Cubana que trabajó para el Minint vive hoy en la miseria

Vive en una casa apuntalada, prácticamente sin muebles, con el techo destruido. El ciclón me tumbó la casa y me quedé con un pedacito, declaró
 

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Pastora López Almaguer, de 61 años, dedicó toda su vida al Ministerio del Interior de Cuba (Minint) y “a la Revolución”, como ella misma confiesa, pero actualmente vive en la miseria, olvidada por las autoridades cubanas.

Vive en una casa apuntalada, prácticamente sin muebles, con el techo destruido. “El ciclón me tumbó la casa y me quedé con un pedacito. Pero la gente que vivía aquí se iba para afuera. Y el día que se iban, la delegada me mandó a buscar para que yo pasara las cosas mías para acá. Yo no quería, yo lloré muchísimo ese día porque no quería mudarme para aquí”, dijo.

“Ella le dijo a los vecinos: ‘traigan las cosas de ella para aquí’. Obligado me trajeron mis cosas y aquí también se me cayó”, precisó.

Pastora sobrevive con una chequera de 200 pesos que se la gasta casi todo en medicinas, porque está operada de un pulmón. “No quiero que me den nada bueno, pero que me ayuden en algo. Me siento abandonada, yo no me merezco esto”, lamentó.

“Siempre me gustaba ofrecer lo mejor que yo tenía para la Revolución, hay personas que no han hecho nada por esto y viven bien”, recalcó.

Son muchas las personas de la tercera edad en Cuba que al llegar a la vejez, se sienten desamparadas y olvidadas por el gobierno al que dedicaron sus mejores años.

ADN Cuba informó en febrero de un coronel de Guardafronteras en Cuba que vive en la extrema pobreza. Este hombre fue durante 5 años asesor militar en la extinguida URSS, con más de una docena de medallas, misiones y reconocimientos.

A pesar de lo anterior, vive en una antigua oficina de la pesca en Casilda, Trinidad, "atestado de moscas, y ranas que duermen junto a él en su cama".

Este hombre no puede levantarse por su cuenta debido un accidente hace 7 meses. Su señora es quien se hace cargo de sus necesidades las 24 horas del día.

También apareció el caso de dos ancianas que trabajaron para la Policía desde los 17 años, que hoy mal viven casi sin poder comer, alimentándose de la misericordia de sus vecinos y familiares. 

Ambas han pedido ayuda al Estado, quien no les ha dado nada. Ninguna de las dos puede caminar bien: una tiene cáncer y la otra, asma y una operación de las caderas. No tienen dinero para comprar los medicamentos y no tienen a nadie a quién dirigirse. Se sienten abandonadas por el Estado cubano.