Holguín, entre indigentes e indolentes

El gobierno, especialista en enmascarar realidades, no se digna a nombrar a estas personas como indigentes sino como deambulantes, al parecer porque la palabra suena demasiado fuerte para mezclarla con revolución o socialismo
Algunos se ganan la vida vendiendo periódicos
 

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“Es difícil caminar, o sentarse en algún lugar sin que vengan a pedirte dinero; yo siempre les doy algo, pero hay días en que estoy casi a punto de mendigar también”. Es el sentir de Edel, un joven que trabaja en la dulcería “La crema” ubicada en el bulevar holguinero.

Y es que cada vez son más los mendigos en la ciudad de los parques. “Antes, comenta Edel, te encontrabas con algunos alcohólicos que pedían por las calles; ahora vienen mujeres con niños chiquitos, ancianos, gente que se ve que la tienen dura y están muy mal, hasta un muchacho que pone un San Lázaro y la gente le tira lo que puede”.

Sobre todo se trata de personas de la tercera edad o con impedimentos físicos o mentales, quienes deambulan los lugares más concurridas de la ciudad, muchas veces esperando para que se les compre un periódico o extienden sus manos para recibir “algo” que les permita adquirir un bocado de comida. Muchos sobreviven con menos que eso al día.

Ya sea comprándoles algún alimento o simplemente dándole unas monedas muchos ayudan en lo que pueden, sin embargo, no son pocos los que piensan que estas personas mantienen esto como negocio.

“Un día me encontré con uno al que le di lo único que tenía para pasar el día y más tarde me lo encuentro contando un fajo de billetes, es verdad que hay gente con una necesidad que se están muriendo, pero los hay que son unos descarados y pueden trabajar”. Argumenta José quien desde su bici taxi espera encontrar algún cliente.

Así mismo piensa Heriberto, quien trabaja en la limpieza del bulevar y que compartió su criterio con este reportero: “Yo vivo en un ‘llega y pon’ detrás de la loma de la cruz; eso está de madre, allí hay gente que no quiere trabajar y los veo aquí pidiéndole a los turistas, conozco gente a los que les han dado casa y las han vendido; venden los mandados, todo para tomar alcohol”.

Ya sea por propia decisión, desamparo familiar o falta de un trabajo consiente por parte de las instituciones de salud y seguridad social, lo cierto es que la población indigente en la ciudad ha aumentado ostensiblemente en los últimos años. Sin embargo, la tendencia oficial es al no reconocimiento del fenómeno.

Aunque existen planes y ayudas del gobierno, en la práctica sólo se hacen patente los llamados “restaurantes de la familia” esos pequeños establecimientos donde se expende comida cocinada a precios subsidiados.

En uno de estos locales ubicado en el centro de la ciudad un ciudadano que pidió anonimato conversó con ADNCUBA.

“Aquí vienen cientos de personas, sobretodo ancianos, algunos no pueden ni siquiera pagar los dos o tres pesos que vale un potaje mientras que otros quieren comprar raciones dobles. Hay días en que nosotros podemos y entonces damos un poquito más, pero no siempre”.

Sin embargo, y no se ha podido recabar información fidedigna al respecto, existe el comentario de que estos locales van a desaparecer.

Dayamí Expósito, custodio en el hospital psiquiátrico, ubicado en la localidad conocida por Oscar Lucero a las afueras de la ciudad comentó: “a veces, sobre todo cuando viene alguien importante a la provincia, la policía lleva para el hospital a algunos pacientes, pero unos días después les dan el alta y los sueltan o simplemente dejan que se escapen. Un médico, no te voy a decir el nombre, me dijo que muchos no están locos sino que simplemente ni tienen casa y que los recursos son para los pacientes que sí los necesitan, por eso los dejan salir”.

Este periodista conversó con un agente de orden público retirado quien en condición de anonimato declaró: “El protocolo oficial es recogerlos y llevarlos para el hospital, pero como ellos los sueltan al otro día, ya la policía ni hace el esfuerzo, son gente problemática, algunos andan armados y se fajan si uno los trata de coger, además, como hacen bulla la gente graba y lo pone en internet, así que intervenir es cuando sea muy necesario”.

El gobierno, especialista en enmascarar realidades, no se digna a nombrar a estas personas como indigentes sino como “deambulantes”,  al parecer porque la palabra indigente suena demasiado fuerte para mezclarla con “revolución” o “socialismo”.

Una fuente protegida fue consultada en la ONEI de Holguín: los datos sobre estas personas no se registran sino que pueden aparecer con nomenclaturas edulcoradas.

“Ellos existen, todo el mundo sabe que están ahí, pero si se hace registro de su existencia entonces se les está reconociendo y ya tú sabes cómo son las cosas aquí, por eso debes buscar los datos entre índices de alcoholismo, enfermos mentales, o ancianos sin amparo filial”.

Pero no todos los afectados son alcohólicos ni mucho menos dementes; entre ellos se encuentran combatientes internacionalistas, deportistas, maestros y otros profesionales quienes deben sobrevivir con la mísera pensión otorgada por el gobierno.

ADNCUBA conversó con Roberto quien a sus 65 años nos cuenta: “Me levanto todos los días a las 4:00 de la madrugada para ser de los primeros en la cola del periódico, marco varias veces para comprar no menos de 10 que después vendo a un peso, me busco en eso unos 8 pesos (0.32 CUC). Con eso tengo para resolver en el comedor. Después si cae algún patio lo limpio o le busco agua a algún vecino y me busco alguito más por ahí, pero yo no le robo ni le pido nada a nadie”.

Roberto afirma que ha logrado hacer hasta 25 pesos en un día bueno, o sea que este señor sobrevive, las más de las veces, con menos de 1 CUC al día.

No se trata solamente de personas que vestidas con harapos intentan mover la compasión de los transeúntes. Los hay que no andan dando vueltas por las calles; algunos incluso laboran o dedican su esfuerzo a hacer colas durante la noche en lugares como emigración, consultoría jurídica internacional y otros centros donde las personas les pagan para evitarse la mala noche a la intemperie.

Baste echar un vistazo a los barrios más pobres y “marginales”. Encuentras a personas durmiendo en la tierra o sobre cartones, rodeados de paredes que, en el mejor de los casos, están hechas con madera muy podrida, sin un mínimo de salubridad, para darse cuenta que no solos esos menesterosos que deambulan las calles están en la indigencia. Ellos son apenas la punta de iceberg creado por la economía de supervivencia que el régimen comunista ha impuesto a esta patria afligida desde hace más de 60 años.

Pero la indiferencia va más allá de los predios gubernamentales. Sobre este tema poca gente quiere hablar o esquivan el tema diciendo: “Si está así es porque Dios quiere”. Otros sacan a colación un refrán tristemente popularizado en estos tiempos de deshumanización: “si ves a alguien en el suelo, dale con el pie para que acabe de hundirse”.

Lo cierto es que estas personas sienten y sufren, pero mucha gente pasa por su lado y voltean la cabeza para no verlas. La policía los expulsa de los lugares con malas palabras y en muchas veces a empujones, o son recluidos contra su voluntad en el hospital psiquiátrico mientras dura la visita de algún ilustre invitado.

Otros, en cambio, con humana solidaridad extienden unos centavos, porque comprenden que es necesario hacer algo por estas personas con hambre, mucha hambre, palpable y real.