Banco detiene solicitudes de tarjetas MLC por falta de "materia prima"
La confección de las tarjetas en MLC continúa teniendo inconvenientes desde el inicio de esta medida tan cuestionada por los cubanos
Banco BPA en Holguín. Foto: Radio Angulo/ Kevin M. Noya
 

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La confección de las tarjetas en Moneda Libremente Convertible (MLC), con las cuales el régimen castrista autoriza a comprar en la mayoría de los establecimientos estatales que expenden alimentos y productos básicos, ha tenido inconvenientes desde el inicio de esta medida tan cuestionada por los cubanos.

El pasado día 19 de enero, la usuaria identificada como Urina, indagó través del portal web de atención a la población de la Asamblea Municipal del Poder Popular en el municipio de Moa, en Holguín.

“Me interesa saber si en el BPA [Banco Popular de Ahorro] aún se puede solicitar tarjeta MLC. Agradecería que me orienten, si se puede solicitar tarjeta y de no poderse ahora cuándo se podrá”.

El funcionario Jorge, que se presentó como Gerente de Efectivo BPA, respondió el comentario de la holguinera tres días después y refirió: “Le informo que está suspendido el servicio de tarjeta MLC, por no poseer la materia prima para la entrega de las mismas.

“No conocemos la fecha de cuándo podrá ser restaurado este servicio, por lo que le pedimos disculpas por tal molestia ocasionada y le agradecemos su interés (…)”, añadió.

Las únicas tiendas que en los últimos meses ofertan algo de variedad a los cubanos, cobran en Moneda Libremente Convertible (MLC).  

Bajo el título “Crónica del desgaste”, la cubana Taimí Ocampo, diseñadora escenográfica según refiere en su perfil, compartió en redes sociales, cuán difícil es para los habitantes de la isla conseguir alimentos y artículos de primera necesidad hoy en día, aun teniendo una tarjeta MLC recargada por familiares y amigos desde el exterior.

“Sábado 16 de enero de 2021 (…) La calle todavía está húmeda por el aguacero de anoche, más sucia, más maltratada. Yo miro hacia otro lado, hacia arriba, nada me va a quitar las buenas energías acumuladas. Mi novia me coge de la mano. Caminamos por la calle Águila, dicen que es la única calle de La Habana que empieza y termina en el mar, hasta el Boulevard de San Rafael. Andamos en busca de una tienda en MLC, las pocas que quedan en CUC sólo ofertan agua y ron. Dimos con una donde hay variedad de productos, estamos frenéticas, café (en grano), malta, galletas, pastas, jugos, conservas, carne de res (incomparable por el precio). Decidimos marcar en la cola”.

Luego de remarcar la escasez existente en el país, que hace que los que requieren comprar se agolpen en unos pocos establecimientos a diario, Ocampo tuvo que referirse en su crónica a las colas, uno de los elementos más característicos y distintivos de la vida en Cuba durante las últimas décadas.

“La cola un fenómeno cotidiano al que hay que entrarle con ganas, con los mejores pensamientos y sentimientos, con garra”, dijo al respecto.

“Pregunto el último, alguien me dice que ya recogieron los carnés de identidad. Son las 8.15 AM, que recogieron 100, que hay otra cola aparte, que la gente está repartiendo turnos, que le pregunte a la señora con solapín que organiza la cola. Sigo positiva, la señora me contesta que recoge a las 8.00 AM, que lo siente mucho, pero llegué tarde, que vuelve a recoger cuando termine con esos 100, OK yo espero, tengo todo el día”, prosiguió el relato de una cubana que, pese a encarar el día con optimismo, iba comprendiendo que algo simple se le haría extremadamente complejo.

“Marco en la segunda cola, doy el último, me siento en un banco milagrosamente vacío. Me da por chequear la cuenta de mi tarjeta MLC, veo que el dinero sigue ahí, a veces me pongo paranoica. Vuelvo a dar las gracias, esta vez a mi tía que vive en el extranjero y ha compartido el fruto de sus esfuerzos conmigo. A mí no me pagan en MLC. A las 11.00 AM solo habían entrado a la tienda 15 personas.

“(…) Salgo de la tienda a las 5.45 PM, ya ni importa lo que pude alcanzar. Recuerdo que son tiempos de pandemia, mi novia me abraza. Vuelvo a sentarme como autómata en el banco. La gente continúa alterada, el muchacho del perro pastor alemán continúa su ronda, pasa otro muchacho con un pitbull robusto, el perro flaco se altera y el muchacho de la boina negra le da una patada por las costillas con su pesada bota que retumba en todo el Boulevard. Esa cuadra de San Rafael, donde está la tienda en MLC La Arcada, se convirtió por segundos en un agujero negro, yo lo viví, tan oscuro como el uniforme del muchacho que pateó a su compañero”, concluyó con angustia su relato Ocampo, sin dudas un paisaje de lo que es vivir en esta Cuba de crisis, escasez y sin esperanza en el futuro”.