"Me da pena decirlo, pero paso hambre": cubano enfermo de cáncer

Olvidado por el Estado, Rafael Velazco, un albañil de 62 años, espera la muerte en una casucha sin chequera y viviendo de la caridad de sus vecinos.
 

Reproduce este artículo

Rafael Velazco Hernández, un anciano enfermo de cáncer, que reside en Camagüey, tiene pena de decirle a sus vecinos que pasa hambre, a pesar de que estos lo ayudan cuando pueden.

Narró a CubaNet todo lo que padece para conseguir alimentos, pues sus ingresos ni siquiera le alcanzan para pagar la canasta básica del Estado en las bodegas donde se venden productos racionados.

De profesión albañil y con 62 años, no tiene chequera y hace poco le diagnosticaron un cáncer de próstata. Con la crisis desatada por el coronavirus ahora él y su esposa, quien padece una enfermedad mental, viven aún peor que antes.

Rafael vive de la buena voluntad y algún recado que hace para sus vecinos, quienes le dan “10 o 20 pesos”, comentó. Por otra parte, su vivienda difícilmente puede llamarse casa: unas tablas remendadas, a punto de caer.

Los trabajadores sociales, la sede del Partido en Camagüey y la Dirección provincial de Vivienda le han negado ayuda a esta familia pobrísima. Actualmente, no tiene esperanza de recibir ayuda.

Velazco no es el único cubano al que las autoridades han negado ayuda para, al menos, mejorar su situación de vivienda.

La víspera, Yuleisy Rodríguez Chaple, madre de cuatro hijos, denunció que las autoridades del municipio capitalino Diez de Octubre se negaron a ayudarla porque denunció su caso ante medios independientes.

Rodríguez solicitó hace tres años ayuda de cualquier tipo al gobierno cubano para salir del hacinamiento en que vive con su familia. Confió en que le darían solución a su problema, pero hasta hoy ni la más mínima ayuda.

La joven es madre soltera y actualmente vive en casa de su exsuegra, junto a otras nueve personas. “Imagínese, es una casa súper disfuncional por problemas de familia (…). En este pedacito de sala —señala un espacio estrechísimo—, duermo con mis hijos en el suelo porque no tengo donde vivir”.

Datos oficiales, recogidos por el gobierno cubano, aseguran que el déficit de viviendas en la isla es de 800 000. Cada año, más y más casas se derrumban o son abandonadas por sus habitantes, debido a décadas de abandono y la falta de recursos para mantenerlas.

Las construcciones del Estado, por otra parte, no cubren la demanda anual. Según la agencia estatal de noticias Prensa Latina, al cierre de julio de 2020 se terminaron 20 512 viviendas en Cuba, el 62 % de las previstas para 2019. Para el segundo semestre la meta era alcanzar más de 22 000.

La construcción de viviendas por cada 1000 habitantes disminuyó de 6,1 en 1989 a 3,6 en 2005. En 2006, se construyeron 111 400 nuevas unidades y la proporción subió a 9,9, ambos récords históricos. Pero esas cifras fueron infladas, pues incluyeron viviendas edificadas anteriormente que recibieron ese año una habilitación para la ocupación, así como viviendas en construcción.

Después de 2006, la construcción de viviendas bajó constantemente hasta 22 100 en 2016, mientras que la razón de unidades construidas por 1000 habitantes disminuyó de 9,9 a 1,9.