Ola de mendigos invade La Habana

El gobierno, especialista en enmascarar realidades, no se digna a nombrar a estas personas como indigentes sino como “deambulantes”, al parecer porque la palabra indigente suena demasiado fuerte para mezclarla con “revolución” o “socialismo”.
Mendigo-Cuba
 

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El número de personas menesterosas en La Habana creció debido a las consecuencias económicas de la llamada “Tarea Ordenamiento”, informaron trabajadores sociales de la ciudad.

Según el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), los índices de pobreza, ya altos, se han disparado a niveles de miseria extrema para muchos cubanos, que encuentran en las calles el único medio de subsistencia.

“Lidiamos con esto cada día. Incluso, personas pensionadas muchas veces no tienen cómo subsistir. Los planes de ayuda que ofrecemos no alcanzan para el sustento. La Habana Vieja es un municipio donde se registra la mayor cantidad de deambulantes”, aseguró a ICLEP la trabajadora social Claudia Álvarez.

Requeridos para comprobar la situación, funcionarios de ese municipio negaron la crisis y pidieron a miembros de ICLEP que no siguieron exigiendo respuestas, antes de darles la espalda.

El tema de las personas “deambulantes” siempre ha sido, de una manera u otra, esquivado por el régimen cubano. Reconocer y tratar la existencia de mendigos y personas sin ningún vínculo familiar o social no es algo que resulte muy grato al pretendido “paraíso socialista”, ya que, según el discurso oficial, “la revolución no deja desamparado a nadie”.

El gobierno, especialista en enmascarar realidades, no se digna a nombrar a estas personas como indigentes sino como “deambulantes”, al parecer porque la palabra indigente suena demasiado fuerte para mezclarla con “revolución” o “socialismo”.

Sobre todo, se trata de personas de la tercera edad, quienes deambulan los lugares más concurridos de cada ciudad, muchas veces esperando para que se les compre un periódico o extienden sus manos para recibir “algo” que les permita adquirir un bocado de comida. Muchos sobreviven con menos que eso al día.

Pero no todos los afectados son alcohólicos ni mucho menos dementes, como muchas veces se piensa; entre ellos se encuentran combatientes internacionalistas, deportistas, maestros y otros profesionales quienes deben sobrevivir con la mísera pensión otorgada por el gobierno.