El huevo será la cena de fin de año para algunos cubanos

“Como van las cosas, creo que este 31 de diciembre tendremos que cenar huevos”, se lamenta Elia, residente en La Lisa, listera de una brigada de la construcción. Dice que este fin de año no tiene para comprar una pierna de puerco, que es lo tradicional, “ni siquiera para costillas. Ojalá que lleguen los huevos, porque mira la fecha del mes y aún no aparecen”.

Igual que Elia, otras amas de casas que no pueden comprar carne de cerdo, por el alto precio a que se cotiza, buscaron opciones para Noche Buena y Navidad y cenaron con pollo, “pero igual fue un gasto grande cuando se acompaña con bebidas”, expresa el esposo de Elia, Jaime, carpintero de un contingente de la construcción.

“Estamos lisos”, dice Jaime, “ahora para Navidad tiramos la casa por la ventana y nos quedamos lisos; estamos rezando porque entren los huevos, para asarlos”, bromea. “Estoy preparando psicológicamente a las niñas con una tal “tártara asturiana”, a base de muchos huevos con cebolla y ají, y también una pizza grande de Venecia, y una tortilla surtida mexicana, a ver si muerden el anzuelo y esos día lo pasamos bien”.

El 2019 se va marcado por aumento de precios. Muchas familias no pueden cubrir ni siquiera las necesidades básicas.

La clase gobernante, y la clase alta y media de la sociedad cubana, no tendrán apuros este fin de año, pero una gran parte del pueblo que sobrevive con salarios misérrimos se las verá grises. Los huevos de la cartilla de racionamiento, la famosa “libreta”, son la esperanza de los más pobres, como Hilda, una trabajadora jubilada, que los espera con ansias.

“Dicen por ahí que estaban haciendo una lista para el puerco barato del estado, que al final nunca llegó. Y creo que quieren hacer otra lista para los huevos. La gente está desesperada. Ya comenzaron a pernoctar en los alrededores de la carnicería”.

Fabio, maestro dulcero de la unidad Jaimanitas-Trenton, concuerda con ella en que después de Noche Buena y Navidad la gente se queda sin dinero. Luego viene el fin de año y si se tiene un fondo, hay que inventar. “No voy a coger lucha”, dice Fabio. “Si es huevo pues será huevo”.

En estas navidades, en muchas viviendas se ha visto a sus moradores asando pollos y puercos. El olor a asado se esparció por la calle, pero según expresa Alina, madre de dos hijas y empleada de la empresa de servicios comunales, ella también dependerá del huevo, porque no tiene recursos para comprar carne de cerdo.

“Si acaso compraré unas chuletas para la cena de fin de año, pero en Año Nuevo el olor que se esparcirá en mi casa, y estoy segura que por otras casas del barrio, será el aroma del huevo, en tortilla, frito, en revoltillo o hervido. Y que sea después lo que Dios quiera”.