Tu cabello es también un símbolo de libertad
Las mujeres cambiamos nuestro estilo cuando enfrentamos crisis. Cada parte de nuestro cuerpo puede enunciar que dejamos el pasado detrás, pero el cabello nos revela tal y como somos
Tu cabello es también un símbolo de libertad
 

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Quizás reconocernos nos cueste mucho esfuerzo; pero por algo hay que empezar. Yo empecé por mis rizos.

Recuerdo que una vez leí que el cabello era una extensión del alma (aunque todo parece serlo). Pues yo, durante años, me propuse domar mi alma, apaciguarla, encerrarla, convertirla en algo que no era. Solo hace un año comencé a darle un poco de alas, no muchas. Las suficientes como para amar levemente el alboroto que significa tener mi pelo.

No hay nada erróneo en eso de que las crisis conllevan cambios y generan desarrollo. Los últimos meses de mi vida han sido de crisis: el silencio, la propuesta de divorcio, la cuarentena en Cuba, estar sola en una provincia que no te pertenece desde ningún ángulo, saber que la vida idílica que habías soñado se fue en un respiro, descubrir con asco que mi codependencia emocional

Muchas mujeres adoran modificar el estilo de sus cabellos, tal vez ninguna analice que generalmente lo hacen como muestra de que algo ha cambiado. Yo lo hice. Liberar mis rizos fue la antesala de lo que hoy vivo, de esta sensación de libertad y alivio que no requiere compresión externa. Me perdí y mis rizos me encontraron.

Inicialmente, manejar el caos que yo era me ensordecía. Pasé casi 30 días buscando razones a todo, analizando cada palabra (puedo ser así de intensa, me da por analizar todos los discursos, incluidos los de los que quiero). Solo los detalles empezaron a ganar fuerza y a enseñarme que estar conmigo era lo mejor que podía sucederme en este tiempo. Necesitaba conectarme conmigo misma.

Todo comenzó por el pelo y por “M”. Mi historia de sexting, esa que surgió así de la nada se llevaría un montón de mis miedos del momento y dejaría salir a la mujer que aprisioné durante el matrimonio. “M” veía una belleza en mis rizos, en su locura, que desconocía. Yo aceptaba que eran lindos, que eran indomables y por eso los semirecogía. Yo era la censora de mi propia aceptación. 

Entonces empecé a liberarlos, a dejarlos ser y dejarme ser.

Nada me importaba el calor asfixiante de esta Isla o que el pelo, traviesamente, se metiera en cada cosa: si comía algún dulce pues los rizos también querían y así con el agua y con todo. Lo peor era ir por la calle y que entre mascarilla y pelos revoloteando no pudiera ver, aunque esa realidad va a perseguirme durante buen tiempo. De cualquier manera, ellos libres valen la pena.

Cuando tenía 15 años quería tener el pelo lacio. La inconformidad de una mujer es tan visible en su pelo, es lo que más se puede modificar, al menos acá. En mi adolescencia me teñía, luego dejé de hacerlo porque los rituales de vanidad son agónicos para mi paciencia. Teñirse, maquillarse y arreglarse las uñas parecen ser el esquema de muchos para la “mujer perfecta” y esa perfección nunca me ha interesado. 

Luego de graduarme decidí hacerme una keratina. Habían regresado la idea del pelo lacio. Pero el proceso me pareció extenuante e innecesario. Al segundo día ya mis rizos se oponían a lo que les había impuesto. No pudieron aflorar, pero lo intentaron. Fue la primera y la última. Tardé más de un año en tener los rizos de hoy.

Muchos terapeutas consideran que un cambio de apariencia centrado, específicamente, en el cabello es una muestra de que abandonas el pasado. “Desatar” mis rizos implica eso, pero también aceptar que así soy y no hay razones para esconderlo. Él adquiere fuerza y yo también, aunque tenga que pasar 10 horas en una cola para shampoo. Nadie dijo que mantenerlo sería sencillo.

Coco Chanel decía que “cuando una mujer corta su cabello está por cambiar su vida” … y cuando lo suelta, lo libera, lo deja ondear, ¿qué está haciendo, entonces? Esa mujer está dejando que todo fluya con la gracia del viento, se está despojando de lo viejo para dejar entrar lo nuevo. Está siendo libre, aunque el mundo que la rodea no esté listo. Ella es quien único tiene que estarlo.