El COVID-19 no cree en nadie

Por contagio o presunto contagio, el COVID-19 ha forzado el ingreso o aislamiento incluso de aquellos que dicen no enfermarse en Jaimanitas por dominar los libros del secreto
Varios adoran los libros del secreto en Jaimanitas
 

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El COVID-19 ha demostrado que no repara en joven ni viejo, hombre o mujer, rico o pobre, ni en raza, ideología o credo. Ni siquiera repara en los estudiosos de los libros del secreto, de Jaimanitas, que pregonan el conocimiento de la mente y el cuerpo como única medicina.

El grupo de hombres estudiosos de los libros del secreto de Jaimanitas se asemeja a una secta. Se reúnen y hablan de lo que enseñan los libros y viven según sus preceptos. El rasta, luego de 19 intentos fallidos de abandonar el país en una balsa, conoció al teacher, el fundador del grupo. El rasta se convirtió rápidamente en líder, a fuerza de perseverancia y estudio.

En 2015 el teacher trajo a Jaimanitas los libros del secreto y propagó sus tesis en muchos adeptos en el pueblo. Una sabiduría cultivada desde la antigüedad y rescatada en los últimos siglos, con autores de relevancia como Napoleón Hill, que nació en la pobreza y se hizo millonario a través del estudio de los libros, William Walker Atkinson, W. Clement Stone, James Allen, William James, padre de la psicología norteamericana, Joe Vitale, mendigo y ahora un hombre rico, Joseph Murphy, Louis Lynn Hay, que se autosanó de cáncer, y Deepak Chopra, que asegura que la mejor comida es la alimentación sana de la mente”.

El rasta se estudió el libro de Chopra y concluyó que podía autosanarse en medio del periodo coyuntural que cayó sobre la isla. Tampoco temía al coronavirus y se reía de la obsesión de lavarse las manos, el hipoclorito y el nasobuco. Se sentaba en la mañana en la puerta de su casa, a meditar y equilibrarse con las fuerzas del universo.

La penúltima vez que lo vi estaba en su sitio, según me dijo, bebiendo agua de sol. “He llegado al séptimo círculo, ya puedo trabajar en activar la glándula pineal, una gandula del cerebro desconocida por la gente y por eso es que enferma y envejece”.

El rasta explicó que la glándula pineal se encontraba junto a la hipófisis, pero que estaba inactiva. Cuando la hipófisis se calcinaba por dejar de segregar la serotonina y la melatonina, la gente comenzaba a experimentar los síntomas de las enfermedades y el envejecimiento.

“Ya en el séptimo círculo estoy listo para activar mi glándula pineal. Debo beber mucha agua de sol, y meditar y hacer sintonía con las fueras del universo para activarla”.

Ayer pasé por su casa y encontré a varios médicos del policlínico con una ambulancia. Venían a buscarlo. Trataban de convencerlo que debía ingresar: ‘No te preocupes por nada Antonio, en la UCI están habilitados unos cubículos con sábanas limpias y la distancia requerida entre camas, para ustedes, los casos aislados’, le dijo el director del policlínico, sin bajarse de la moto eléctrica.

El rasta se resistía a la idea de estar contagiado. Le aseguraba a los galenos que era imposible, estaba en el séptimo círculo y había activado la glándula pineal, no necesitaba medicina, estaba esterilizado, pero los doctores le advirtieron que era contacto directo de un sospechoso y debía acompañarlos, o vendrían con la policía.

Mientras el rasta subía a la ambulancia, el director del policlínico le dijo al doctor que lo llevaría al centro de aislamiento, que también lo viera un siquiatra.

“En estos casos de estrés extremo caen todas las defensas al piso y el organismo queda a merced del ataques de los virus”.