El regreso del Neanderthal
Miosotis, famosa veterinaria del paradero de Playa y descendiente de una familia protectora de animales, llama “genocidio” a lo que está sucediendo
Se han puesto de moda las trampas para gatos

Mediante el raciocinio y el consumo de carne, el Neanderthal consiguió colocarse en la cima de la cadena alimenticia. Millones de años después, los hombres modernos volvemos al mismo principio: una mezcla de salvajismo y racionalidad.

Como no existe en Cuba una ley que prohíba el maltrato animal, el ciudadano tiene rienda suelta para el abuso. “La pesca del gato” se ha extendido en los barrios de La Habana, como entretenimiento y sabe Dios con qué otros fines.

“Se han puesto de moda las trampas para gatos. Es sangriento; los animales pierden las patas delanteras y hay que correr a amputarlas. Son gente sin corazón. También envenenan o roban perros. Es triste”, cuenta Migdalia, de Santo Suarez, amante de los animales.

Miosotis, famosa veterinaria del paradero de Playa y descendiente de una familia protectora de animales, llama “genocidio” a lo que está sucediendo.

“Me han traído perros destrozados, arroyados por autos que no se detienen a auxiliar, o mutilados en peleas. Gatos con las mandíbulas deshechas por los anzuelos, o heridos por disparos con escopetas de perles. Yo aconsejo siempre que las mascotas deben estar a buen resguardo del amo. Los gatos se escapan de sus casas, es su costumbre; si se encuentran con los desalmados perecen”.

Miosotis aboga por una ley de protección animal, pero verdadera, que sancione el abuso “a esos miembros como nosotros del mundo animal, cuya falta de raciocinio los vuelve víctimas”.

“Se consiguió una ley para la veda de caza, de muchos animales en peligro de extinción, aunque los ricos se burlan de eso. Se consiguió humanizar el sacrificio de animales, pero en Cuba aún todavía no hay conciencia. No es que quiera promover la alimentación vegetariana, pero lo que sucede con los puercos el fin de año es sencillamente escandaloso”.


“Me han traído perros destrozados, arroyados por autos que no se detienen a auxiliar, o mutilados en peleas. Gatos con las mandíbulas deshechas por los anzuelos, o heridos por disparos con escopetas de perles. Yo aconsejo siempre que las mascotas deben estar a buen resguardo del amo. Los gatos se escapan de sus casas, es su costumbre; si se encuentran con los desalmados perecen”.

Miosotis aboga por una ley de protección animal, pero verdadera, que sancione el abuso “a esos miembros como nosotros del mundo animal, cuya falta de raciocinio los vuelve víctimas”.

“Se consiguió una ley para la veda de caza, de muchos animales en peligro de extinción, aunque los ricos se burlan de eso. Se consiguió humanizar el sacrificio de animales, pero en Cuba aún todavía no hay conciencia. No es que quiera promover la alimentación vegetariana, pero lo que sucede con los puercos el fin de año es sencillamente escandaloso”.

Miosotis define como “fiebre de la carne de puerco” lo que azota la isla cuando llega el fin de año.

“Un delirio. Ya están haciendo las listas para comprar la carne de cerdo, rebajada de precio, vendida por el estado. En cambio los particulares conciertan entre ellos subirle el precio, porque en diciembre la demanda se dispara. El consumo de cerdo en este mes es aterrador”.

“Tengo un vecino que está engordando una puerca. Va por cuatrocientas libras. La va a matar el 31 para vender una parte y la otra comerla. Vino el otro día a buscarme, para que la inyectara. Me espantó ver con el cariño que le hablaba. Le preguntaba: ‘¿tú eres la niña de la casa?’. Dice que el año próximo va a criar otra. Es un asesino en serie”.

Otra que llama ‘horror’ al tema de la carne de cerdo en fin de año es Miriam, vegetariana de toda la vida. Quien presume de excelente salud y ningún problema asociado al consumo de grasas y carnes.

“Diciembre es el mes de las puñaladas”, dice Miriam. “Hace poco pasé por una calle y un grupo de vecinos habían matado un puerco; cuando iban a pelarlo el animal se levantó y salió corriendo. Lo cogieron y lo remataron a puñaladas”.

“Y en la casa de al lado, unos jóvenes neandertales sin pizca de raciocinio, querían matar una lechona el 4 de diciembre y no sabían. Primero le dieron con un bate en la frente, para atontarla. Luego le dieron puñaladas buscando el corazón y la lechona no moría. Intentaron asfixiarla y fue en vano. Volvieron a pegarle con el bate en la cabeza muchas veces, inútil. Por último subieron a la azotea y desde allí la lanzaron contra el cemento, hasta que al fin murió”.