Trabajos “ilegales” o dejarse morir de hambre, la disyuntiva de un discapacitado cubano
Elvio Sánchez, discapacitado visual, se enfrenta a una triste disyuntiva: o hace trabajos por su cuenta, que pueden ser ilegales por los férreos controles del gobierno cubano, o se deja morir de hambre
Elvio Sánchez
 

Elvio Sánchez Rodríguez, discapacitado visual, se enfrenta desde hace más de un año a una triste disyuntiva: o se dedica a hacer trabajos por su cuenta, que pueden considerarse ilegales por los férreos controles del gobierno cubano, o se deja morir de hambre.

Lleva un año y tres meses con “crisis económica de todo tipo”, sin condiciones para la mantención de su higiene personal y la del hogar y sin una alimentación adecuada o suficiente.

“El estado nunca me ha dado ayuda económica, pero lo que yo siempre he planteado es que quiero ser un ser social útil. Si estoy apto para trabajar, quiero trabajar”, dice Elvio entre lágrimas ante las cámaras de Cubanet, que han grabado en varias ocasiones el día a día de su dura realidad.

La primera grabación, recuerda el propio Elvio, fue días antes del inicio de la pandemia en Cuba, el 11 de marzo. “En ese entonces llevaba un año y cuatro meses sin trabajar. Había bajado una buena cantidad de peso, pero en esta situación ya ustedes ven cómo estoy. Me he vuelto pelo nada más. Pelo nada más es lo que soy”, describe con una sonrisa de amargura.

Según relata, antes de la penosa situación que atraviesa tenía un carné de cuentapropista y se dedicaba a vender carne para perros. En algún momento funcionarios del gobierno le cuestionaron su actividad, alegando que no podía vender ese alimento porque podía ocasionar enfermedades en las personas. 

“Adquiría la carne de los que mataban para surtir los kioscos de venta de carne de cuentapropistas. Se supone que si esa carne la declararon apta para el consumo humano, y es la misma que se vendía en varios puntos, no debería haber problemas para que yo la vendiera”, reflexiona Elvio sobre lo que considera una injusta decisión en su contra.

“Luego me plantean que me dedique a moler y vender granos, y yo les planteo que, si en estos momentos no hay grano ni para la población alimentarse, cómo era posible que me dedicara a eso.

Quizás hay dos opciones, dedicarme a hacer trabajos ilegales o de otra forma dejarme morir de hambre”, reitera ante la dificultad de ver otras soluciones para su situación y la falta de atenciones por parte del gobierno, ese que dice que no deja a nadie atrás, en el abandono.