Protesta en Cuba: Las enseñanzas del 14J

El miedo no basta para reprimir las ansias de libertad del ser humano. La cárcel es un callejón sin salida para los condenados, y también para quienes los condenan.
Protesta en Cuba el 14 de julio, en Los Palacios. Fotomontajes: ADN Cuba
 

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El 14 de julio de 2022 ocurrió una manifestación pacífica en el municipio Los Palacios, en Pinar del Río, tan solo tres días después de un enorme despliegue para evitar protestas por el aniversario del 11J. Ya sabemos, por testimonios que han sido compartidos en las redes sociales, los hechos más relevantes: un apagón de varias horas, la falta de alimentos y de otras necesidades básicas. El pueblo salió a demandar luz, pan y libertad. Se escuchaba alto y claro.

Ahora bien, como las redes sociales se han encargado de difundir los videos de ese acontecimiento, ahora serenamente, quisiera invitar a los lectores a meditar sobre las lecciones que podemos aprender de lo que ha sucedido en Pinar del Río, tres días después del primer aniversario de las manifestaciones del 11 de julio de 2021. Estas pudieran ser algunas de las moralejas:

  • Sin realizar los cambios que resuelvan las causas profundas y estructurales que han provocado las manifestaciones en las calles del 11J del 2021 y del 14J de 2022, no se podrán evitar las consecuencias. Es la ley de causa y efecto. El 14J en Pinar del Río lo demostró.
  • La represión, el acoso, las largas condenas de cárcel, los muertos, no han podido evitar que se repitan estas manifestaciones. Algunos analistas afirmaban que, después del escarmiento represivo ejecutado durante un año, así como después del amplio despliegue policial y civil del 10 y 11 de julio de este año para vigilar, controlar, amenazar y prevenir otra explosión social, era imposible que se repitieran las manifestaciones. No ocurrió donde vigilaban, ocurrió donde menos se esperaba. El 14J en Pinar del Río, lo desmintió.
  • Es mucho más significativo y audaz que ocurra una manifestación masiva después de las largas condenas de cárcel impuestas a los que participaron en aquel memorable 11J. El miedo no basta para represar las ansias de libertad de todo ser humano. La cárcel es un callejón sin salida para los condenados, y también para los que los condenan, porque a estos ya no les queda más alternativa que la violencia o el cambio. Nadie puede atajar la libertad que es constitutiva de la condición humana. Si se estira la liga, se parte. El 14J en Pinar del Río es otro reclamo explícito del cambio necesario.

Ir a la causa sistémica. Bajar a la raíz del sufrimiento del pueblo. Escuchar, comprender, atender, al clamor cada vez más alto y claro que pide libertad, “Patria y vida”. Esta es la necesidad y la propuesta.

La más elemental lógica humana, la más mínima prudencia política, el discernimiento más primario, recomienda cambiar las causas antes de volver a incrementar la violencia y la cárcel. El camino que merecemos todos los cubanos no es el de la represión, ni los vericuetos de la mentira que maquilla el rostro de la realidad poniendo patéticas máscaras a la verdad.

El camino que Cuba merece es una transición pacífica, ordenada, ágil y eficaz, en sus métodos y en sus resultados, para resolver con cambios estructurales lo que ha demostrado ser la causa de toda esta inestabilidad. Sin cambios no habrá estabilidad.

Es necesario repetirlo. No porque ya no sea patente que los cubanos deseamos la estabilidad, la paz, la libertad, la democracia y el progreso, sino porque es de tal magnitud la crisis y es tal la determinación de la ciudadanía, que lo más recomendable en la búsqueda del bien común es emprender el camino de los cambios hacia lo que Cuba merece.

Aprendamos las lecciones cívicas del 11J-2021 en toda Cuba y del 14J-2022 en Pinar del Río: iniciar los cambios pacíficamente, resolver las causas estructurales y sistémicas, y evitar a tiempo una escalada de la violencia que no conduce a ninguna parte.

El tiempo apremia. La paciencia se acaba. Cuba sufre. Hagámoslo ya, entre todos los cubanos.

 

Tomado del Centro de Estudios Convivencia

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.