Movimiento animalista bajo la mira del oficialismo

¿Es ilógico suponer que la Seguridad del Estado pueda estar detrás de los envenenamientos? ¿Tal afirmación tiene que ser parte de un complot o componenda gestada extra-fronteras? No
Movimiento animalista bajo la mira del oficialismo. Foto: Cortesía del autor
 

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Recientemente varios medios oficiales, voceros del gobierno cubano y perfiles falsos de las redes han salido al unísono a criticar a quienes han señalado la posibilidad de que la Seguridad del Estado se encuentre tras los envenenamientos de perros ocurridos a activistas de Santa Clara.

Este tipo de encadenamiento, en un sistema mediático subordinado a un mismo centro político no son casuales, y pudiéramos estar en presencia del material de una próxima edición del noticiero.

En los últimos meses ha ido desfilando por ese espacio varios de los sectores más activos de la sociedad civil cubana, todos clasificados bajo las etiquetas de siempre: mercenarios, anticubanos, marionetas de poderes externos y todo lo demás que ya conocemos. Ahora pudiera tocarle el turno a parte del movimiento animalista.

La línea de análisis que se ha presentado desde los medios oficialistas, voceros del gobierno y perfiles falsos es que el envenenamiento de perros en Santa Clara pudiera ser obra de o ha sido aprovechado por sectores opuestos al Gobierno que tratan de frustrar un supuesto acercamiento del gobierno a una parte de los protectores. El mismo gobierno que por décadas ha negado una ley de protección animal, el mismo gobierno que impide el reconocimiento legal de las asociaciones protectoras de animales, el mismo gobierno cuya Seguridad del Estado hostiga con frecuencia a los protectores por el simple hecho de exigir derechos para los animales.

¿Es ilógico suponer que la Seguridad del Estado pueda estar detrás de los envenenamientos? ¿Tal afirmación tiene que ser parte de un complot o componenda gestada extra-fronteras? No.

Es cierto que no existen pruebas fácticas, como se necesitaría en cualquier país del mundo para poder sostener invariablemente que fue la Seguridad quien envenenó a los perros de Javier y Leidy. Para ello se necesitaría en primer lugar la posibilidad de hacerle autopsia a los animales y determinar con precisión el tipo de veneno empleado. Esos recursos solo los tienen en Cuba instituciones subordinadas al propio Ministerio del Interior (Medicina Legal, Policía) que no actuarán como contrapartes independientes. Tampoco existen en Cuba agencias de investigación independientes que pudieran rastrear las personas que cometieron el envenenamiento, analizar los alrededores de la escena, interrogar personas sospechosas, conectar móviles.

Por tanto, las pruebas fácticas para determinar con certeza quien envenenó a los perros no las podremos tener y no nos asuste si dentro de unos días presentan a algún delincuente asumiendo en cámara la culpabilidad de tales hechos y refiriendo alguna llamada misteriosa de Miami ofreciendo dinero. Esa historia ya la conocemos. Las pruebas fácticas no las tenemos y no las vamos a tener mientras no exista en Cuba Estado de Derecho e instituciones independientes. Como mismo no las podemos tener sobre el asesinato de Oswaldo Payá o el comportamiento real de los casos de coronavirus aun cuando vemos que en Cuba no se transmite en las enormes y constantes colas, pero sí en las reuniones familiares.

No obstante, esa imposibilidad de obtener evidencia fáctica no anula una serie de elementos que dan lugar a la duda razonable de que pudiera estar la Seguridad detrás de los envenenamientos:

1- Tanto Javier Larrea, como Leidy, como otros animalistas han sido hostigados y dañados de diferentes maneras por la Seguridad del Estado a raíz de su activismo en defensa de los animales.

2- Algunos activistas, incluso estando en procesos de conversación con instituciones siguen siendo amenazados y hostigados por la Seguridad del Estado. Recordemos el incidente de la revisión de los teléfonos durante la reunión con el MINSAP luego del plantón en Zoonosis y las “visitas” que vinieron después. Esto desmorona la hipótesis de que no fue la SE porque miembros de BAC habían participado en conversaciones con organismos estatales.

3- Que este acoso y presiones de la Seguridad del Estado y funcionarios de instituciones gubernamentales se hizo patente en días recientes contra personas que firmaron y apoyaron la carta de los veterinarios solicitando a la Asamblea el reconocimiento del ejercicio por cuenta propia de su profesión.

