El curso escolar y el dilema de la igualdad
Madres y padres de alumnos en Cuba no comparten la visión del Ministerio de Educación para determinar el pase de grado en medio de la contingencia sanitaria
Teleclase en Cuba
 

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Yohame es un niño con escaso rendimiento escolar, que ha llegado al sexto grado a empujones. Hijo de padres divorciados, el trauma de la separación lastró su concentración en el aula. La madre nunca tuvo tiempo para ayudarlo con las tareas de la escuela y ahora con las clases recesadas por la pandemia del coronavirus sus lagunas de conocimiento se acrecientan como un tsunami.

Andy es otro niño con bajo rendimiento escolar. Sus padres están cumpliendo misión internacionalista en Venezuela y lo dejaron con su tía y su hermana, que no tienen ningún control sobre el muchacho. Ahora con la educación a distancia, el tiempo que debería dedicar a las teleclases Andy lo aprovecha para jugar en el Play Station.

“Estos muchachos están en un año decisivo, el cruce de primaria a la segunda enseñanza”, dice su maestra Nidia, preocupado por Andy y Yohame. “Son los dos niños de mi grupo con peores resultados académicos y no son dos casos aislados, en estos momentos muchos alumnos que deben seguir las clases por la televisión pierden el tiempo en otras actividades. Luego vendrán los lamentos cuando no puedan pasar de grado”.

Una de las medidas más importantes ante la pandemia del COVID-19 fue la suspensión de las clases, para poder cumplir con las medidas de aislamiento. A las tres semanas de suspensión de actividades docentes, decretada a principio de marzo, se ha sumado un tiempo indeterminado de receso escolar.

Según las últimas informaciones del Ministerio de Educación, solo los grados de sexto y noveno tendrán evaluaciones finales, mediante exámenes valorativos de los conocimientos del alumnado.

“En mi caso, aunque mi hijo tiene vocación por la escuela y mucho interés de aprender, no ha podido seguir el programa de teleclases porque tenemos el televisor roto desde enero y la pieza para su reparación está en falta. Tampoco contamos con recursos financieros para comprarnos un televisor nuevo. Mi hijo estuvo copiando al principio las clases por un amiguito de aula, pero esa familia no quiso continuar prestándole las libretas por el asunto de la cuarentena”, cuenta Lula, una madre de Jaimanitas que está preocupada por el futuro de su hijo.

Marcela Peláez, del reparto Flores, nutricionista de un centro deportivo, prevé un final de curso escolar como no se ha visto nunca en Cuba.

“¿Qué va a ser de los niños que no tienen televisor en la casa, o que sus padres no les monitoreen sus actividades docentes en el hogar? El mundo ha convulsionado de una manera espantosa, mucha gente está escéptica con el futuro, mi opinión personal es que posiblemente el próximo curso no pueda comenzar a tiempo y es posible que el Ministerio de Educación tenga que adaptar nuevos métodos de estudio en el hogar”.

María Eduarda y Ana Carla son alumnas aventajadas de una escuela primaria de La Habana. Hijas de gerentes de empresas comerciales, cuentan con medios audiovisuales especiales para seguir las actividades de la escuela desde la casa y sus padres mantienen una comunicación directa con los maestros. En cambio, Livio y Javier no conocen siquiera que se ha instaurado el sistema de repaso por la televisión.

“El mundo se va al abismo”, dice la madre de Javier. “No voy a coger ningún tipo de lucha con la escuela. Con la falta de comida, de aseo, de dinero y de muchas cosas para sobrevivir esta epidemia, ¿tú crees que tengo cabeza para los repasos?”.

La madre de Livio piensa igual. Opina que el Ministerio de Educación debería tener en cuenta la abismal diferencia entre clases sociales que actualmente se ha apuntalado en la isla.

“He conversado con muchas madres y no están de acuerdo con que sus hijos repitan el año, por un asunto del que no son responsables. Estoy de acuerdo con las evaluaciones finales para los grados de 6to y 9no, siempre que tengan en cuenta las particularidades de cada estudiante, su contexto social y posibilidades. Me imagino que para el interior del país este problema sea mayor. Los muchachos no tienen la culpa de la pandemia y tampoco los padres. Es un momento difícil para la humanidad y a decir verdad ahora lo importante es sobrevivir. No hay comida y lo poco que aparece es cada vez más caro. Si unos niños pasan de grado y otros no, esa es una responsabilidad del Estado. La solución es que les convaliden el año a todos por igual, o por lo menos que los maestros los ayuden a pasar de grado, como se dice en buen cubano: le lleven la mano. A fin de cuenta, ¿eso no es lo que se hizo en todos estos años de revolución?”.