La muerte de un burócrata: vino viejo en odres nuevos

Los organizadores del próximo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se han esforzado por mostrar novedades de todo tipo, entre ellas, algo así como un vino viejo en odres nuevos: una versión restaurada de La muerte de un burócrata, clásico del cine cubano, del realizador Tomás Gutiérrez Alea.

Junto al largometraje de 1966, la sección Clásico Restaurados exhibirá también El arte del Tabaco, documental del mismo realizador.

Estrenado durante la edición 76 del Festival Internacional de Cine de Venecia, esta “nueva” versión de La muerte de un burócrata fue reparada por el Icaic con la colaboración de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.


En su presentación en la ciudad acuática el investigador Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, señaló: “parece haber sido filmada hoy mismo y sitúa en el centro de atención a la burocracia, ese arte de convertir lo fácil en difícil por medio de lo inútil”.

Alea, recordó Castillo, “tenía la posibilidad y el ánimo de burlarse de la burocracia, de la que todos alguna que otra vez hemos sido víctimas. La viuda y el sobrino de aquel Miguel Ángel de los humildes, que muere en un accidente de trabajo, tropiezan con innumerables obstáculos hasta enfrentar al burócrata administrador del cementerio, negado a aceptar el cadáver sin una orden de exhumación”.

La 41 edición del Festival, a celebrarse en La Habana del 5 al 15 de diciembre, presentará más de 300 películas de 37 países. Del total de obras, 210 pertenecen a países del continente, liderados por Argentina y Brasil.

El Festival se inauguró el 3 de diciembre de 1979. Para la primera edición se convocaron más de 600 cineastas de América Latina. El premio entregado por el festival es el Gran Premio Coral, símbolo tomado de los arrecifes de coral que pueblan el Mar Caribe.