4- El envenenamiento de los perros de Leidy ocurrió en medio de hostigamiento de la Seguridad del Estado a su esposo por su activismo cívico y el día anterior había recibido una amenaza desde un perfil falso en Facebook (técnica habitual de la SE para sus intimidaciones) diciéndoles que envenenarían sus perros.

5- Que no es primera vez que envenenan animales a activistas y opositores: ahí están los casos de los hermanos Urquiola y David de Omni, por solo mencionar dos.

6- Si la Seguridad del Estado amenaza a madres con separarlas de sus hijos, acosa a padres con problemas de salud por el trabajo de sus hijos, amenaza con dañar a nuestra familia (y esto lo digo con conocimiento de causa), chantajea a disidentes para que faciliten “accidentes” mortales de otros, ¿sería descabellado pensar que envenenan a un animal, más cuando se tienen todos los indicios mencionados en los puntos anteriores?

Por tanto, no resulta nada enrevesado ni corresponde a ninguna conspiración sospechar que pudiera la Seguridad del Estado estar detrás de los envenenamientos, como mismo pudieran estar personas que hacen estas cosas por sadismo o aquellos a quienes el movimiento animalista les ha dañado negocios. La duda razonable está. La Seguridad del Estado cubana no es una santa. Como no lo fue la KGB, la Stasi, la CIA, el Mossad ni ningún organismo de inteligencia. La Seguridad del Estado es un organismo represivo que responde a una dictadura totalitaria. Eso que no se nos olvide.

Lo que sí es descartable es que el envenenamiento de perros sea parte de un plan para intentar radicalizar a los animalistas. Esa mentalidad corte Sendero Luminoso, solo entra dentro de los métodos de la Seguridad del Estado y las “medidas activas” que encarga a sus agentes para crear desunión dentro de los activismos. Ejemplos sobran. Para casos más o menos recientes revisar las actas desclasificadas del FBI sobre el juicio de los Cinco y ver algunos de los encargos que les hacían desde La Habana para crear rencillas dentro de grupos opositores.

Este tipo de trabajos propagandísticos, orientados desde el Departamento Ideológico, en que se privilegian unos actores de la comunidad por encima de otros, en que se trata de establecer una conexión con algún agente externo (para esto usan como prueba un tuit de la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar condenando los envenenamientos) no persiguen otro fin que dividir y satanizar. Las víctimas de esos ataques somos todos, por igual, porque al final del día, resienten a la comunidad protectora en general y a todos los que luchan por el reconocimiento de cualquier tipo de derechos en Cuba.

En momentos en que estamos a semanas de publicarse un Decreto de protección animal, que todos sabemos será incompleto y que no incluirá algunas de las demandas que golpeen el bolsillo de los generales, como la prohibición de las peleas de gallos, es muy conveniente tener separada a la comunidad animalista o asustada con aquello de que otros intereses quieren subvertir sus reclamos. Las personas separadas o asustadas no pueden ponerse de acuerdo para salir a protestar con contundencia.

A diferencia de hace unos años, personalmente estoy claro de que la esencia de la mayoría de los problemas de Cuba está en la existencia de un sistema totalitario que niega el ejercicio de derechos básicos fundamentales para vivir en democracia. Es un problema sistémico, estructural, mientras eso no se cambie, seguirán estando los males de fondo. De eso no me convenció nadie. Lo fui aprendiendo con el tiempo y el propio gobierno cubano, con su represión, tuvo gran responsabilidad en ese aprendizaje.

Por tanto, no hace falta “hacer algo” para que cada persona recorra ese camino. Cada quien tiene su propio tiempo de maduración y si eres un convencido de la necesidad del reconocimiento y respeto a los derechos humanos, al final llegarás a ese punto y la propia Seguridad del Estado te dará sus empujoncitos. La comunidad animalista no es la excepción. No importa que la infiltren, la hostiguen, la dividan: la negativa constante a reconocerles su derecho de asociación, de practicar un activismo autónomo y de reconocer los derechos que reivindican, va a seguir llevando a muchos hasta ese punto.

La cúpula que dirige Cuba lo sabe bien; también nosotros: el problema no son los animales, es el miedo a una rebelión en la granja.