El Partido Comunista de Cuba contra Camila Acosta
Para la gente honesta, los que piensan diferente, los que no bajan la cabeza, inventaron un decreto, otro más, el Decreto-Ley 370, la Ley Azote contra la libertad de expresión
El Partido Comunista de Cuba contra Camila Acosta
 

La dictadura cubana no quiere a Camila Acosta. 

No la quiere viva ni muerta, ni allí adentro, ni afuera, porque Camila Acosta está “regulada”, la maldita palabra que inventaron para decir que alguien les pertenece, y que no es libre de montarse en un avión hacia ninguna parte. 

Regular a una persona es borrarle el mundo de un plumazo. Un plumazo autocrático, violento, absurdo y abusivo. Porque el poder es abusivo, y en Cuba el poder más absoluto lo tiene el partido comunista, el que dice ser cerebro y guía, y por regla transitiva todos los demás poderes dependen de él.

Nadie quiere a Camila en Cuba. Desde el general sin batallas al último policía a punto de morir por comerse las “eses”, pasando por Miguelón, el designado, y esos ministros barrigones que en su día fueron cuadros de la juventud y lo único que han demostrado es saber decir que sí a todo, y hablar de la continuidad y alabar la obra del demente que echó a perder a Cuba.

Así que esta es una pelea cubana de Camila Acosta contra los demonios. O el demonio absoluto que es el Partido Comunista de Cuba, que repudia y persigue todo lo que suene independiente, libre, personal.

Por eso el partido no quiere a Camila Acosta, periodista independiente y libre, que decidió no seguir más normas que la decencia y la verdad, no la quieren los que mandan en esa isla triste que viaja aceleradamente hacia un pasado remoto y agro alfarero, que pudiera ser siboney o taíno. Recolectores, cazadores y behiques, demasiados behiques para una sola aldea.

No ha bastado a sus perseguidores amargarle la vida a cada paso. El acoso los ha llevado a rastrear los sitios donde ha pretendido vivir rentada. Allá van y presionan, amenazan a quienes le han alquilado “una mínima pieza y no una pieza colosal”, que decía Nicolás Guillén cuando enumeraba las nuevas supuestas libertades del cubano en su poema “Tengo”. Pues que se enteren Nicolás y los demás, Camila es una cubana que no tiene, que no le dejan ni dormir al abrigo de un sitio que ella paga.

¿Es amor del partido o es que el partido odia a Camila y a todo el que piense distinto a lo que orienta? Ella decidió no pertenecer a ningún medio oficial, no plegarse a lo que orientan escondiendo la verdad. Camila se quitó de arriba todas las argucias y todos los temblores, no comulga con “no es oportuno decirlo”, ni con “le estamos dando armas al enemigo”, ni tampoco con “no creo que sea el momento”.

Ella cree que siempre es el momento mientras se diga la verdad. Confía en que lo único inoportuno es callar, esconder, edulcorar tanto la verdad que se transforme en mentira. Por eso no la dejan. La acusan y la acosan, la llevan recio, arrinconada contra las cuerdas sin un lugar en el mundo, porque: “Mi familia es procedente de la Isla de la Juventud, pero yo llevo muchísimos años rentada, incluso cuando trabajaba con el oficialismo y eso nunca fue un problema. Todo surgió a partir de que empezara a ejercer el periodismo independiente”.

Ahí está la clave de todo. El partido y los esbirros que le sirven, odian y desprecian a quien no se somete, a quien se quita de encima todo el entramado que los sostiene como los nuevos amos, los redentores, los dueños del destino de millones de seres que ellos dicen haber liberado.

Entonces comenzó un calvario que ella atraviesa con la frente muy alta. Para la gente honesta, los que piensan diferente, los que no bajan la cabeza, inventaron un decreto, otro más, el Decreto-Ley 370, la Ley Azote contra la libertad de expresión.

Desplazada, humillada, perseguida, Camila sigue honrando al periodismo, a pesar de que han lanzado contra ella todas las jaurías: “La Seguridad no permite a nadie que me alquile, aunque no hay ninguna Ley que ampare eso, recurren a esos planes macabros: intimidando a las personas que me rentan. Denuncio ese hostigamiento, que hace que viva huyendo, mudándome…”

La han detenido, la han multado, le han decomisado lo poco que lleva encima en este mundo que ella quiere mejor para todos. Pero parece que el partido no cree en lo mismo en lo que cree Camila. Todos no pueden ser felices. Lo serán, en la medida en la que el partido autorice, solamente a los fieles, a los que el partido designe. El partido se cree Dios en la tierra.

Ahora la han detenido nuevamente cuando estaba cerca de La Habana Vieja, en el Parque Central. Llegaron y la llevaron detenida. En la estación de policía, la interrogaron esperando que llegara el agente “Alejandro”, una bestia que se ha especializado en hostigar a las mujeres como buen macho alfa, ideológicamente confiable y revolucionariamente perturbado. Un animal que las aterroriza en un país que dice respetarlas, que proclama al mundo que “la cubana es la perla del Edén”.

No les bastó decomisarle 160 CUC y 19 mascarillas que decían “No al decreto 370”. Entonces intentaron humillarla haciendo lo peor que puede hacer un ser humano: “tuve que desnudarme ante dos primeras tenientes en la estación policial de Infanta”, dijo Camila en un corto video que logró subir a las redes sociales. Al final hicieron lo de siempre, la amenazaron con prisión: "Me dijeron que si no pagaba la multa del 370 me la iban a duplicar, y que, si continuaba con mi postura, podía ir a prisión".

¿Podrá el Partido Comunista de Cuba aplastar al ser humano que es Camila Acosta? ¿Le permitiremos que la doblegue, que la hunda, que la expulse de su tierra? Debemos hacer algo. El mundo ha de conocer las mentiras de esa dictadura que solamente quiere sombras chinescas, que lanza represores a la calle para acabar con los que piensan porque quiere que el pueblo no lo haga.

Camila Acosta es honrada y valiente. Necesita que las personas de bien de este mundo horrible piensen en ella, y hagan algo a su favor, algo que le abrigue, que le proteja ante la presión indecente de esa dictadura que no soporta la libertad del ser humano.

Hoy Camila Acosta somos tú y yo. Somos todos. Que no se sienta sola.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.