal que cambiaría completamente el relato y ayudaría a ese estado de progreso y bienestar que queremos para Cuba”, afirmó.

“No me interesa solo buscar un cambio. Creo que el cambio ya viene desde la forma en que tú lo estás buscando, en el proceso en el que lo haces”, aseguró el joven periodista que cuenta con publicaciones en Gatopardo, La Nación, Clarín, The New York Times, El Malpensante, Letras Libres, Huffington Post México, GQ y Vice.