Seguir la ley o morir de hambre
Muchos operadores de bicitaxis en Holguín continúan trabajando a riesgo de ser multados, perder su medio de trabajo e incluso guardar prisión
Algunos bicitaxistas se resisten a quedarse en casa
 

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A pesar de las medidas implementadas por el régimen para todo el país desde el 11 del presente mes, paralizando el transporte público urbano en todas sus modalidades debido a la COVID-19, muchos operadores de bicitaxis en Holguín continúan trabajando a riesgo de ser multados, perder su medio de trabajo e incluso guardar prisión.

No hay una calle de la urbe donde, de manera furtiva, no encuentres a alguno de estos emprendedores tratando de encontrar un pasaje.

A simple vista pudiera pensarse que los mueve una irresponsabilidad enorme, sin embargo, lo que hay detrás es una historia de abandono y falta de interés político por parte del gobierno, quienes los ha librado a su suerte sin intentar siquiera un método para ayudarlos a sobrevivir.

Aunque todos comprenden los motivos de la imposición, sienten que no ha sido implementado un sistema que les permita acatar las regulaciones y poder cumplir con el aislamiento social. Al respecto, Alberto, uno de los afectados, afirma: 

“Te quitan la licencia y te mandan a quedarte en la casa. Sí, no hay que pagar la patente, pero ¿a mis hijos quien les da la comida?”.

Por eso Alberto se ve obligado a correr el riesgo de ser multado, perder su bicitaxi o incluso ir a la cárcel, acusado por propagación de epidemias.

“Ellos dictan la ley y no les importa a quien perjudica, yo sé que la cosa está que arde con eso del virus, lo mismo pueden ponerme tres o cinco mil pesos y quitarme el bici, que meterme preso, ya hay a quien se lo han hecho, pero tengo familia que mantener y sin esto no puedo poner el plato en la mesa. De la policía y los inspectores, de todos modos, siempre hay que andar escapando”.

Ante la pregunta de si no siente temor de contraer la enfermedad, contesta:

“Claro que sí, más que nada por los “chamas”, pero fíjate, no aparece nada de comer, no hay pollo, el arroz, si aparece, es a 45-50 pesos (2.00 CUC); es difícil encontrar viandas y la carne de puerco está más difícil que la de vaca, cuando aparece algo es carísimo. Entonces, si no trabajo no comen, así de fácil, se mueren de hambre”.

Aunque la afluencia de personal se ha reducido mucho en la ciudad, trayendo como consecuencia una disminución importante de pasajeros, Alberto opina que:

“Hay que pasar más trabajo, pero siempre se “raspa” algo. En la casa, ahí sí que no cae nada del cielo”.

Otro operador de bici, Julio César, opina además que:

“No es suficiente que no cobren el fisco, el asunto es que si no trabajas no comes, a nadie le gusta andar con estos calores dando pedales, escondiéndote de la policía y encima con este trapo puesto en la nariz, que casi uno no puede respirar, preferiría no tener que hacerlo, pero no tengo remedio, si me cogen, ya veré que hago pa´ pagar la multa o lo que sea, pero si no “pincho” nadie me va a llevar un plato de comida a la mesa”.

Si bien las medidas adoptadas por el régimen para intentar frenar el avance de la enfermedad son necesarias, la realidad es que, como siempre ha pasado, no se han sentado a pensar cómo resolver, al menos mínimamente, el problema que enfrentan los pequeños negocios como el de los bicitaxistas.

La ley número 24 de 1979 de seguridad social asegura en uno de sus “por cuantos” que: “La sociedad socialista, en la búsqueda incesante de formas encaminadas a satisfacer cada día en mayor medida las crecientes necesidades materiales y espirituales del pueblo, ofrece una amplia protección social, en la que se destacan la preservación de la vida y la salud, la educación y la seguridad social, aspectos que constituyen una responsabilidad y un objetivo primordial del Estado”. 

En su ARTÍCULO 1 expone que “el Estado garantiza la protección adecuada al trabajador, a su familia y a la población en general mediante el Sistema de Seguridad Social, que comprende un régimen de seguridad social y un régimen de asistencia social”.

En el 4, que “están protegidas por la seguridad social: a) los trabajadores asalariados de los sectores estatal, cooperativo y privado (….)”

Sin embargo, en la práctica sucede que estos trabajadores no perciben la seguridad social como algo que los ayude a mantenerse en el cumplimiento de las medidas emitidas por el Ministerio del Transporte.

“Uno pasa la vida pagando la seguridad social, son 87 pesos y pico todos los meses, yo tengo como 10 años pagando, sin ningún retraso, lo menos que pueden hacer es darle a uno un salario hasta que esto pase, creo que sería más justo que tirar a uno  a la casa sin poder trabajar y sin ninguna entrada”.

Alberto cree que los trabajadores en esta situación deberían unirse para ir a reclamar sus derechos.

“Yo estoy hablando con otros colegas para ver si puedo convencerlos de ir a transporte, seguridad social, al partido, a donde sea, para quejarnos y exigir que ya que no podemos trabajar, y se entiende el porqué, al menos que nos den algo del dinero que nosotros pagamos a la seguridad social, que se supone que es para cuando uno esté “jodío” y no pueda trabajar. Bueno, pues ahora este es un momento donde estamos muy jodidos todos, que nos den algo pa´ poder quedarnos en casa”.

Sin embargo, otros opinan que eso lo único que traerá será más problemas para todos, empeorando su situación.

“A esa gente no le importa nada de lo que te pase, se van a limpiar el culo con lo que digamos, como siempre hacen, y entonces nos van a caer arriba y no vamos a poder ni asomaros a la puerta sin que nos pongan una multa o algo peor”, afirma Julio César, quien, según la experiencia, lleva razón.