Fernando Rojas el Cheo Malanga de las redes cabalga de nuevo
Fernández Larrea hace un perfil de Fernando Rojas, viceministro de Cultura de Cuba, quien en las redes parece Cheo Malanga, ese que amenaza y guapea a todo el que ose llevarle la contraria
Fernando Rojas cuando acudió a "batirse a duelo" con uno de sus seguidores en redes sociales

El Cheo Malanga de las redes sociales tiene un nombre conocido: Fernando Rojas, eterno candidato a ascender de categoría y a salir de su cargo de viceministro de cultura.

No se puede estar quieto. La tranquilidad no forma parte de su carácter. Ahora Cheo Malanga ha sacado nuevamente su peligroso “matavacas”, el largo cuchillo que le acompaña siempre. La ciudad, el país, se derrumban, y él guapeando, lanzando jabs al aire, insultando al hombre invisible. 

Fernando Rojas, alias Cheo Malanga, no comprende que su tiempo acabó, que el mundo no es como lo orientan en las reuniones del partido, queda ahí en esos libros escritos de prisa sobre las luchas de los revolucionarios cubanos. Olvida que la violencia, aunque sea verbal, era solamente la paranoia de aquel gordito empercudido y desaseado que fue Fidel Castro cuando joven.

Es comprensible, porque Cuba ha querido siempre ser faro de América toda y más tarde, prepotencia médica. Fernando Malanga o Cheo Rojas creció en un ambiente donde para demostrar tu valía como revolucionario integrado al proceso, debías ser combativo, salirle al paso a actitudes contrarias, a opiniones tibias, a toda persona indecisa, aunque la indecisión fuera solamente timidez. A él le dijeron que había que cortar por lo sano, dar el paso al frente, y él lo cumple aunque en ese paso arrolle a un semejante.

El viceministro Malanga es un rottweiler de la revolución, un dóberman de la cultura socialista, un bulldog del Ministerio de Cultura. Lo mismo emplaza a cualquiera en la avenida de los presidentes, junto a un busto de Rubén Darío, que insulta -con esos insultos que también usa Mariela Castro- a todo el que considere enemigo. Y sus enemigos parecen ser casi todos, exceptuando a parte de su familia.

Ya citó a un rival a duelo bajo el sol de la patria casi a la hora en que mataron a Lola según la leyenda y la canción de Rafael Hernández. Nadie fue, porque el rival desafiado se dio cuenta de lo ridículos que lucirían dirimiendo a puño limpio una opinión. Pero Cheo sí estuvo allí, camisa roja, expresión hosca, con una pose de Bruce Lee después de la siesta. No importó la ausencia de contendiente, quedó constancia de su hombría y de que él cumple su palabra: “una foto publicada por el viceministro, a la espera de su contrincante, desató las burlas contra el funcionario, ridiculizado en numerosos memes”.

Sintiéndose conocido a nivel internacional, habitante más o menos famoso de Twitter, aborda temas polémicos solo por ver quién osa llevarle la contraria. Su gran cuchillo descansa -por ahora- junto a la computadora. Él vigila, camina atravesao, enseña sus zapaticos de dos tonos, mira por encima del hombro con un aguaje y una ruta que parecen aprendidas en la Jata de Guanabacoa. Es el guapo de guardia, el vigía. Pero no se ha enterado que ya se acabaron los guapos en Yateras.

Un sistema que alienta la gritería y la desfachatez. Una revolución que defienden mediante actos de repudio, escándalos, ofensas y barahúndas en encuentros internacionales o en la misma asamblea de las Naciones Unidas, huele mal. Huele a miedo, a no convencimiento, a chanchullo y vileza, a comida muy bajita de sal. Y si los que intentan defenderla lo hacen como si fueran chusmas de la más baja estofa, hay que dudar de su limpieza y de sus pretendidos logros.

Mas eso le resbala al viceministro. Él pide carné de identificación a cualquiera que se le atraviese en las redes sociales, porque “las redes son para los revolucionarios”. Lanza su guante, abofetea metafóricamente, y “llama 'cobarde anexionista' a uno de sus seguidores”.

Así descarga su frustración, su malestar por su carrera estancada, por ese traje de vice o segundón que parece asfixiarle. Por eso, al más puro estilo de Jekill and Hyde, se pone la armadura, y se viste de combatiente moderno, con su rostro más amenazador y su actitud de ciberclaria. Tal vez después duerma como los angelitos, quizás cierre los ojos pensándose guerrero del siglo XXI en su Sierra Maestra particular.

Fernando Rojas, viceministro de cultura de Cuba hace homenaje a la cultura troglodita. Es un fruto de la revo involución.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.