Granma culpa al "bloqueo" y los coleros del desabastecimiento en Cuba
Para el órgano propagandístico del PCC, la mayor culpa del desabastecimiento en las tiendas cubanas la tienen el "bloqueo" y los "especuladores de la deshonestidad", como nombra a coleros y revendedores
Cola en Cuba
 

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Van 61 años y al régimen cubano le sigue costando dimensionar en su justa medida su incapacidad para crear una economía funcional y satisfacer las demandas más básicas y comunes del pueblo. De sus problemas, continuos y crecientes, la culpa siempre la tienen agentes y situaciones externas, que impactan sobremanera en la pretendida isla del sistema perfecto, ese que no se realiza en todas sus potencialidades nunca por el tozudo empeño de sus enemigos.

En ese sentido, en medio de la actual contingencia sanitaria, donde las colas y el desabastecimiento han sido el rasgo más característico, el órgano propagandístico principal del Partido Comunista y único de Cuba culpó de esos males al “bloqueo” económico de Estados Unidos y a los coleros.

Desde la retórica de Granma, además de los constantes daños que causa el embargo sobre la economía de la isla, los pillos que se aprovechan de la situación para revender productos a sobreprecio y vender turnos en las largas colas que cada día se forman en las tiendas, son los principales causantes de que éstas estén desabastecidas.

Para dicho medio oficialista sería demasiado reconocer que con coleros o sin ellos, la escasez crónica del sistema cubano hace que siempre sus tiendas estén desabastecidas. Quizás no tanto como en medio de la actual contingencia sanitaria, pero sí de una forma tal que no satisface la demanda existente en el país ni en cantidad ni en calidad.

Como para el país representa un “esfuerzo” mantener bien suministrados la red de tiendas, considera Granma que muchos ciudadanos no deberían ser tan constantes en su solicitud de un mayor suministro. No lo dijo así, pero su redacción acrítica y justificativa lo delata.

Según expuso, “se han generado alternativas para su reaprovisionamiento” (de las tiendas), pero aún hay problemas que generan inconformidades. Entre las principales están que “los coleros aún existen y enturbian un comercio ya golpeado por la crisis y el bloqueo económico, comercial y financiero de EE.UU”.

“A pesar de los esfuerzos de las autoridades para enfrentar estos hechos, queda camino por recorrer. La cooperación de todos podría ser la clave del éxito para terminar con los especuladores, pero es necesario un mayor control y un mecanismo de denuncia más efectivo, porque la voluntad popular es evidente”, agregó el medio oficialista en clave moralista, esa que no quiere percatarse ya no funciona en una sociedad hastiada y siempre necesitada.

Cierto es que la actividad de los coleros y los revendedores es cuestionable. Si bien es legítimo su derecho a intentar obtener ingresos que les permitan llegar a fin de mes en un país de continua crisis y salarios simbólicos, hacerlo a costa de un empeoramiento de las condiciones que debe afrontar el otro es, cuando menos, socialmente reprobable y denunciable.

Sin embargo, culparlos del desabastecimiento o del agravamiento progresivo de la situación del comercio minorista en Cuba es evidentemente una manipulación que intenta desviar el debate.

Más allá del embargo y los pillos de siempre, que nunca dejarán de existir en ningún país, economía o sistema político, la culpa del desabastecimiento y la continua crisis económica la tiene un sistema disfuncional por donde quiere que se le mire y todos aquellos que se empeñan en mantenerlo.

Lógicamente, el Granma no puede escribir al respecto. Es mejor y más sano culpar a presuntos “especuladores de la deshonestidad”, como refiere a los coleros y revendedores, aunque las producciones sean cada vez menores y cueste cada día más encontrar cómo mantenerse en los márgenes de una vida digna.