La expulsión de "Facundo": (re)vivir el mismo cuento de siempre

El post que publicó Andy en Facebook es un gesto sincero y altruista. Pero ese llamado a la calma es un error que se ajusta al guión de quienes han llevado a cabo esta nueva treta para afectar al programa
Personaje de Facundo Cirrecto en el show Vivir del Cuento, de la Televisión cubana.
 

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Andy Vázquez, el actor que interpreta el personaje de Facundo en Vivir del Cuento, ha roto el silencio sobre su expulsión del programa. 

En un post publicado en su perfil de Facebook, Andy dice que “ya Facundo no estará más”. Sin entrar en detalles reconoce que fue expulsado y comenta que sus compañeros lo “defendieron a capa y espada sin lograr que quienes verdaderamente tienen la culpa cedieran y rectificaran que mi separación definitiva del programa era una completa injusticia”. 

Sobre los reclamos de una posición menos conformista, que muchos seguidores han hecho al colectivo de Vivir del cuento, pide que no ataquen a sus compañeros y aclara: 

“El día que me comunicaron la desagradable decisión, fui yo mismo el que les pidió que no dejaran de hacer el programa, porque no les pueden dar el gusto a los que quieren, hace mucho tiempo, que salga del aire el programa más popular de Cuba”.

En menos de 24 horas la publicación ya tiene más de nueve mil reacciones, dos mil comentarios y ha sido compartida similar número de veces. 



Por el trabajo de crítica que he hecho el colectivo de Vivir del cuento durante años y la dosis de valentía que ello implica, la mayoría de las personas debe suponer que sus miembros hicieron lo posible por defender la permanencia de Andy. Pero el problema no es la acción, sino el método. 

En un país como Cuba, donde los sindicatos no funcionan ni existe Estado de Derecho, la única defensa (más o menos) válida que queda es la opinión pública, aunque muchas veces creemos que dar a conocer estos casos solo traerá más problemas. 

Posiblemente eso pensó el colectivo del programa cuando comenzó esta situación con Andy y creyeron que, discutiendo a lo interno, resolverían el asunto. Ya hoy saben que no. Cuando están por medio cuestiones políticas, no hay tratamiento “a lo interno” que valga. Tal vez, al comienzo del problema, hubiera sido el mejor momento para hacer saber al público lo que estaba ocurriendo y quizá hoy, otro gallo cantaría. Quién sabe.

 

 

Lamentablemente, nada de esto es nuevo. Es la misma historia de miles de humoristas, periodistasmúsicos, profesores, estudiantes y todo aquel que con su postura pueda constituir un "mal ejemplo" para una sociedad que ha aprendido a tragar en silencio. El gobierno cubano y sus burócratas tienen experiencia en censurar, desarticular y buscar chivos expiatorios. Llevan décadas haciéndolo, por eso les funciona tan bien.

La técnica siempre es la misma: dividir, cargar el castigo sobre una persona para que esta asuma la pena, y pida a los otros que se queden tranquilos por tal de no dañarlos a ellos o al proyecto colectivo, y así, desde el silencio, ejecutar la maniobra sin muchas repercusiones.

El post que publicó Andy en Facebook es un gesto sincero y altruista de su parte. Pero ese llamado a la calma es un error que se ajusta al guion de quienes han llevado a cabo esta nueva treta para afectar al programa. 

Por una parte, lo sacan del juego y usan como chivo expiatorio, ponen su cabeza en la pica aleccionando al resto de sus compañeros y perjudican a Vivir del cuento, porque crean malestar en el colectivo, resienten la historia, ponen en vilo su carácter crítico por miedo a más represalias y así van matando el programa de a poco, hasta que dentro de un tiempo la gente pierda el interés y sea mucho más fácil hacerlo caer por su propio peso. Es un escenario de perder-perder por dondequiera que se mire, si se sigue la lógica que ellos proyectan. 

Por eso, la única opción (tal vez exitosa) sea plantarles cara. Eso es lo que mucha gente ha pedido: que los actores denuncien con fuerza públicamente la injusticia, para que no estén solos en esa pelea y puedan contar con el apoyo de las decenas de miles de personas que los van a respaldar. 

El público ha asimilado anteriormente la salida de otros personajes sin que se resienta la popularidad del programa. Pero esta vez es diferente. No solo por la centralidad del personaje de Facundo, sino porque es producto de un acto de prepotencia e injusticia que atenta contra una de las claves del éxito de Vivir del cuento: el humor como una de las pocas formas toleradas de crítica social que nos queda a los cubanos.

En este capítulo de la historia ya la suerte está echada. Pero queda definir cómo hacerle frente. De eso dependerá que en el futuro otros actores del elenco no vuelvan a vivir este cuento o que el programa tenga que hacer todavía más concesiones para poder subsistir, con lo cual, lo estarían matando… y de la mejor manera posible para los censores.

Escrito por José Raúl Gallego Ramos

Camagüey, 1986. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana y la Universidad de Guadalajara. Estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad Iberoamericana.