La historia de la mano de Zoé Valdés y cómo el malo era bueno y el bueno siempre fue malo
La escritora cubana Zoé Valdés se lanzó en una aventura, que solo el tiempo y la historia podrán colocar en su justa dimensión. Una vez que se lee su libro "Pájaro lindo de la madrugá" no se puede olvidar.
Zoé Valdés

Hay películas que nunca se olvidan, libros que siempre están como argumentos en los debates. Pájaro lindo de la madrugá es de los libros que devoras y siguen contigo el resto de la vida.

Zoé Valdés se lanzó en una aventura, que solo el tiempo y la historia podrán colocar en su justa dimensión. Fue hilvanando historias personales, con Elbio y Arsenio, con la Cuba actual, con el funeral del dictador y su jeep ruso paralizado, con dos habaneros fornicando frente al Cinecito y la PNR analfabeta. Y también a Pablo Neruda adulando a Fulgencio Batista y Alicia Alonso de consultora tras el 10 de marzo de 1952. También describe como Orlando González Esteva enseña por la radio, en Miami, el significado de guajiro. 

Esta nueva entrega de Zoé es mi libro de la pandemia, la lectura en tiempos de la COVID-19; ya que de seriales de televisión y buenas películas se ha encargado Netflix de dar la mejor oferta. De libros, uno solo; y es la historia del General Batista, en unas 300 páginas.

Mi amigo y colega Armando de Armas me prestó el libro. Recogerlo fue toda una aventura, en una ciudad desierta; y Armando refugiado tras una reja eléctrica en solitaria clínica en el corazón de la Pequeña Habana y pasando el libro en un parqueo sin autos. Era como buscar un libro prohibido en La Habana de los Castro.

Cuando los regímenes totalitarios marxistas colocan millones de libros panfletarios de historia, cuando tergiversan el pasado, ignoran los hechos, pintan de diablos a los héroes, no queda nada para leer. Por mucha academia e institutos de historia que quieran nombrar. Y eso pasa con la historia de Cuba. En la Isla no hay un libro de historia que salve la honra.

El libro es ejemplo perfecto cuando viene la literatura a salvar las lagunas de la historia. Sucedió en la URSS y ahora en la Rusia de Putin. No hay libros de historia que describan mejor la represión en la URSS que los Relatos de Kolima, Los Hijos de Arbat o Archipiélago Gulag. Y la guerra civil entre rojos y blancos que Doctor Zhivago, Cuentos del Don o La Guardia Blanca. Hoy día en Rusia con Una saga moscovita, sobre el estalinismo y Zuleija abre los ojos, dedicado a la represión a los campesinos tártaros.

Herta Muller, a pesar de escribir en alemán, describe los horrores del comunismo de Nicolás Ceaucescu en Rumania y la bielorrusa Svetlana Alexievich, expone las verdades de Chernóbil y de la invasión soviética a Afganistán; mejor que los libros de historia que editan en Rusia.

 

Este libro de Zoé Valdés rompe esquemas, abre capítulos, lanza retos y enseña a las nuevas generaciones de cubanos y cubanoamericanos un rostro, una vida, una historia de un individuo que ha marcado a la Isla durante gran parte del siglo XX.

Va la autora marcando diferencias claras, que en seis décadas han omitido a priori en Cuba, como la historia de un padre mambí de Batista, peleando junto a José Maceo y otro, el de Castro, junto a Valeriano Weyler.

Intercala frases que todos hemos pensado una u otra vez, que hemos querido decir o que la tenemos revoloteando en nuestras mentes –"hace más de medio siglo que este país huele muy mal, apesta" o "cómo los turistas que descubren belleza en donde solo hay pobreza".  

En boca de Elbio, un guajiro cubano, vienen las más crueles sentencias de la realidad en la Isla, habla del daño antropológico y moral al cubano, que ya se lo había oído describir con cristiana dolencia a Dagoberto Valdés. Expone la ausencia de "valor, moral y formación" de los militares cubanos para encabezar una revuelta y habla de la ignorancia de la propia historia y el no saber nada de la Historia Universal.

Precisamente, Elbio es quien sentencia a los cubanoamericanos que se aprestan a pagar cientos de dólares por un pasaporte de dos años de duración para viajar a Cuba, bajo los mandamientos del régimen, perdiendo la condición de exiliado. "Ya no eres un exiliado…has regresado bajo el mismo régimen que te dio la patada por el culo".

Los personajes polemizan sobre la trayectoria y aparecen los if de la historia. Qué hubiera pasado si…esas son siempre es interrogante. Qué si se quedaba en la Florida y no regresada, si no tomaba Columbia en 1952, si no hubiera cerrado los ojos a los juegos de sus supuestos amigos políticos y militares. En fin, una larga lista de if… pero ambos personajes y los lectores coinciden en que "Cuba perdió a Batista".

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