¿Cómo viven los cubanos reprimidos cerca de Playa Baracoa?

Yadira López Riera, madre de tres hijos y una de las víctimas de la represión, relató a ADN Cuba las condiciones en las que viven y por qué encararon al Minint para intentar migrar
 

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El enfrentamiento de decenas de cubanos residentes en una comunidad informal cercana a Playa Baracoa, en la occidental provincia de Artemisa, con fuerzas del Ministerio del Interior (Minint), ha sido noticia esta semana.

Los pobladores del Cepen, que encararon a las autoridades que antes impidieran una salida ilegal del país, fueron reprimidos con violencia por miembros de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y la Brigada Especial del Minint, tras intentar confiscar varias embarcaciones, algo a lo que se negó la comunidad.

Yadira López Riera, madre de tres hijos y una de las víctimas de la represión, relató a ADN Cuba las condiciones en las que viven y por qué buscaron salir de la isla.

“Como somos un asentamiento ilegal, hace un año fue que nos dieron la libreta de racionamiento provisional, por la situación con la pandemia, que nos la quitan en diciembre. Cada cuatro, cinco y hasta seis meses, el Estado nos vende un paquete de pollo y un pomo de aceite por la tienda. El resto del tiempo tenemos que comprarlos en el mercado negro”, asegura.

Según López Riera, la carne de pollo que les venden por la canasta familiar normada, apenas pesa dos libras, para ser repartidas, en su caso, entre cinco miembros de la familia. “En el mes lo que viene de proteína aquí son cinco huevos por persona, y yo que tengo una familia de cinco, cojo dos libras de pollo. A veces venden un picadillo que está ácido, no sirve. Además de cinco libras de arroz y el azúcar, que casi nunca viene completa”, explica.

La madre denuncia que la leche que le venden para los niños, “cuando llego a la casa está cortada. Todo tiene que ser comprado a sobreprecio”. Además, la dieta asignada a su hija enferma, debería ser “supuestamente 8 libras de carne al mes, pero nunca viene completa y la mayoría es pellejo”.

También afirma que los médicos del consultorio de la familia “nunca vienen aquí a trabajar en el terreno y mi niña está enferma, deberían visitar la comunidad”.

Según López Riera, siempre que lleva a su pequeña al policlínico del cercano municipio de Caimito, “no hay agujas, jeringuillas… no tienen nada, nos atienden muy mal. Y como somos un asentamiento ilegal, por cualquier cosa que nos quejamos nos dicen que nos mandarán de regreso a nuestro lugar de nacimiento”.

A raíz de los sucesos, el periodista independiente Alberto Arego, natural de Playa Baracoa, informó que se conoce como Cepen una antigua unidad militar junto a la playa El Salado, que fue ocupada por personas que migraron principalmente desde el oriente de Cuba.

Yadira López Riera es de Santiago de Cuba, y según cuenta a ADN Cuba, una de las líderes de la comunidad que se manifestaron y continúa detenida procede de la provincia de Granma. “La amenaza es que nos van a traer una rastra aquí para llevarnos para Santiago, pero no nos dan comida”, denunció.

“Como supuestamente somos un asentamiento ilegal no nos reconocen derechos, nos amenazan. Creo que quieren darle un ejemplo al pueblo de Artemisa con nosotros, porque no es la primera vez que el Cepen se tira para afuera y cerramos la calle para reclamar nuestros derechos. Nos manifestamos por hambre, por obligación”.

La precariedad en la que viven y la falta de reconocimiento de sus derechos, ha impulsado en las últimas semanas a varias familias del Cepen a intentar emigrar irregularmente a los Estados Unidos.

En un video que esta semana se ha hecho viral en redes sociales puede verse a uno de los pobladores encarar a varios oficiales cubanos de alto rango que se encontraban a cargo del operativo: “Si no nos quieren porque somos una comunidad ilegal, si no cabemos en este país porque nuestro salario no nos alcanza para comprar en las tiendas en divisas, si no hay petróleo para que las termoeléctricas funcionen, nosotros decidimos por nuestras vidas lo que nosotros queramos”.

Durante varios minutos, el vecino alegó ante las autoridades que frenaron el intento de emigrar: “No nos cuiden tanto, y permítannos la oportunidad de poder decidir por nuestras vidas. Nosotros no estamos yéndonos a robar nada a casa de nadie. Cuando se encuentra un artefacto [para navegar] hay [invertido en los botes] 15 000, 30 000 pesos de cada familia, unidos para podernos ir” de Cuba.

En medio de los aplausos de quienes le rodeaban, el cubano continuó con su alegato: “A fin de cuentas, ustedes ya no nos pueden cuidar porque ya no tienen cómo. No tenemos cómo ir a comprar un vaso de leche, porque es en divisa, no tenemos cómo comprarnos un par de zapatos porque es en divisas. Simplemente es mi sentir y pienso que es compatible con el de muchas personas aquí”.

Yadira López Riera es, precisamente, una de las personas que recientemente intentaron irse de la isla enfrentando los peligros del estrecho de la Florida.

“Lo más doloroso para mí es que hacía solamente tres o cuatro días el barco madre [de la Guardia Costera de EE. UU.] me había regresado a Cuba, y pienso, no sé, tengo en la mente que quizá [los policías cubanos] me hicieron eso como venganza porque fui una de las que me fui ilegal del país con mi familia, con mi marido y mis hermanos”.

Cuenta que ella se fue en “una embarcación rústica, criolla, que hicimos nosotros como pudimos, y nos cogieron a 9 millas de EE. UU. los guardacostas y nos regresaron para Cuba” a fines de la semana pasada.

Según López Riera, miembros del Ministerio del Interior los llevaron para Guanajay “obligados y engañándonos, diciéndonos que allí tenían el transporte para traernos hasta las casas de nosotros. Todo fue un engaño, una mentira. En Guanajay querían dejarme detenida, me amenazaron, y como si no fuera suficiente, al final nos sacaron para la calle y nos dijeron que teníamos que venir por nuestros propios medios, sin dinero”.

El lunes 29 de agosto “nos hicieron eso [las autoridades cubanas] y da la casualidad que me dan golpes a mí y le echan spray pimienta a mi mamá”.

Varios videos que se han vuelto virales en redes sociales muestran a efectivos de la Brigada Especial, conocidos como “boinas negras”, así como a otros agentes del Minint, cargando a golpes y con perros contra grupos de personas en una carretera cercana al Cepen y la playa El Salado.

Tras la represión del lunes, en la comunidad todavía se ve un número inusual de policías y agentes de civil. ADN Cuba publicó este miércoles testimonios de testigos y víctimas consternados por la arremetida de las fuerzas del Ministerio del Interior.

Fuentes de la comunidad dijeron a ADN Cuba que este jueves 1 de septiembre la policía “ha estado toda la mañana citando personas”, y que “los familiares de los detenidos de la represión están desesperados, no hay respuestas”.

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