Un profeta llamado Raúl del Río: documental de Ariagna Fajardo
Uno de los parlamentos más importantes en boca del personaje Raúl es cuando dice: nadie es profeta en su tierra, pero yo lo soy en Uvero, el pueblo me sigue, el pueblo me acepta, me aplauden
Un profeta llamado Raúl del Río: documental de Ariagna Fajardo
 

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Ariagna Fajardo es una destacada documentalista, de las realizadoras jóvenes más talentosas del país. La Televisión Serrana ha marcado un punto de inflexión en su obra. Nacida de los talleres de creación de dicho espacio, ha demostrado con creces una obra profunda de marcado humanismo y de una introspección que nos conmueve.

La vida en versos es un documental muy interesante que sitúa su historia en Guamá, específicamente en Uvero. La vida de un hombre que dice haber nacido para el canto se convierte en personaje y en historia, para él: si algún día tendría que irme de Guamá me dolería mucho por su paisaje, que disfruto todos los días. El paisaje, la naturaleza, con sus bellísimas montañas y colorido constituyen el motor impulsor de la vida de este hombre, para quien la existencia misma consiste en cantar y escribir sus propias canciones.

Ariagna construye el discurso mediante la observación y la entrevista. Ambas beben de una incesante contemplación en la naturaleza del lugar. La fotografía de Carlos M. Rodríguez Fontela privilegia los planos generales y los primerísimos planos El dialogo que se establece entre el afuera y el personaje a la hora de la creación nos va dando una idea de lo expresado por él, sobre todo cuando dice: la naturaleza me la tengo que llevar, si un día me voy ilusoriamente me la llevaré conmigo.

Uno de los parlamentos más importantes en boca del personaje Raúl es cuando dice: nadie es profeta en su tierra, pero yo lo soy en Uvero, el pueblo me sigue, el pueblo me acepta, me aplauden. La sutileza es el signo que define a La vida en versos, este hombre humilde que vive para el canto y la composición de canciones patrióticas, evidencia una alienación en esa necesidad de reafirmación constante, y en un pasado lejano que sutilmente advertimos en algunos momentos de la entrevista, se reafirma como alguien imprescindible cuando dice: se canta y se baila sin mi presencia, pero se me recuerda.

La vida en versos pone el dedo en la llaga en un discurso intratextual signado por la soledad y la alienación, como componentes de la vida de este músico sin formación académica, que se realiza cantándole a los héroes, anónimos o no de la revolución, así como a la vida y a la naturaleza, a la belleza del paisaje que le rodea y que le brinda las posibilidades para componer sus canciones. En gran parte del metraje escuchamos la canción cuya letra pudiera definir la tesis del personaje: la vida hay que vivirla en todo el sentido de la palabra, mi amigo no tengas calma, disfruta de los placeres.

La realizadora enfatiza a través de la fotografía en un universo aparentemente idílico, solo que Raúl del Río de Lisle vive una vida enajenado a través de sus canciones y pareciera que detenido en un pasado que le hace sentir esa necesidad de reafirmarse patrióticamente a través de sus canciones.

La vida en versos es un interesante documental que no oculta la admiración del personaje por sus paisajes, más bien los exalta en una fotografía que privilegia con sus grandes planos generales la belleza en mayúsculas de Guamá y El Uvero.

Cine de profundo aliento humanista, discurso social, de historia personal, que nos muestra a un profeta de su tierra, a un hombre que se reafirma cada día en sus canciones, en su admiración a héroes y sobre todo a la vida.