Raúl Soublett: “Es importante saber que ayudo a reconstruir un país mejor”

Raúl Soublett, activista contra el racismo y la discriminación de personas LGBTIQ+, sufrió recientemente fuertes presiones durante un interrogatorio de la policía política
 

Reproduce este artículo

En Cuba se ha vuelto más recurrente y visible las agresiones de la Seguridad del Estado contra activistas de varias causas, los periodistas independientes y muchos ciudadanos que disienten de las maneras torpes y violentas del gobierno para administrar el país.

Detenciones arbitrarias, “entrevistas” forzadas –en realidad, interrogatorios ilegales– donde el diálogo no existe, causas penales fabricadas y encarcelamientos: este es el día a día de estos tiempos en la isla, donde cada vez se suman más jóvenes a diversos activismos por los derechos de las personas, y los animales.

Raúl Soublett López (La Habana, 1992), es un joven maestro de la enseñanza primaria. Desde el 2017 se dedica al activismo por los derechos Afro LGTBIQ+ y coordina los proyectos socioculturales Alianza Afro-Cubana, Cine Alternativo Afrodiaspórico de América Latina y el Caribe, y En Estéreo-Podcast. Sobre su labor social conversa con ADN Cuba.

– Cuéntanos sobre tu experiencia de activista por los derechos Afro LGTBIQ+…

Identificarme como un activista por los derechos de las personas afrodescendientes y LGBTIQ+ ha sido bueno. Hacer frente a las opresiones, es una lucha que nos toca a todos, aunque no lo hagamos de la misma forma. He tratado de crear alianzas, si todos fuéramos activistas, tendríamos un mundo mejor. Durante estos tiempos, en talleres, conferencias, he encontrado personas que consideran que no tienen que ser activistas. Vivimos en una sociedad en la que a la persona a quien no le afecta algo, piensa que eso no existe. Yo no podría vivir sin hacer activismo, aunque es duro, enfrentarte, confrontar y hacer cosas que no son agradables, con un resultado final o no.

Desde el 2016 hago activismo social en diferentes grupos, pero no es hasta noviembre del 2017 que, junto a grandes hermanos de lucha, fundamos el proyecto sociocultural Alianza Afro-Cubana. Queremos visibilizar los derechos de las personas afrodescendientes y la comunidad LGBTIQ+. Asimismo, buscamos posicionar la lucha por defender y ampliar los derechos de las mujeres, contra la discriminación y los prejuicios.

Al principio quería comerme el mundo, hacer cosas positivas para las comunidades, pero me tocaba ir despacio, observar, analizar, aprender y a la vez desaprender. Claro, todo eso es un proceso. Poco a poco fui recibiendo herramientas que me permitieron fortalecer la Alianza Afro-Cubana y a mí como activista. A través de disímiles acciones comunitarias, en compañía siempre de diferentes activistas LGBTIQ+, antirracistas, feministas, ambientalistas, artistas, fuimos creando iniciativas sociales que han tenido mucha importancia tanto para vecinos del Cerro, Marianao, como para nosotros como grupo. Tuve la oportunidad de estar en diferentes espacios, junto a grandes personalidades del activismo, de quienes estoy aprendiendo todavía.

Hacer activismo es duro, requiere tiempo, dedicación, entrega, coraje, fuerza. Si volviera a nacer, no dudaría un segundo en volver a hacer activismo, porque para mí es importante saber que ayudo a reconstruir un país mejor.

– Diriges varios proyectos que ayudan a la integración y a fomentar la cultura entre diversos grupos. ¿Cómo es colaborar en esos proyectos en la Cuba convulsa de hoy? ¿Qué se ha logrado con respecto a comunidades más vulnerables?

Crear y echar andar un proyecto en una comunidad no es fácil, más para un grupo independiente sin los suficientes recursos, pero sí con toda la voluntad, el deseo, el amor. Cuando comenzamos tuvimos que ir puerta por puerta para mostrar lo que queríamos hacer. La suerte es que contábamos con fieles aliados que, de cierta forma, nos facilitaba un poco romper el hielo. Cuando las personas vieron lo que sucedía a su alrededor, que comenzaron hacerse cosas que empujaban al cambio, las relaciones se hicieron más flexibles, ya se notaba una considerable aceptación, pero más que eso, confianza y seguridad.

En los proyectos tocamos temas que deben ser tratados en todos los espacios en el país. El racismo, la discriminación hacia las personas LGBTIQ+, son temas urgentes para solucionarlos y de esa forma provocar cambios en la sociedad. Cine Alternativo Afrodiaspórico es una iniciativa que pertenece a la Alianza Afro-Cubana. Cada dos meses se realizaba un encuentro de cine debate (acción que está en pausa debido a la COVID-19) para analizar, promover diversas cintas afro-latinoamericanas y afrocaribeñas para un público heterogéneo, con temas que afectan principalmente a las personas afrodescendientes, además de visibilizar a personalidades afrocubanas y hechos a lo largo de nuestra historia. Todo esto usando el cine como herramienta para la transformación social. Cada sesión, como todas las actividades de la Alianza Afro-Cubana, la realizamos en las comunidades, donde podemos observar como las personas se van integrando, preocupando, incluso, por nosotros, involucrándose en los preparativos. Nos hemos dado cuenta cómo muchos se sienten identificados con el trabajo que hacemos, es algo que ellos mismo nos dicen. También observamos que poco a poco van deconstruyendo toda una enseñanza patriarcal, racista, pero es algo que aún falta consolidar. Es un proceso que precisa escuchar, confiar y hacer.

