Un Comandante con la moral de vacaciones

Cuando el gobierno de Estados Unidos aprobó la Ley Helms-Burton, hacía más de cinco años que el pueblo cubano sobrevivía, a duras penas, la miseria del Periodo Especial, a diferencia de Fidel Castro, que como todo buen dictador comunista, se daba la vida que se le antojaba, algo que han sabido denunciar muchos de los que estuvieron cerca de él.

Apenas un año más tarde, el 28 de julio de 1997, la revista Forbes incluyó a Castro en su lista de los mandatarios más rico de mundo, pero como la transparencia fue algo que no formó parte de la vida del dictador caribeño, a más de uno le costó en aquel momento darle crédito a la publicación, sobre todo porque nunca se supo a ciencia cierta cuál era su salario, ni a cuánto ascendía su fortuna personal.

Para tener una idea al respecto bastaría con que se mencione su residencia conocida como Punto Cero, un conglomerado de fincas y unidades militares que supera las 50 hectáreas. Y si unos años después Fidel se atrevió a desmentir en la televisión nacional a la revista norteamericana, no pudo evitar que más tarde algunos de sus familiares comenzaran a protagonizar escándalos por derroche de ostentación, como el conocido caso de su hijo Antonio en Turquía, o el de su nieto Sandro, dueño el bar Fantaxy.

Si hay algo que nadie puede negar, es que Fidel Castro tenía a su disposición los recursos del país, más allá de aquelllo que en las calles se conocía como “las reservas del Comandante”. Esto se justificaba en una supuesta honestidad, y en la necesidad de saltarse la burocracia del país en función de resolver los problemas del pueblo.

Para que se entienda mejor, las reservas del Comandante era lo que le permitía a Castro llegar a un pueblo arrasado por un huracán y ordenar a su cuenta que se cubrieran las necesidades de los damnificados. Una historia muy bonita para los comunistas del mundo, pero un dolor de cabeza para las arcas del país.

 

Las reservas del Comandante se pueden rastrear hasta el mismísimo año 1959, cuando el gobierno creó la “cuenta de cheques de Fidel”, que primero funcionó en pesos y luego en dólares. Esta cuenta fue el precedente de aquella que creara Emilio Quesada Rey en 1970, más abarcadora, que incluía vehículos motorizados (que iban carros, camiones, tractores y máquinaria para la agricultura y la construcción), lo cual le permitió a Castro unos años después, por ejemplo, ser el padrino del contingente Blas Roca.

Pero las reservas del Comandante, organizadas bajo la dirección de Emilio Quesada, incluían también alimentos e insumos de todo tipo, bicicletas y hasta casas, recursos de los que el dictador disponía a su antojo, y que en muchos casos utilizó para premiar o estimular a sus colaboradores, y al pueblo, con el doble rasero de enaltecer su figura de líder paternalista, algo que pasaba a la vista de todos y que muy pocos fueron capaces de reprocharle, sobre todo porque él no era muy dado a aceptar ningún tipo de crítica.

Un ejemplo de esto fue mi primera bicicleta china, una Bicycle Forever que llegó a mí de la mano de mi abuela, en aquel entonces cocinera en la brigada 30 del contingente Blas Roca, en el municipio Güines.

Castro apareció de improvisto un día en su trabajo, a la hora del almuerzo, se sentó a comer junto a los contingentistas, y al parecer la sazón de la brigada 30 le agradó, o vaya usted a saber, pero lo cierto es que unas semanas después mi abuela recibió como regalo aquella bicicleta china.

La historia de Fidel en la Forbes se repitió en el 2003, cuando la revista le estimó una fortuna de 110 millones de dólares. Luego en el 2005, en una versión actualizada, la cifra alcanzó los 550 millones, para más tarde, el 4 de mayo del 2006, llegar a los 900. Fue entonces cuando Castro perdió la paciencia, y el día 15 de ese mismo mes, en una larga comparecencia televisiva, se atrevió a desmentir a la revista y de pasó lanzó un desafío en el cual incluyó al expresidente George Bush y a la CIA.

Búsquenme una cuenta, un dólar; si prueban que tengo un solo dólar renuncio a mi cargo y a las funciones que estoy desempeñando, ya no le harían falta ni planes, ni transiciones”.

¿Pero quién necesita una cuenta en el exterior cuando tiene toda la riqueza de un país en sus manos, y cuando es sostenido por el ejército con más gasto militar de América Latina?