Cuarta condena política de Virgilio Mantilla: el infierno del disidente cubano

Virgilio Mantilla Arango es un opositor al régimen comunista que archiva en su historial cuatro condenas por su decidida actitud contestaria
 

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El 16 de julio fue nuevamente encarcelado Virgilio Mantilla Arango, activista por la democracia en Cuba, miembro de la coalición unitaria Compromiso Democrático y líder de la Unidad Camagüeyana. Es un opositor al régimen comunista que archiva en su historial cuatro condenas por su decidida actitud contestaria.

A mediados del mes de junio, Mantilla había terminado de purgar siete meses de privación de libertad en la prisión Kilo 8, donde se ha había convertido en uno de los símbolos de la resistencia en las cárceles castristas que acumulan más de 150 presos políticos.

Cuando salió en libertad a inicios de julio, el opositor camagüeyano concedió una entrevista para ADN Cuba y dejó clara su postura disidente y el compromiso irrenunciable de continuar la lucha por alcanzar la plena libertad del pueblo cubano.

Muy enfermo, en la prisión sus guardias se encargaron de acosarlo y maltratarlo. Virgilio Mantilla Arango contó a este medio las múltiples vejaciones de las que fue víctima, las técnicas de humillación y sometimiento aplicadas cotidianamente contra los presos políticos, y reafirmó su voluntad de redoblar los esfuerzos por ver al fin libre a la nación, siempre siguiendo las ideas del Apóstol de Cuba, José Martí.

El domingo 11 de julio el país entero se levantó del letargo y tomó las calles. Ese anhelo cultivado durante décadas por miles de activistas, líderes políticos, bibliotecarios y periodistas independientes, así como otros miembros de la sociedad civil, fue concretado de manera histórica y espontánea por el pueblo, acción donde se vieron reflejadas las ideas y sueños de muchos compatriotas que murieron, marcharon al exilio o resisten aún en la isla dentro de las filas de la oposición.

Aunque su precario estado de salud y el permanente operativo de la Seguridad del Estado que vigila su vivienda, no permitieron a Virgilio sumarse a las protestas en la calle, desde el portal y con su voz quebrada por la emoción y los padecimientos físicos, estuvo mucho rato arengando al pueblo. Denunció a viva voz al régimen dictatorial, exigió a las autoridades a detener la represión, y las invitó a unirse a la lucha. Emplazó a la corrupta cúpula en el poder que no sufre la miseria del pueblo y vive acomodada, mientras ordena reprimir a los manifestantes.

La actitud pacífica de Mantilla durante el levantamiento popular, fue suficiente para que lo detuvieran y trasladaran a una estación policial, acusado de supuesto “desacato”. En un rápido juicio exento de garantías, volvieron a condenarlo, por cuarta vez, ahora con nueve meses de privación de libertad.

Para los que conocemos a Virgilio Mantilla Arango sabemos que tal vez sea esta su última prisión. Su edad y frágil estado de salud quizás conspiren contra su entereza y al fin lo quebranten, algo que la férrea máquina represiva comunista no ha conseguido en sus anteriores intentos, pero sabemos que solo la muerte podrá callarlo.

Sus compatriotas de la coalición Compromiso Democrático, con José Martí a la cabeza, y el resto de movimiento opositor cubano, vivimos orgullosos de Virgilio. Igual que aquel poeta de la antigüedad que condujo a Dante a las profundidades del infierno para narrarlo, Mantilla Arango nos ha revelado el averno donde está encerrado hoy el líder de la Unidad Camagüeyana.