Activista cubano Raúl Soublett. Foto: Cortesía del entrevistado


Estéreo-Podcast ya es un proyecto que no forma parte de la Alianza, es más bien personal y cuento con la colaboración de amigos. Surge en medio de la crisis sanitaria por la pandemia de la COVID-19, con la intención de debatir sobre diversos temas relacionados con nuestras raíces africanas, a través del arte, la cultura, el emprendimiento... En la primera temporada (12 episodios) contamos con la participación de varios artistas y activistas.

– ¿Cuánto falta por hacer en Cuba para la inclusión de todos los grupos sociales marginados?

Falta mucho para que los diferentes grupos históricamente discriminados, excluidos, tengan las oportunidades y recursos necesarios para participar completamente en la vida económica, social y cultural, disfrutando un nivel de vida y bienestar que se considere normal. Se hace necesario en Cuba encontrar las vías correctas para la inclusión, que permitan a los individuos y grupos su pleno desempeño en la sociedad. Una de ellas puede ser el diseño y aplicación de políticas públicas que beneficien a esos grupos de personas discriminadas. Que podamos, porque me incluyo en esos grupos discriminados, estar en lugares políticos y estratégicos para tener influencia en la elaboración e implementación de las leyes. Pasar a ser sujetos políticos y públicos. Esas políticas públicas, por ejemplo, contra el racismo, deben ser para todos los ámbitos y continuadas en el tiempo.

Para lograrlo es necesario que las comunidades no sean solamente receptoras de la información, sino también deben estar en condiciones de expresar sus inquietudes, opiniones y alternativas de solución a sus problemas. Esta forma de participación implica un poder compartido.

– Hace poco te ocurrió un acontecimiento triste y perturbador: pudimos apreciar la represión y la violencia psicológica de la policía política contra los activistas. ¿Qué crees de estas acciones violentas como respuesta al pacifismo?

Está muy mal, son violaciones a los derechos fundamentales de cada ciudadano, consagrados hasta en la Constitución. Estos actos arbitrarios ocurren en un ambiente de violencia generalizada, por una batalla ideológica que durante muchos años ha dominado la vida político-social cubana, la cual se ha intensificado durante esta crisis higiénico-sanitaria. Es importante que cada cubano, cubana, tenga conocimiento de sus derechos y sepa, por ejemplo, qué puede hacer la policía y qué no. Porque ocurre que hemos normalizado su accionar, la forma en que operan, en muchos casos arbitraria. El uso ilegítimo de la fuerza puede, en el peor de los caos, tener como consecuencia la privación del derecho a la vida. El uso policial de la fuerza es innecesario, excesivo, constituye una tortura, además de que violan los derechos a no sufrir discriminación, a la libertad y seguridad, a la igualdad de protección ante la ley. Nadie debe estar por encima de la ley, especialmente quienes tienen la obligación de defenderla y respetarla.

Las violaciones de derechos humanos contra activistas, artistas que disienten, no pueden ser interpretadas de otra manera que un intento de amedrentar a toda persona que se oponga a ciertas políticas del Estado, o simplemente tienen una posición autónoma en la sociedad. Hay que seguir denunciando las detenciones arbitrarias, el uso excesivo de la fuerza, los allanamientos de vivienda, la criminalización, el hostigamiento, vigilancia y prisión domiciliaria, las amenazas de muerte, los daños a la propiedad privada, las campañas de desprestigio, la estigmatización en las redes sociales y la violencia psicológica, a la cual todos estamos expuestos de una forma u otra.

Es preocupante la situación de violencia en el país. El aumento de discursos misóginos, sexistas, homofóbicos y racistas ha normalizado la violencia, el odio entre cubanos. Es una vergüenza la realización de los llamados “actos de repudio”. Ninguna persona debe sufrir tal hostigamiento, tal violencia, de ningún tipo. Soy de los que aún confían en que se pueda crear un diálogo, donde se escuche a la población, buscar solución a sus crecientes necesidades, y procurar que sea un diálogo sincero, donde estemos todos sin excluir a nadie.

– ¿Qué consejos tienes para activistas, de ahora o futuros, sobre la lucha por democracia e igualdad en Cuba?

Que no dejen de luchar, que no se cansen. Permitir a la gente que se decida a actuar por sí misma. Ser considerado, respetuoso. Aprender a escuchar activamente y ser una persona sencilla, optimista, positiva, razonable, perseverar, insistir… Luchar por los sueños e ideales a pesar de cualquier adversidad. Tienen que tener conciencia que los defensores y defensoras de derechos humanos son personas que, a título personal o colectivo, trabajan para hacer realidad lo recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y diversas normas que la desarrollan. Ese compromiso es fundamental para visibilizar situaciones de injusticia social, combatir la impunidad e impulsar los procesos democráticos.