Un policlínico sin médicos ni jeringuillas

Marcia llegó a un policlínico de La Habana con su hijo asmático. Luego de una hora de espera, la doctora de guardia no había llegado. 

“Antes que nosotros había una anciana para inyectarse, pero no había agujas en la enfermería y debía hacer tiempo para que llegara el personal de esterilización, a ver si tenían agujas en el almacén”.

“Luego llegó Nidia, acompañando a su tío que es diabético. Necesitaba una inyección, pero cansados de esperar al poco rato se fueron”. Marcia se preguntó dónde estaban los cientos de galenos devueltos de Ecuador y Bolivia que allí no había al menos uno.

La cola de pacientes en el cuerpo de guardia creció. Ningún empleado del policlínico supo dar información del doctor que debía atenderlos. Melisa, oficinista de Aguas de La Habana, llegó con su madre Odelia recién operada del corazón.

“Mamá tiene que curarse la herida de la cirugía. También hacerse varios análisis. Pero en el laboratorio nos dijeron que no tenían reactivos, debemos regresar la próxima semana a ver si entraron. Tampoco en la enfermería tienen jeringuillas, ni algodón. La caminata resultó inútil”.

La auxiliar de limpieza estaba sentada en un banco; dijo estar cumpliendo su jornada laboral allí porque no había frazada de piso y no quería ausentarse del puesto de trabajo porque necesitaba la quincena completa, sin afectaciones de salario.

“Viene el fin de año y tengo que comprarle una muda de ropa a mi hija, además de los gastos de las fiestas navideñas, más el regalo de los maestros, que es otro hueco grande”.

Molesta por la tos creciente del hijo, Marcia preguntó a la enfermera por el médico. Le respondió que no se preocupara, que ya estaba en el policlínico. Un rato después su hijo vomitó sobre una jardinera, Marcia volvió a preguntar y la respuesta ahora fue: “debe estar cambiándose de ropa”.

En aquel momento llegó un auto patrullero con una joven que había sido víctima de una agresión sexual y buscaba un médico que emitiera un certificado. Los policías preguntaron por el médico de guardia y cuando escucharon de boca de los pacientes que los médicos estaban en Venezuela, pusieron malas caras. El que conducía el patrullero le dijo al otro policía:

“Dale, calienta esto”. Se quedó en el cuerpo de guardia con la muchacha, mientras su compañero subía al piso superior en busca del director. En cuestión de segundos apareció una doctora en la consulta. También aparecieron las jeringuillas, el algodón y las agujas. Los reactivos no, ya era mucho pedir.