La geopolítica, la soberanía y nuestro problema

Usar a las personas inocentes para dar un escarmiento, solo por manifestarse pacíficamente, es lesivo a la dignidad humana y a los derechos que le son inherentes
Usar a las personas inocentes para dar un escarmiento, solo por manifestarse pacíficamente, es lesivo a la dignidad humana y a los derechos que le son inherentes
 

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Una reciente y desacertada declaración del viceministro ruso que preside por su país las conversaciones con Estados Unidos sobre Ucrania, ha provocado estas consideraciones que, como opinión, comparto con ustedes.

La geopolítica

La geopolítica es “el estudio y las acciones que relacionan la ubicación geográfica de las naciones con la política y las relaciones internacionales”. En el mundo de hoy persisten zonas geográficas de influencia y hegemonía de unos países sobre otros. Ponemos algunos ejemplos: Ucrania, antigua república perteneciente al eje soviético sigue en el área de interés geopolítico de Rusia. De ahí la anexión por parte de Moscú de la península de Crimea, que pertenece a Ucrania y el conflicto entre Estados Unidos con Rusia por la voluntad y tendencia de Ucrania de pasar al área de influencia de la OTAN y el mundo occidental.

Kazajistán ha tenido manifestaciones del pueblo contra sus gobernantes y Rusia envió tropas “de paz” con el propósito de “estabilizar” el país, porque esta nación también perteneció en su tiempo a la URSS. Otro ejemplo de problemas basados en la geopolítica, más lejano en el tiempo, fue la presencia de misiles atómicos soviéticos en Cuba, lo que provocó uno de los más peligrosos conflictos internacionales en tiempos de la Guerra Fría en la década de los sesenta. La extinta URSS quería entonces romper el equilibrio geopolítico invadiendo la zona de influencia de los Estados Unidos que es el hemisferio occidental, usando a Cuba como trampolín.

Estos antecedentes nos permiten compartir una visión sobre lo que está ocurriendo ahora. En un “déjà vu” de la Guerra Fría o de la etapa colonial, Rusia ha sembrado, la semana que pasó, la posibilidad de enviar tropas a Cuba y Venezuela. Esta pésima declaración, nostálgica de la desaparecida era soviética, utiliza a estas dos naciones independientes, pero con regímenes afines a Rusia para amenazar o chantajear a los Estados Unidos en las negociaciones sobre Ucrania, un país de otro continente, pero ubicado en la zona hegemónica de la geopolítica rusa. La formulación implícita sería: si Estados Unidos se sigue metiendo con la OTAN en el diferendo de Ucrania, Rusia se meterá con sus tropas en el diferendo entre USA y Cuba-Venezuela. Es increíble, pero cierto.

La caduca mentalidad imperial que considera a otros países como “colonias de ultramar” y el uso de la fuerza militar, las declaraciones que la manifiestan, así como solo considerar la posibilidad de ejecutarla, son ilícitas, ilegítimas y éticamente inaceptables.

La soberanía  

Desde otro ángulo del problema, la soberanía es el “ejercicio de la autoridad en un cierto territorio. Esta autoridad recae en el pueblo, aunque la gente no realiza un ejercicio directo de la misma, sino que delega dicho poder en sus representantes. La Soberanía significa independencia, es decir, un poder con competencia total… en oposición al gobierno impuesto por otro pueblo o nación.”

Según esta definición ninguna nación o gobierno extranjero puede siquiera insinuar la ocupación de otro país por parte de sus tropas sin solicitud legítimamente aprobada por parte de los poderes democráticos del Estado que lo solicita y, muy importante, solo en casos extremos de genocidio, caos imparable por otros medios, violaciones extremas y sistemáticas de derechos humanos, etc. Por tanto, desde el punto de vista del ejercicio de la soberanía nacional cubana, la declaración de intenciones del gobierno ruso no solo es lamentable y equivocada, sino que es y debe ser condenable por parte del gobierno y sociedad civil cubanos. Es extemporal, extraterritorial y lesiva a la soberanía del pueblo cubano.

