El Minsap insta a comer sano, ¿broma o subversión?
El doctor Durán instó a los cubanos recientemente a comer sano para estar en mejores condiciones de combatir el coronavirus y Fernández Larrea cuestiona si se trata de una broma del galeno o un acto de subversión

“Una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero”, dice la vieja frase que resume, muy certeramente, el abismo que existe entre lo que uno quiere y lo que realmente pudiera lograr, según las reglas del juego. Mi abuela siempre me lo soltaba y es una enseñanza que aún agradezco. El mundo no es lo que se desea o se necesita, sino lo que se puede.

Ahora mismo, con una isla hundida en el profundo pozo de una crisis que todos saben quiénes provocaron y que no podrán resolver, el Ministerio de Salud Pública (Minsap), por boca del doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología, pide un deseo como si el Partido Comunista y el Consejo de Estado fueran la lámpara de Aladino: que el cubano coma huevo, pescado azul, frutas y vegetales para enfrentar al coronavirus.

Vamos por partes o por provincias, o despacito sin cantar el tema de Luis Fonsi: ¿Huevos? ¿Frutas y vegetales? ¿Pescado azul? El único pescado azul que conocen los cubanos de esa isla rodeada de mar por todas partes es Dory, el despistado ejemplar del filme “Buscando a Dory”.

A no ser que sea una metáfora del buen doctor Durán, que no se ha enterado que las cosas en Cuba no duran, Durán, o que las únicas cosas duraderas son la terquedad, la roña, la envidia y la imbecilidad del partido dizque comunista, que se aferra a las viejas consignas huecas de siempre, que cuando uno termina de repetirlas tiene hasta hambre en la memoria.

Nunca he preguntado qué se hizo de aquella tan cacareada Flota Cubana de Pesca que hasta una revista tan bonita tenía. Y tampoco me explico qué daño hacen los pescadores de orilla y los otros que salen a flotar sin alejarse mucho de la plataforma insular, esa reja invisible, cuando intentan resolver por mano y anzuelo propios el problema del fósforo y las vitaminas que le faltan.

Ah, queridos dirigentes, público presente, cuando un cubano logra resolver y sacar del agua un peje menos grande que el que pescó Santiago, el protagonista de “El viejo y el mar”, viene otro ente azul, un policía, y se lo decomisa, sin que en algún artículo del Código Penal aparezca que comer animales con espina esté prohibido. ¿O temen que el pueblo use ese fósforo para darle candela al batallón de miserables que viven a su costa, con guayaberitas y carros, y meriendas, calvas insolentes, canas más insolentes aún, y viajes al extranjero?

¿Me pudiera decir el doctor Durán u otro, si en aquellas fértiles tierras que hollaron los buldóceres del Ejército Juvenil del Trabajo, por culpa de la obsesión del ignorante y prepotente comandante –“el delirante en jefe”- que acabó con maderas preciosas y árboles frutales han vuelto a parir algo más nutritivo que el marabú?

Que un organismo como el Ministerio de Salud Pública, que no hace nada si no se lo orientan los otros ministerios policiales, recomiende comer bien, balanceado y saludable para evitar una pandemia ¿no es algo subversivo? Es como mentar la soga en casa del ahorcado. Es una irresponsabilidad. Es una burla y una falta absoluta de respeto al ser humano.

Me viene a la mente enseguida aquel chiste del Papa que visita una zona muy pobre, y sorprendido por la extrema delgadez de los niños pregunta qué les pasa, y su secretario le informa que están así porque no comen. El Santo Padre se acerca a uno de ellos, le agarra con dureza una oreja y le dice regañón: “Tienes que comer, cabroncete”.

Para que el pueblo cubano vuelva a comer frutas, huevos y pescado, tendrían que suceder muchas cosas. En primer lugar, la urgente privatización de la producción, porque está demostrado que las tierras del pueblo no son de nadie, y por tanto a nadie le importan, ni nadie se responsabiliza. Ahí están los 15 quintales de piñas podridas que la burocracia no recogió a tiempo, por abulia y vagancia, de las tierras de un campesino.

Y en el tema del pescado azul, si no siguieran dando pollo por pescado y los policías decomisando lo poco que se agencian los ciudadanos, entonces habría que comerse a los policías. Esos sí tienen fósforo adentro, aunque de nada les sirva a sus cerebros azules.

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.