Campesinas cubanas sufren el “no reconocimiento de los problemas sociales”

La activista Aimara Peña inicia una campaña que busca visibilizar la desigualdad y las principales vulnerabilidades que afectan la vida de las mujeres en los campos de la isla
Aimara Peña, activista campesina en Cuba. Foto: Tomada de Alas Tensas
 

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Por Jancel Moreno

 

“Por las mujeres rurales cubanas” es el video publicado en el canal de YouTube de la activista Aimara Peña. Con él da inicio a una campaña de igual nombre, que busca visibilizar la desigualdad y las principales vulnerabilidades que afectan la vida de las féminas en los campos de la isla.

ADN Cuba conversa con la creadora de esta iniciativa. Queremos conocer de primera mano cuáles fueron sus principales motivaciones para alzar la voz, y ayudar a contar estas realidades olvidadas por el régimen de La Habana.

– La Federación de Mujeres Cubana (FMC) ha sido la encargada oficialmente de agruparlas. ¿Qué piensas de su papel real con las mujeres rurales?

Las mujeres de las zonas rurales refieren que la FMC está allí solo para recaudar los tres pesos de cotización al año. El Día Internacional de la Mujer compran cake y algo de ron que muchas veces reparten en las casas, sin hacer ninguna actividad. El resto del tiempo no existe la FMC. Hace más de 15 años estas células ya no son activas. Las reuniones para debatir, los cursos de superación, nada de eso llega a las zonas rurales.

– ¿Cuáles han sido tus motivaciones para dar visibilidad, mediante una campaña a las mujeres rurales de la isla?

Mi principal motivación es mi propia vida. Crecí y viví en una zona rural hasta hace dos años, cuando vine a la ciudad. Sé cuáles son las perspectivas y los sueños de las mujeres que crecemos en los campos, y cómo se cortan esos sueños, cómo nos cortan las alas esas condiciones precarias en las que vivimos. Nos afecta la pobreza en la que vive nuestra familia, no tenemos otras oportunidades y alternativas.

Mi madre continúa en el campo. Mi familia es pobre, y ver cómo mi mamá tiene que enfrentar todos los días, sin esperanzas de algo distinto… A su vez ha pasado toda su vida igual que su madre, viviendo en una zona rural, dependiendo de un esposo sin oportunidades de empoderarse ella misma, sin ser dueña prácticamente de lo que ha trabajado tanto.

En los campos, cuando las mujeres se divorcian el marido se queda con todo. Muy pocos esposos dicen: “yo te voy a dar una vaca”. Cuando más la casa, puede que pase, pero no sucede así en lugares donde las mujeres están en estado de indefensión total, sometidas a malos tratos, humillaciones, vejaciones.

Cuando ves a una mujer rural sabes que vive en el campo, por las condiciones de su piel, su cabello, la manera de vestir. Se le nota que está marcada por la pobreza de todo tipo. Creo que ese empobrecimiento es lo que me llevó a tratar de hacer una campaña para esto. Más que todo, el activismo es tratar de hacer cosas por la gente que quiero, por lo que me afecta a mí, a mi familia. Es tratar de cambiar las cosas por mi madre, por mis amigas y todas las que viven en zonas rurales y están pasando situaciones así.

– Ciertamente las mujeres rurales están en grave situación de vulnerabilidad, ¿a qué piensas que se deba esto?

Esta vulnerabilidad está dada por la precariedad con que se vive en las zonas rurales, la pobreza a la que están sometidas muchas familias campesinas. La escasez de alimentos que se ve en las ciudades tiene que ver con las bajas producciones, pero en esas bajas producciones inciden las condiciones deplorables de las comunidades campesinas, el poco acceso a recursos que existe en los campos en Cuba.

Es el campo la fuente principal de nuestra alimentación cotidiana, entonces esa agricultura de subsistencia ha ocasionado que estos campos sean mucho más pobres. Las áreas rurales se enriquecen si se produce, porque la gente vive de lo que cosecha. Esa precariedad y esa falta de dinero y recursos es lo que ocasiona que las familias en las zonas rurales estén cada vez peor.

También, la situación de vulnerabilidad con las mujeres, creo que es parte del no reconocimiento de los problemas sociales en Cuba. Desde que la revolución dijo que todo estaba perfecto, que teníamos todos los derechos y garantías, olvidamos que esos temas existían.

En los últimos tiempos hemos estado hablando muchísimo de todos los problemas que sí hay en Cuba, y todas las especificidades de esos problemas. Las mujeres rurales también están dentro de esos conflictos que abarcan el llamado “proceso revolucionario” y se han quedado en un estado de vulnerabilidad real, porque no tienen acceso a trabajos, a una vida digna, tampoco a información. Y no se hace nada al respecto: el gobierno olvidó que existen esos problemas porque para ellos todo está bien.

Además, con lo que sucede en los campos hay menos visibilidad. ¿Cómo nos enteramos de lo que está pasando ahí? Apenas lo hacemos aquellos que tenemos familiares, o viajamos regularmente a zonas apartadas.

Entonces, ese estado de vulnerabilidad se agrava por el desconocimiento de lo que está ocurriendo con la familia campesina, con las niñas, adolescentes y mujeres que viven en las zonas rurales y dependen a veces hasta de la prostitución para poder sostener hijos.

A veces, sus niños tampoco fueron planificados. Hay un deficiente sistema de salud preventivo, no tienen medios de protección, [las instituciones] no brindan información. En el campo, es común que en la adolescencia se casen, tengan hijos e hijos e hijos… Esto ocurre y no hay nada que se haga al respecto. Por eso esta campaña intenta visibilizar esa vulnerabilidad y sus causas.

– ¿Qué necesitan las mujeres de los campos en Cuba?

En el campo hay muchas necesidades. Las mujeres allí tienen muchas necesidades, de todo tipo, desde una peluquería hasta lo más simple, pastillas anticonceptivas, pruebas citológicas… Nuestra campaña está pensada para hacer una petición de firmas, que ojalá pronto esté lista, para que existan círculos infantiles en las zonas rurales.

En zonas urbanas hay más. Tienen mucha demanda y pocos espacios, por lo que no dan abasto, pero en las zonas rurales no existen ni siquiera para una minoría.

Yo trabajé como maestra cuando vivía en el campo y no tenía a quien dejarle mi hijo. Debía llevarlo al aula donde trabajaba. No hay esos espacios, y las mujeres los necesitamos para trabajar. Hay muchas que tienen varios hijos y están divorciadas. Es triste la situación de esas mujeres que ni siquiera pueden emplearse como jornaleras en un campo porque no tienen con quien dejar a sus hijos. Dependen de lo que sus esposos o los padres de los hijos les den, y con la situación que estamos viviendo ahora –todo tan caro y difícil– esas mujeres están mucho más vulnerables que otras.

Entonces creo en el derecho a poder trabajar, al menos dignamente e intentar ganarse el sustento para ellas y para sus hijos. El Estado debe garantizar el acceso a ese trabajo. Las madres necesitan esos espacios para dejar a sus hijos bien cuidados y así el gobierno puede ofrecer esas plazas de trabajo en Círculos Infantiles para algunas, y las demás beneficiarse con la posibilidad de dejar los niños cuidados… En el campo las labores de cuidado son exclusivamente para las mujeres, las abuelas, las madres, las tías. Sobre ellas recae velar por esos niños, los ancianos y los enfermos.

 

Foto de portada: Tomada de la revista feminista Alas Tensas