Nuestro problema

Dicho todo lo anterior, relativo a la geopolítica y al respeto a la soberanía nacional cubana, me gustaría subrayar que es urgente, justo y necesario, que los cubanos nos centremos en lo que es verdaderamente nuestro problema. El problema de Cuba no es fundamentalmente un asunto de relaciones internacionales. No nos dejemos distraer, ni confundir, con otro enemigo externo. El problema que debemos resolver de forma urgente los cubanos es de orden interno: entre el pueblo y los que ostentan totalitariamente el poder en nuestro país por más de 63 años, sin elecciones libres, competitivas y directas para elegir democráticamente a nuestros gobernantes, parlamentarios, gobernadores y alcaldes. Esto es el ejercicio de la soberanía ciudadana, base, fundamento y fuente de la soberanía nacional.

Cuando la soberanía ciudadana es usurpada por un régimen político excluyente, la soberanía nacional está como nunca en peligro real porque depende del criterio político, de la geopolítica y del bando ideológico de los que ostentan el poder. En efecto, si se trata de las relaciones con un país de ideología o sistema político y económico diferente, ese país es considerado siempre, con razón o sin ella, como una amenaza a la soberanía y la independencia nacional. Sin embargo, si quien amenaza públicamente con enviar tropas en una jugada de chantaje geopolítico es del mismo bando ideológico-político o simplemente brinda su apoyo, sin discernimiento alguno, a todo lo que hace el gobierno del país pequeño, entonces se entra en el juego de la puja geopolítica sin miramientos de la soberanía nacional, o se guarda silencio cómplice. Sea cual fuere el bando ideológico en discusión, esta actitud es ilegítima, ilícita y éticamente inaceptable.

Cuba se encuentra inmersa en lo que es su principal y verdadero problema: una crisis interna y sistémica que, como una hidra de mil cabezas, afecta gravemente la economía, la política, la cultura, la religión, la ética, las relaciones internacionales y lesiona gravemente la convivencia pacífica, la estabilidad de la región con la estampida masiva de los cubanos, y, sobre todo, hipoteca el futuro de la nación.

El problema que tenemos que resolver, ahora mismo, exclusivamente entre nosotros los cubanos, es esa crisis estructural de gobernabilidad y gobernanza. Es también escuchar la voz inconfundible y clara de nuestro pueblo expresada de manera masiva, y en todo el país, el pasado 11 de julio de 2021. Nuestro problema, el de todos los cubanos y no solo el de sus familias, es la detención, el enjuiciamiento y las altísimas, desproporcionadas e injustas condenas que están siendo ejecutadas contra los manifestantes pacíficos e indefensos que salieron a nuestras calles. Usar a las personas inocentes para dar un escarmiento, solo por manifestarse pacíficamente, es lesivo a la dignidad humana y a los derechos que le son inherentes. Ejecutar esta estrategia de forma selectiva y arbitraria, soltando a unos y condenando a otros que hicieron exactamente lo mismo, empeora la situación lesiva a la humanidad de todos.

Estos son nuestros problemas reales ahora mismo. Para el bien de Cuba y de su futuro debemos centrarnos en ellos. Debemos resolver de forma madura, pacífica y justa este conflicto entre cubanos. Más que una amenaza geopolítica nostálgica y colonialista, la verdadera amenaza sobre Cuba y su porvenir es que los cubanos sigamos por la vía de la violencia, de la represión y del atrincheramiento entre cubanos y no demostremos al mundo que somos capaces de resolver nuestros diferendos, entre nosotros mismos y de forma civilizada, pacífica y justa, sin fraudes, ni componendas, ni distracciones, sin tratar de echar fuera del país la culpa y la responsabilidad de lo que son claramente problemas nuestros.

Que ningún ruido real o provocado nos distraiga. Centrémonos en nuestros problemas y resolvámoslos ya entre nosotros. Los cubanos podemos.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

*Publicado originalmente en Convivencia.

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.