Sin ir más lejos: la Cuba que desea Carlos Alberto Montaner

Cerca de los ochenta años, el escritor, político y periodista sigue pendiente de la actualidad cubana como si viviera aún en la isla que lo vio nacer. Así describió, en exclusiva con ADN Cuba, el país que desea para las nuevas generaciones
Carlos Alberto Montaner
 

Reproduce este artículo

“Persistan en oponerse al régimen y traten de forzarlo poco a poco, hasta que caiga”, ese fue el mensaje que envió el escritor, político y periodista Carlos Alberto Montaner a los jóvenes cubanos en entrevista concedida a ADN Cuba este 17 de diciembre.

Como recordatorio, el veterano intelectual del exilio recordó a las nuevas generaciones: “hay una condición básica para que ese régimen desaparezca, y es la convicción de que no ha funcionado. Hay que ser un retardado mental profundo para no darse cuenta que después de 60 años no hay manera de encontrarle una solución”.

Para probarlo, recordó que el progreso para Cuba sólo vendrá cuando caiga el vetusto sistema de la isla y lo sustituya una economía de mercado, regida por una democracia liberal.

Aunque el modelo no es idéntico, porque en algunos de esos países sobreviven regímenes autoritarios, mencionó los extraordinarios logros de Corea del Sur y Singapur, que encabezan las listas de PIB per cápita, inversiones, tecnología, y que partieron de condiciones aún más deplorables que la isla caribeña.

“Cuba puede hacer cosas como esas, que les devuelvan a los cubanos la ambición de tener una nación libre y desarrollada”, consideró.

El liderazgo necesario para emprender esas transformaciones tiene que establecer el entorno para que los propios cubanos se vuelquen a la creación de riqueza, en vez de dirigir la isla como un cuartel, o peor, como su finca, sostuvo Montaner.

En el plano político, y nadie que conozca la trayectoria pública de Montaner imaginaría otra cosa, esa economía de mercado debería ir acompañada de una democracia liberal, basada en elecciones libres y periódicas, tripartición de poderes, y donde funcione el respeto a los derechos humanos. “Es decir, lo que yo avizoro para Cuba es un destino similar al de los países más desarrollados y exitosos del mundo”.

El motivo de esta entrevista fue escuchar las opiniones de una de las figuras políticas más renombradas de la diáspora cubana, ya en el ocaso de su vida —nació el 3 de abril de 1943—, que ahora publica su autobiografía, “Sin ir más lejos/Without Going Further” (Debate, 2019), que en realidad es una especia de autorretrato intelectual y político.

Montaner cuenta su vida a partir de sus recuerdos, comenzando con un primer capítulo en el que narra la llegada a Cuba de sus antepasados catalanes y el inicio de su familia inmediata: abuelos, padres, tíos, primos y hermanos, un intrincado laberinto genealógico de mujeres solteronas y abogados vestidos de negro, pero también de capitanes del ejército mambí y poetas mujeriegos.

Los capítulos que siguen, a pesar de tener un cierto orden cronológico, no están escritos como los de una memoria, sino como los de una novela; pero con una importante diferencia: su trama es real.

Algunos de los ensayos ofrecen una idea del tema profundo de su libro:  La muerte de Franco, Comienza la transición, Surge la Unión Liberal Cubana, La Plataforma Democrática Cubana, América Latina nos ayuda, Mi fracaso político, Regreso a la ficción, y el último, Al final del camino de mi vida, escrito con serenidad y en un tono reflexivo, pero también con esa cierta urgencia que se atribuye a las despedidas.

Casi al final termina con un tono triste: “¿Algún lamento especial antes de partir? Sí, no haber visto una Cuba libre”. Solo para añadir enseguida: “Me habría gustado cerrar los ojos por última vez en la isla en que nací”.

Carlos Alberto Montaner Suris (La Habana, 1943) ha publicado unos 27 libros. Los últimos dos, antes de estas memorias, son las novelas Tiempo de canallas y Otra vez adiós, editada por Alfaguara (Santillana).

Algunos medios especializados han calculado en 6 000 000 el número personas que semanalmente leen sus columnas. Fue, hasta 2011, vicepresidente de la Internacional Liberal. ​En octubre de 2012 la revista Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica.