Siete años después de trágico accidente: Así sobrevive la actriz Patricia Ramírez

La actriz cubana trabajaba entonces en la telenovela “Cuando el amor no alcanza” pero solo apareció en unos pocos episodios antes del trágico accidente
actriz Patricia Ramírez
 

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El 17 de abril del 2014 en la capital cubana, la joven actriz espirituana Patricia Ramírez paseaba en un auto cuando este fue impactado por otro, justo en el sitio donde ella venía sentada.

La joven fue la única lesionada en el siniestro y desde entonces, siete años después, continúa encamada y con el fuerte diagnóstico de una muerte neurológica.

Por estos días, su madre Nilda González ofreció declaraciones al semanario Escambray donde habló sobre el estado actual de su hija y cómo ha sido todo este largo período de atención en hospitales y finalmente en su casa de la capital espirituana.

En la fecha del accidente Patricia Ramírez tenía 23 años y una prometedora carrera como actriz. Filmaba por esos días la telenovela “Cuando el amor no alcanza” como el personaje de Leida, pero no pasó de unos poco episodios. Su sustitución llevó a que se filtrara en redes sociales la dura realidad, un fatal accidente de tránsito.

“Eso no se olvida jamás, de esos palos que te da la vida, recibir una llamada: ‘Tu hija tuvo un accidente’ y montarte en una Yutong, llegar y pasarte en una camilla por delante y no conocerla. Y yo: Esa no es Patricia. Estaba muy inflamada”, dijo la madre a la prensa.

El impacto del coche le provocó múltiples traumas craneales y diversas fracturas a la joven actriz y comenzó así una pesadilla familiar.

“Estuvo 58 días en terapia intensiva y 28 en coma profundo”. En abril del 2015 llegó al Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN). “Ahí permanecí tres años. Todo fue muy duro: entrar diario a una terapia y escuchar que tiene muerte neurológica…, no lo aceptas. Le decía a un médico pinareño: ¡Ay!, doctor, ¿me está diciendo que me tengo que ir preparando porque mi hija va a morir?, y rompía a llorar”, añadió González.

“Ella no es un vegetal, es estado neurovegetativo, no es adornarlo, es que duele mucho. Cuando escuché esa frase por primera vez fue duro, duro, es que no lo concibes”, agregó en su conversación.

González explicó que en medio de esa situación se abrazó a posibilidades de restauración fuera de Cuba. Revisó en Estados Unidos una Fundación Internacional de Restauración Neurológica, en México un médico con un proyecto Reanima para despertar cerebros muertos, en la India uno similar según una noticia en el diario Granma y sobre las Clínicas Nissan en España.

“Al principio pensé que era transitorio y me decía: ella va a salir de esto, va a mejorar. Pero leía mucho, sabía lo que era y la decisión fue mía. Nunca me dijeron: llévatela. Pero el tiempo no pasa por gusto, llega un momento en que te percatas, sé que su daño es irreversible, pero tuvieron que pasarme siete años para darme cuenta”, sigue diciendo.

“A veces me acuesto y soy un despojo de huesos, su atención es las 24 horas del día, tengo cansancio físico, pero tengo que hacerlo, es un compromiso del alma, de las entrañas, de ese amor infinito de madre con una persona que sabes no se puede valer, de que tienes que ser tú, que no te puedes cansar, de que a las once de la noche la sientes toser con flema y sabes que si no las aspiras no duerme”, dice desde el dolor la madre.

“A veces me pongo a llorar, sufro con las curas fuertes en las escaras, tiene que ser así, pero me duele. En la noche me levanto, le doy una Aspirina, una Duralgina, porque imagino que tiene dolor”, continúa.

Nilda dice que algunos estudios demostraron que su hija percibe su voz y la identifica. Por ello siempre que está cerca le pregunta si se siente bien y Patricia solo parpadea. Una y otra vez la madre sostiene largas conversaciones con ella, le cuenta sobre su hermano, le habla de vestidos.

“He soñado que se levantó de esa cama. Pero, asumo esta Patri. Nadie disfruta un estado como este, pero la disfrutas cuando la vistes, cuando le hablas de su hermano, cuando entras a la habitación. Porque lo que tú tienes ahora es tu hija y tienes que aprender”, expresa.

“No creo que haya ningún mérito para ponerme una medalla, porque es que lo tengo que hacer, yo sé que mi hija en su estado, si percibe algo o siente algo, está convencida de que esa es mi actitud con ella. Lo que estoy haciendo ella lo esperaba de mí”, concluye.