Falta de oportunidades laborales obliga a travestis a prostituirse en Cienfuegos

La zona entre las terminales de trenes y de ómnibus en Cienfuegos— una frente a la otra— es conocida por ser una de las sedes de la prostitución gay en el territorio o el sexo transaccional. Sobre las 10 de la noche comienzan a transitar por el lugar personas dispuestas a prostituirse a cambio de dinero, favores o algún otro valor.

Según indican algunos estudios, después de las mujeres, los hombres homosexuales constituyen el grupo más propenso a la prostitución. En el caso particular de Cienfuegos, muchos travestis no cuentan con otra fuente de ingresos, al ser rechazados tanto en espacios estatales como privados.

Yo gracias a dios tengo mi trabajito, pero a qué costo”— cuenta a ADN CUBA Cruella, una travesti de la provincia— “por el día soy otro. Me tengo que quitar la peluca, las uñas, el maquillaje, las puyas y todo lo que demuestre que soy travesti, porque si no me botan de mi trabajo, porque mi jefe no resiste a los maricones.

Puedo decirte con toda franqueza, que cerca del 90 % de los travestis en Cienfuegos, nos dedicamos a la prostitución, porque la mayoría no tienen trabajo, porque no los aceptan”, agregó.

En el lugar encontramos a una muchacha travesti, nos acercamos para preguntarle y luego de explicarle nuestro objetivo se relajó pero sin decirnos su nombre. “Hoy no he hecho un peso, la cosa está dura, pero hay noches en las que me voy con 100 o 150 pesos cubanos. Y por supuesto que no tengo trabajo ni por el estado ni por los particulares porque somos una escoria para esta ciudad”.

Mi único trabajo es este. Malo o bueno siempre tengo algo que comer en la casa y todo gracias a esto”— dijo.

El sexo transaccional, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), predomina sobre todo en lugares con cierto grado de desarrollo económico y social. Es además una de las causas asociados al contagio de Infecciones de Trasmisión Sexual como el VIH-SIDA.

 

 

De acuerdo con la ONEI, al cierre del año 2018 vivían en Cuba 25 494 personas con VIH, de ellas 5048 eran mujeres y 20 446 hombres. La mayoría de estos hombres eran HSH, o sea, hombres que tienen sexo con otros hombres.

Yo he tenido varias enfermedades, desde gonorrea hasta sífilis y claro que tengo VIH, también me lo pegó un muchacho del cual me enamoré en este lugar hace muchos años atrás— cuenta Cruella— pero con el paso de los años me he dado cuenta que quien frecuenta este lugar no cree en el amor y yo me dejé llevar. Mala mía”.

Yo tengo el bicho”—dice con tono jocoso Lala, travesti emblemática de Cienfuegos—. “Niño por estas venas putas corre el VIH. Me lo pegó un cliente hace una pila de años. Yo estuve hasta presa y ahora tengo un trabajito limpiando pisos. No es la gran cosa porque gano nada más 250 pesos cubanos mensuales y tengo que salir a hacer las calles porque es la manera que tengo de subsistir”.

Todos los entrevistados reconocen haber tenido dificultades en los aspectos judicial y social. Esto, junto al contacto callejero con el cliente, los expone a un mayor riesgo de adquirir enfermedades. Sin duda alguna, las personas que realizan sexo transaccional en Cienfuegos, carecen, según cuentan, de un asesoramiento en temas de integración a la sociedad. También influye el hecho de que Cuba es un país marcadamente homofóbico, machista, y lleno de tabúes.

 

 

Al preguntarles por las tarifas, Lala reveló las suyas: “Por sexo oral son 50 pesos, por penetración nada más pueden ser de 100 a 150 pesos cubanos, eso depende del cliente, por penetración y sexo oral a la vez serían 10 CUC. Y si te encuentras con alguno que quiera ser penetrado, lo cual abunda bastante serían 200 pesos. A veces tenemos que bajar la parada porque nos apura el dinero”.

La travesti que no dijo su nombre dijo que ha tenido sexo por 50 pesos cubanos, lo que equivale aproximadamente a 2 USD.

Ella vivió un hecho desagradable a la hora de buscar trabajo. Cuenta que llegó a donde le dijeron había “una plaza vacante” y cuando el dueño del lugar la vio vestida de mujer le dijo que para trabajar ahí tenía que ir vestido de hombre, sino no obtendría el trabajo. “Si yo no me considero hombre, dime qué hago. Yo soy una mujer con todas las de la ley.

Dicen que hay una ley que nos apoya, pero en verdad yo no sé cuál es porque al final casi todas las travestis carecemos de empleos formales. Tenemos que sufrir el maltrato, el irrespeto y hasta la ignorancia de los dueños de los lugares porque nos ven como si fuéramos abortos de la naturaleza”.

El Artículo 42 de la actual Constitución de la República de Cuba, y el Artículo 3 del Código de Trabajo, de hecho, le reconocen derechos a las personas sexodiversas, pero al parecer los empleadores mantienen oídos sordos y ojos ciegos a estas cuestiones.

Yo soy hasta universitaria— dice Cruella— soy Licenciada en Economía y mírame, tengo que limpiar pisos porque soy travesti y para colmo tengo que aparentar por el día lo que no soy.

Aquí todas nos protegemos porque no queremos contagiar a nadie y mucho menos tener problemas con la justicia. Casi todas hemos vivido temporadas en la cárcel y créeme que un maricón no la pasa bien allí— dice Lala—. Allá adentro nos cogen para sus cosas. Tuve que estar muchas veces con un guardia para que me dejara pasar cosas a la celda que no se podían”.

Las chicas entrevistadas, seguirán “haciendo las calles” porque de eso viven y Cuba no les ofrece una verdadera oportunidad de integración social. Seguirán cargando con el peso de las enfermedades y las noches.

Cris
Álvarez
Escrito por Cris Álvarez