Ancianos de Santiago de Cuba sin vivienda digna recibieron ayuda del exilio
Hace 8 años que Fernando Fernández e Irma Pacheco viven en una casita improvisada, con piso de piedras y tierra, hecha con lo poco que les quedó luego del paso del huracán Sandy en 2012
Hace 8 años que Fernando Fernández e Irma Pacheco viven en una casita improvisada, con piso de piedras y tierra, hecha con lo poco que les quedó luego del paso del huracán Sandy en 2012
 

 

Los dos ancianos del Cristo, Santiago de Cuba, que hace semanas ADN Cuba había reportado las condiciones precarias en las que viven, recibieron ayuda del exilio cubano.

Sus viviendas fueron afectadas por el ciclón Sandy (2012) y continúan hasta el momento con problemas serios. Denuncian estar abandonados totalmente  por parte del gobierno de la Isla.

Hace 8 años que Fernando Fernández e Irma Pacheco viven en una casita improvisada, con piso de piedras y tierra, hecha con lo poco que les quedó luego del paso del huracán Sandy en 2012.

Desde esa fecha, ambos comenzaron a moverse en busca para que el régimen cubano les diera un subsidio o les brindara hogar y hasta la fecha han sido ignoradas sus demandas. Cada vez que van a realizar dichas diligencias son "peloteados", como se dice en Cuba a la gente que te miente y no va a atenderte.

"No han hecho nada por nosotros, no nos han dado nada. Han dicho que nos van a hacer la casa pero hasta esta fecha no se ha hecho nada. Esto en lo que vivimos lo hicimos de lo que quedó tras el ciclón. Era una cosa momentánea, para guarecernos por poco tiempo, pero no nos han hecho la casa", comentó Fernández a ADN Cuba.

Además de techo, estos ancianos viven en la pobreza y a veces se acuestan sin comer. 

"Yo duermo en un mueble de madera y es muy incómodo. No tengo comida en la casa. Cada día me desespero más al no ver solución", agregó el señor a inicios de mayo.

Por su parte, Irma detalla cómo se prepara para mojarse cada vez que llueve debido al techo improvisado de la casa. También se lamenta de los pocos alimentos que tienen. "En ocasiones me acuesto con un poco de agua azúcar en el estómago y ya, hasta el otro día a esperar qué aparece".

Explica que cuando tienen algo de dinero intentan hacer alguna cola para obtener productos de primera necesidad, pero las filas son tan grandes que tienen que regresar con la bolsa vacía.

"El ciclón me desbarató mi casita y mira el tiempo que ha pasado y todavía no hemos recibido nada. Yo me siento muy abandonada, porque mire que se han hecho diligencias para que nos ayuden, aunque sea nos den un techo y no hay manera. Siempre nos pelotean y ya yo me he cansado de estar insistiendo", lamenta la adulta mayor.