Artistas de Korimakao denuncian abusos y explotación
Artistas que formaron parte del Conjunto Artístico Comunitario Korimakao, en la Ciénaga de Zapata, denuncian que la dirección del grupo los explotaba laboralmente
Payasos del proyecto artistico Korimakao en 2013. /Foto: Yurislenia Pardo. Blog Ala y Raiz

En el corazón de la Ciénaga de Zapata, Matanzas, se levanta un Conjunto Artístico Comunitario, con un objetivo singular: llevar el arte a todos los habitantes del municipio más grande de Cuba.

El Korimakao, que significa “hombre con la casa a cuestas”, se ha convertido en una especie de “trampolín” para algunas personas con actitudes y cualidades para el arte, pero que por determinadas razones no han podido cursar estudios en escuelas de arte.

Fundado por el prestigioso actor Manuel Porto, y por el comandante de la revolución Faustino Pérez, el Kori, como también se le conoce, se presta a ser luz en medio de una comunidad ávida de arte. Pero esa luz queda apagada cuando los directivos priorizan intereses económicos sobre la calidad artística de las presentaciones.

“Me fui del Kori porque me sentía explotada— cuenta Samara— fui allí por lo bien que hablaron en la televisión del Conjunto, y permanecí por 3 años, pero me fui, junto a otros de mis compañeros, porque estaban abusando de nosotros en casi todos los sentidos”.

Semanalmente el Korimakao recibe a más de cinco delegaciones de extranjeros, a quienes llevan allí para mostrarles el arte que hacen los residentes en la Ciénaga de Zapata.

“Cuando se reciben las delegaciones, se para todo el proceso artístico del Korimakao. No importa si estás en el montaje de una obra de teatro o una coreografía, o si estás ensayando con tu grupo de música. Todo el lugar se pone en función de los turistas”—asegura Lisbeth, quien fue integrante del grupo 8 años atrás.

“Los artistas plásticos tienen que pintar cuadros para vendérselos a los extranjeros, o los actores mostrar el fragmento de determinada obra teatral. Por todo eso, el Korimakao, o más bien los jefes, reciben dinero donado por los extranjeros”, relata.

 

 

Ese dinero supuestamente se debería emplear en la producción de espectáculos, en comprar instrumentos, telas, zapatillas de danza, u otros artículos de primera necesidad para los artistas. Pero los artistas no creen que el dinero se utiliza en la alimentación, a la que califican de “fatal”.

“Hubo ocasiones en la que los turistas nos regalaron dinero— dice José Ernesto, un exbailarín del Conjunto—. Nos regalaban el dinero a nosotros, no al Korimakao, y cuando ellos se iban, pasaban los jefes y nos lo quitaban diciendo que lo usarían en comprarnos cosas para que pudiéramos hacer mejor arte.

“En los seis años que viví allí nunca me dieron zapatillas, y los vestuarios siempre fueron los mismos. Con los vestuarios viejos se hacían los nuevos. Nunca vimos que se emplearan esas donaciones en satisfacer nuestras necesidades”, prosigue José Ernesto.

“Una vez vinieron dos guaguas Transtur llenas de turistas franceses, y cuando terminamos de mostrarles el fragmento de la obra de teatro, nos regalaron a cada actor boinas y bufandas como las que usan en Francia. Cuando se fueron, vinieron los jefes y nos quitaron los regalos con el pretexto de que ellos las guardarían para usarlas como vestuario. Al cabo de los días, la directora artística del Conjunto andaba con una boina y una bufanda de esas”, cuenta Aliet.

 

 

Quizá el Korimakao sea el mejor lugar de Cuba para hacer arte, debido a la infraestructura de su sede, donde cada artista tiene un cuarto, con cocina, baño, sala, balcón, terraza. También existe lavandería, comedor, tabloncillos de danza y teatro, salón para los músicos, talleres para los artistas plásticos, salas de audiovisuales.

Pero, al decir de varios entrevistados, lo que funciona mal en el Korimakao es la dirección. “Ya Porto [Manuel] no reside en ese lugar, pero a lo mejor ni él mismo sabe de los manejos de las personas que puso al frente”, comentó Aliet.

En el año 2014, hubo un éxodo masivo de artistas que vivían en el Conjunto Artístico, Comunitario debido a insatisfacciones con la junta directiva. Cuentan que eran tratados como objetos y que, además de preparar presentaciones para extranjeros, lo único que hacían era montar el espectáculo en honor al 19 de abril, fecha en que se conmemora la invasión de Playa Girón o Bahía de Cochinos.

Luego de que se marcharan todos esos artistas — en total fueron cerca de 30—, el Korimakao quedó solo con 8 artistas, que también se marcharon poco tiempo después, según relatan testigos de aquellos hechos.