Segunda ola de COVID-19 en Cuba
El aumento de casos de la enfermedad pandémica en las últimas jornadas es una señal de alarma para las autoridades sanitarias y el régimen, que se apresuró en algunas medidas de relajación
Los casos han aumentado notoriamente en los últimos días
 

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El Ministerio de Salud Pública de Cuba (Minsap) ha publicado números crecientes de casos activos de COVID-19 en los últimos días, lo cual constituye una señal de alarma para las autoridades sanitarias. El país pasó de reportar 39 casos activos el 23 de julio a 276 el pasado 5 de agosto y la tendencia de esta variable epidemiológica por el momento es creciente.

El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista Cubano (PCC) presentó un plan de medidas de recuperación tras la epidemia el 10 de junio de 2020. A pesar de que la mayoría de las provincias cubanas llevaban semanas sin reportar nuevos casos positivos, esta decisión fue tomada cuando el país aún se encontraba cursando el segundo pico de casos activos, generados principalmente en La Habana y Matanzas. 

El régimen, apresurado por “reabrir” la economía, comenzó la aplicación de dicho plan de eliminación de restricciones el 18 de junio en todo el país con excepción de las dos provincias antes mencionadas.

Actualmente Cuba reporta casos positivos en tres provincias: Artemisa, La Habana y Villa Clara, siendo las dos primeras las que presentan un mayor número de casos.

El régimen decidió este 6 de agosto que Artemisa retrocederá de la fase 3 de recuperación pos COVID-19 a la fase 2 debido al incremento y la dispersión de casos positivos de la enfermedad en dicha provincia. El municipio Bauta regresará a la fase 1.

Garantizar la “impermeabilidad” de los límites entre las provincias es un gran reto y todo parece indicar que esto no se logró entre Artemisa y La Habana. Otro desafío está en impedir que turistas extranjeros potencialmente contagiados con SARS CoV-2, que visitan los cayos cubanos, no introduzcan el virus en la población nacional. 

Para ello los turistas deben ser diagnosticados mediante RT-PCR y los trabajadores de esos polos turísticos tienen que ser sometidos tanto a pruebas diagnósticas como a cuarentenas que permitan asegurar que no han sido contagiados antes de regresar a sus viviendas en las ciudades cubanas.

Existen varios problemas que aumentan la probabilidad de que el actual incremento de casos positivos devenga en una segunda ola de contagios de mayor magnitud que la primera. 

La percepción de riesgo de contagio de COVID-19 en el pueblo cubano ha disminuido debido al cansancio por el largo periodo de aislamiento social, a la necesidad de reactivar la economía familiar y a la eliminación de medidas de contención del régimen cubano. El hecho de que el director nacional de Higiene y Epidemiología, Francisco Durán García, no se muestra con nasobuco durante las últimas conferencias de prensa diarias, envía un mensaje de “situación controlada” que es contraproducente si se pretende aumentar la percepción del riesgo en la población.

El régimen cubano necesita abrir la mayor cantidad de actividades económicas posibles para palear la profunda crisis presente antes de la llegada de la epidemia, pero agravaba por la misma. Al igual que en el pueblo, se percibe un cansancio en funcionarios y agentes del orden, muchos de los cuales han tenido que cambiar sus funciones habituales para dedicarse a organizar y controlar durante horas colas de compra de alimentos y productos de aseo en tiendas y mercados.

Producto de los problemas anteriormente señalados, y a diferencia del escenario que existía al inicio de la pandemia, muchos cubanos no están cumpliendo estrictamente con las medidas de aislamiento físico y de higiene. 

El transitar por las fases de recuperación para él es un imperativo, pero los rebrotes de casos y esta segunda ola de contagios constituyen obstáculos para los planes del estado.

Entre las ventajas del Minsap en el día de hoy con respecto a los primeros momentos de la epidemia en Cuba están la experiencia ganada en el manejo de las complicaciones de salud de los pacientes de COVID-19, lo cual hace que disminuya la tasa de letalidad, y la mayor capacidad de realización de test diagnósticos RT- PCR, actualmente superior a los 3 000 test diarios.

Esta última ventaja hace que en el presente se puedan detectar en nuestro país un porcentaje de casos positivos más cercano al real número de casos positivos que durante la primera ola de contagios. Si el sistema sanitario cubano logra aprovechar estas ventajas, esta segunda ola de contagios que estamos viviendo no alcanzará las dimensiones de la primera.
 
Cuba no es la única nación que está experimentando este fenómeno. Países como Australia, Japón e Israel han sido elogiados por responder de forma exitosa frente a la llegada de la pandemia de COVID-19 a sus respectivos territorios, pero luego han sufrido una segunda ola de contagios como consecuencia del relajamiento de las medidas de contención. En el área del Caribe continental Costa Rica es un ejemplo de país que controló de forma satisfactoria la primera ola de contagio, pero que ha experimentado una segunda ola mucho peor que la primera luego de eliminar la cuarentena.

El riesgo de ocurrencia de nuevas olas de contagios de COVID-19 va a existir hasta que se realice una eficaz campaña de vacunación contra el virus SARS-CoV-2. Mientras tanto debemos continuar viviendo conscientes de que si nos relajamos en las medidas contra el COVID-19 volveremos a sufrir grandes olas de contagios con la consabida cuarentena y ocurrirán más muertes por esta fulminante enfermedad.