La teoría del virus que ataca después de las diez

Un filósofo popular de Jaimanitas concluye que las medidas del gobierno cubano para enfrentar el rebrote de COVID-19 parece apuntar a un virus que sólo ataca después de las diez de la noche
Parece que el coronavirus en Cuba ataca después de las 10 de la noche
 

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Críspi, un anciano retirado del sector de la salud, y autotitulado en Jaimanitas como filósofo popular, da sus apreciaciones sobre el rebrote del coronavirus en Cuba, sus causas y efectos. 

“Este rebrote del COVID-19 se esperaba para noviembre, pero en Cuba, como en todas las cosas, el cubano dio la nota y se adelantó unos meses. Escuché a los dirigentes exponer las nuevas medidas para detener la propagación de la pandemia y me quedé helado cuando vi que le echaban la culpa a los bares y centros de distracción nocturna, no se explicaban cómo era posible que la juventud amaneciera de fiesta, en medio de una epidemia, y que las playas estuvieran abarrotadas de público”.

“Me quedé más frio aún cuando dijeron que los bares no podían estar abiertos después de las diez y me pregunté si el virus solo atacaba después de esa hora. ¿Y el resto del día qué?”

Críspi cree con toda convicción que la mayor propagación del virus sucedió en las tiendas y en el transporte público. También la gente colaboró un tanto al dejar de usar correctamente el nasobuco y mantener el distanciamiento social, pero sobre todo el mucho ron que se bebe en Cuba, un vehículo idóneo para que el SARS-CoV-2 se mueva libremente entre la gente.

“¿Qué hace la población en los cabarets y bares, sino especular?”, se pregunta Críspi. “¿No tienen noción del peligro que representa este nuevo coronavirus, donde cualquiera puede resultarte un chino? El gobierno en su necesidad de recaudar dinero también conspiró, dejando a los cubanos regresar a la normalidad del caos cotidiano de Cuba y su espíritu surrealista. Y para colmo sin las mínimas condiciones requeridas. Hace unos días vine en un microbús Playa-Santa Fe, que en esa etapa debía trabajar al 60 por ciento de su capacidad, pero venía tan lleno y con tanta gente aglomerada en el pasillo, que hubo un momento que pensé que viajaba en un P1. Había gente con catarro dentro del microbús, que no tenía aire. Nadie llevaba puesto el nasobuco”.

Críspi defiende su tesis del virus cubano que ataca después de las diez. “Con la pandemia la familia se queda despierta hasta muy tarde, incluidos los niños. Después de las diez, cuando el hambre arrecia, es que aparece de verdad el coronavirus. Realicé una inspección en el terreno: Evaristo, mi vecino, se las vio negra con el hambre de sus hijos y a medianoche les preparó un té de menta con mucha azúcar, que les llenó la barriga y los durmió plácidamente, y, según aseguró Evaristo, también le subió la hemoglobina”. 

“La otra casa que visité en mi pesquisa fue la de mi antiguo jefe: Eurípides, que tiene un máster en botánica y otro en biología. Eurípides preparó una caldosa de hojas de jardín para sus nietos, de madrugada: espinaca, albahaca, culantro, orégano y manzanilla, y mientras los chicos veían unos animados chinos, de la serie Inuasha, les leyó de Google las propiedades curativas y nutritivas de cada planta. Los hijos de Eurípides quieren seguir el camino del padre en bilogía y botánica. Escucharon con atención la información de Google y devoraron el caldo completamente. Pudieron ver dos capítulos más de Inuasha, hasta el amanecer”.

“No puedo escribir, porque no tengo espejuelos”, concluye Críspi. “Sócrates no escribió jamás una palabra y todavía lo recuerdan. Yo logré anotar en cartuchos de jeringuillas, cuando era camillero, algunos apuntes de la conducta del cubano en épocas de crisis, sobre todo sanitarias, sintetizados en conceptos y epitomes, pero se perdieron. En Jaimanitas me llaman el filósofo, y yo preguntó: ¿Filósofo de qué?”.