A esperar de nuevo por la gelatina que mandan de Miami
El decomiso de una pequeña fábrica de gelatina en La Habana, hace reflexionar al economista Manuel Milanés sobre la persecución del régimen a los emprendedores: "El sistema cubano choca y vuelve a chocar con la misma piedra. Es incapaz de reconocer la iniciativa del ciudadano que quiere progresar"
Gelatina y policías cubanos
 

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Tu familia en Cuba tendrá que esperar de nuevo por la gelatina que le mandas desde Miami. La fábrica que había en Guanabacoa fue decomisada por la policía. Dice el noticiero de la televisión estatal que el hombre era un delincuente irresponsable con un negocio ilegal, donde había máquinas de dudosa procedencia y no se tomaban medidas sanitarias.

El hombre puso un negocio que el gobierno cubano no desarrolla. Buscó la materia prima donde pudo, porque el Estado no tiene una red mayorista real para proveer a empresarios. Creó, sin saberlo quizás, una fuente de empleo porque estableció una red de distribuidores para mover la mercancía y además le resolvió el problema al consumidor que no encuentra en las tiendas cubanas este producto.

Ahora el Estado lo acusa de no tomar medidas sanitarias. Sin embargo, el producto ha tenido éxito. El dinero que le han ocupado viene de ese negocio. Eso significa que la gente repite porque la calidad es buena y todos estaban complacidos. La maquinaria que usó fue armada, probablemente, con piezas ilegales. Pero es lógico porque el gobierno tampoco comercializa equipos como este. Así es que el cubano pone a prueba su inventiva y de manera original crea un equipo para producir gelatina. Pero el estado lo sigue culpando.

Este hecho recuerda a otro del pasado, cuando los particulares se apropiaron de las máquinas de “frozen” que el gobierno dejó tiradas por falta de piezas, y las pusieron a producir un helado riquísimo vendido a solo tres pesos cubanos. La gente lo pagaba feliz porque no había helado ni en Coppelia. La solución del Estado entonces, fue decomisar los equipos y ponerlos de nuevo en manos de sus empresas. Resultado final: al tiempo las máquinas volvieron a romperse, la calidad del helado bajó de diez a uno y la mayoría de los equipos desaparecieron o están tirados en algún almacén por falta de piezas.

El sistema cubano choca y vuelve a chocar con la misma piedra. Es incapaz de reconocer la iniciativa del ciudadano que quiere progresar. Lo ataca, lo aplasta, lo convierte en delincuente en su Noticiero Nacional. El gobierno no se preocupa por la causa del problema, ni por sus errores. Ha desarrollado una capacidad irrepetible para culpar a otros y evadir su responsabilidad.

El decomiso de la fábrica ilegal de gelatina afectó al dueño, porque este cubano tendrá que cumplir el castigo que le pongan. Pero después de eso volverá a inventar un negocio que probablemente tendrá éxito también. Tu familia y otras muchas serán los más perjudicados. Si quieren el producto ahora tendrán que comprarlo en las nuevas tiendas de Moneda Libremente Convertible (MLC), o esperar a que abran los vuelos para que alguien lo lleve del exterior.

¿Cómo pueden seguir pidiendo confianza en su gestión los funcionarios del régimen cubano? Solo podemos tener confianza en que cada día sus actos confirmarán la única solución a la vista: ¡Que se vayan ya!